Querido Escribidor:
Mi nombre es Ricardo, Ricardo Saba, tengo 32 años y te escribo este manifiesto desde la habitación 1504 de un hotel en Miraflores, Lima (Perú), porque dentro de siete horas mi vida cambiará para siempre.
Soy periodista, ojo, de campo. No como algunos colegas especialistas en aire acondicionado y telepronter. Bien por ellos, no es mi estilo.
Siempre hice periodismo de campo, coberturas en lugares complicados y cuando, en 2018, realicé mi curso de corresponsal de guerra, simplemente creí que era una actividad interesante.
Desde ese entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente. Principalmente las aguas del amor.
Lamentablemente el río se ha secado, ha sido represado y reconducido a otros valles, dejando a esta quebrada sin su rumor, sin el murmullo de los cantos rodados bajando al mar.
Durante mucho tiempo combatí esa represa, como si de un verdadero atentado ambiental se tratase.
Argumenté de todas las formas posibles la necesidad de permitir que el agua, por más escasa que fuese, corriera por el sendero natural.
A veces, el hombre tiene una firme obsesión por hacer que las cosas sean como quiere y no como son.
Yo estoy muy de acuerdo con modificar la realidad lo más que se puede con base en trabajo duro, honesto y dedicación.
Creo que ese esfuerzo es bueno, inspirador y nos lleva a crecer como seres y como especie; pero, creo firmemente que es importante, también, saber cuándo debemos reconocer que hay cosas que no podemos cambiar.
No sólo reconocerlo; sino, aceptarlo y vivir feliz con ello.
A veces pienso que las personas que impulsaron la represa de las aguas de su amor argumentaron a favor de la importancia de que haya más agua en algún otro lugar.
Me molesta bastante, ya que lo que no se dieron cuenta es que, en vez de buscar llevar ese río a otro valle, debían ayudar al río a no desperdiciar sus aguas en miedos.
Debieron apoyar a aquel pequeño río a nutrirse de los pequeños afluentes de la vida.
Afluentes como las alegrías, los viajes, las citas románticas, las tardes juntos, las idas al cine, las horas en la cocina, el tiempo siendo equipo.
Debieron promover la recepción de esos afluentes y no drenarlo con aquellas cosas que la alejaban de su esencia, de su don de fluir.
No hay río que soporte ser drenado por las dudas, por los miedos, por la ansiedad de un millón de futuros críticos, por futuros inciertos, por el catastrofismo, ¿qué río aguanta eso?
Y ahí llegan los promotores de la represa con su brillante salida para todos esos drenes… ¡cabrones!
Estoy hablando de ríos, represas, drenes y afluentes, porque esas fueron las palabras de Antonia.
– Ya no queda más para darnos, el río se secó, te agradezco por todo; pero, no hay más agua corriendo.
No pude dejar de pensar en que era una extraordinaria metáfora y que, en los años juntos, había adquirido ese talento, esa habilidad de construir metáforas para explicar mejor sus puntos.
Lamentablemente eso fue lo que, hace exactamente un mes y dieciocho días, Antonia me dijo en un café al que solíamos ir.
La verdad, no supe qué decir, volver a la casa, ver cómo sacaba la poca ropa que aún le quedaba en los que fueron sus cajones, fue una escena dolorosa.
Como dijo Sabina, sacó del espejo su vivo retrato.
Eso fue lo que sentí al cerrar la puerta, luego de acompañarla al hall del que fue nuestro edificio durante más de cuatro años.
Dios tiene particulares formas de hablar, no es precisamente un diplomático francés, es más un enigmatólogo ruso.
Una semana después que mi Toni se fue de casa, el círculo árabe-peruano abrió una convocatoria para realizar la cobertura del conflicto entre Israel e Irán.
El viaje sería a Doha (Qatar) para la cadena Al Jazeera, ellos asumirían todos los costos.
En la convocatoria señalaban que requerían comunicadores o periodistas con más de diez años de experiencia en campo. y… así es: acreditación de guerra.
¿No les pasa que, a veces, uno quiere encontrar algo, un papel, en medio de una ruma y el bendito papelito no aparece nunca?
Bueno, a mí me pasó lo opuesto.
Cuando, por curioso, fui a revisar la credencial de corresponsal de guerra en medio de una tonelada de papeles, esta pareció brillar en la noche.
Era el primer sobre, de la primera caja que abrí.
Entendí que era una señal, si ya no había más agua en mi río, si me iba tocar vivir en el desierto, ¿por qué no ir a un desierto de verdad?
Armé un CV, adjunté mis documentos y los envié al Círculo para que me tuvieran en consideración.
Una vez más, hay veces que las cosas fluyen demasiado, era como un nuevo río de fortuna que me quería llevar allá.
– Ricardo, buenas tardes, te saludamos de Al Jazeera LATAM para contarte que has sido admitido como nuevo corresponsal para Latinoamérica desde Doha, ¡felicidades!
No lo podía creer, en ese entonces pensé en el río seco, pensé en tantas cosas; pero, decidí no dinamitar la represa.
Si ese es su destino, que así sea. Dios estaba marcando mi destino en otras costas, en otros mares y, lo correcto era hacerle caso.
Así llegué aquí, hasta este hotel donde estoy descansando antes de tomar mi vuelo a Ámsterdam donde tendré una hermosa escala de nueve horas.
Luego de Schiphol tomaré un vuelo de unas seis horas a Doha, sede central de Al Jazeera y mi nuevo hogar.
Escribiendo estas líneas me he dado cuenta de que el tiempo pasa volando, comencé como a las once y ya es la una de la mañana.
En una hora estará la van que nos llevará al nuevo aeropuerto Jorge Chávez que, digan lo que digan los que se quejan todo el día de todo, es un aeropuerto bellísimo.
Cerca de las seis de la mañana despegaré y dejaré atrás muchas cosas, muchísimas, sobre todo a Antonia; pero, ya está, ¿no?
Escribidor, te he compartido esto porque espero que lo publiques como mi última reflexión o columna en la paz de mi hogar, de mi tierra.
Sé que los días se me van a complicar muchísimo desde allá. La distancia en kilómetros y husos horarios van a ser factores considerables.
Siempre leo tus relatos y, de alguna manera, consuelan mi corazón errático que busca algo de paz en la guerra.
Si necesitas algún dato de cómo van las cosas en medio oriente, no dudes en contactarme, te dejo mi número (-) y espero que todo te vaya bien.
Saludos.
Ricardo Saba
Corresponsal de Al Jazeera.
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4 respuestas
Me gustó mucho cómo conecta su pasión por el periodismo de campo con el desamor. La metáfora del río que se seca es muy buena y precisa para describir su pérdida: «no hay más agua».
Fer, la columna de esta semana fue bastante inusual y me dejó con una duda: ¿eres tú o no?
Ricardo Saba, si es que ese es su nombre, tiene un estilo similar al tuyo con algunas diferencias; usa la metáfora con fluidez y expone sus emociones con claridad, pero de nuevo, algo falta o sobra y no puedo explicar qué.
Espero que le vaya muy bien en Medio Oriente.
Le pondré a este relato un 10/10 porque sí logró tocarme como los tuyos normalmente lo hacen, pero de nuevo, algo falta o sobra. Muy bien escrito.
Me gustó mucho el uso de la metáfora y me dejó con ganas de la segunda parte. Espero con ansias!
Que buenísima metáfora del rio, realmente espero que pueda vivir nuevas aventuras!