MOSCAS EN LA CASA

MOSCAS EN LA CASA

Estoy convencido que tengo un invasor. Hay indicios de que en este lugar ya no estoy solo… ya no hay moscas en la casa.

Tuve ligeras sospechas; pero, cada día más es más difícil ocultar lo evidente: hay moros en la costa.

Esa expresión siempre me causó gracia. La llegada de los moros fue paulatina; primero uno, luego dos, luego tres.

Cuando los ibéricos quisieron reaccionar, prácticamente eran un califato.

Siento que me estoy dando cuenta a tiempo de que las cosas están cambiando en el pequeño departamento que ocupo hace cinco años.

Soy un hombre de costumbres y hábitos sencillos.

Cuando de mi casa se refiere, no aspiro a grandes cosas o complejas.

Paredes de un solo color, por favor: gris oscuro o blanco.

Si se puede, pinturas -óleos, acuarelas- en las paredes y las cosas en un lugar que yo identifique con facilidad.

Mi estatus no varió desde diciembre de 2020 hasta el concierto de Bad Bunny que brindó para cerrar su residencia en el Choliseo.

Ese día mi casa adquirió un particular perfume que aún no se va.

Aparecieron, de la nada, marcas de una cohabitación a la que no me encuentro particularmente acostumbrado.

Es raro: hay una persona que está y no está en esta casa.

El primer indicio fue el aromático, esos perfumes florales y a chocolate se convirtieron en la primera señal.

Lo siguiente fueron los hilos de fibra de carbono que empezaron a aparecer en el suelo de mi casa, en el lavamanos, en la ducha.

Era carbono puro, de la más alta calidad. Nunca vi unos hilos tan oscuros.

Cuando empecé a encontrarlos, creí que eran lágrimas escurridas de las noches en que perdí la esperanza de volver a ver el sol.

El aroma, los filamentos, era raro, muy raro todo lo que venía sucediendo en aquel departamento de 30 metros cuadrados.

Conocía cada centímetro de aquel espacio que me acogió en un arrebato de ‘independencia’ post adolescente y las cosas no estaban en su lugar.

Bueno, no estaban en mi lugar y mucha de mi basura, de mi acumulada basura, iba desapareciendo sistemáticamente.

Me gustaba el olor, iba recopilando los hilos y, no puedo negar, que el nuevo orden de mi departamento también era algo de mi agrado.

No me atrevía a investigar a fondo qué estaba cambiando en mí o en el departamento para ver esos efectos; pero, ahí estaban.

Quise atribuirle todo a un fantasma. Un espíritu que, apiadándose de mí, estaba moviendo una que otra cosa en casa.

Esta hipótesis, mística y complaciente, se sostuvo hasta ayer cuando me encontraba atendiendo necesidades fisiológicas.

Debo confesar que tengo la patológica necesidad de siempre comprar el paquete más grande de rollos de papel higiénico.

Normalmente no bajo de un paquete de 40 rollos.

Al llegar a casa, usualmente saco todos los rollos y los coloco en dos repisas en mi baño, formando una pirámide.

Esa pirámide me recuerda cuánto papel hay; cuándo hay que comprar más papel y que, si estuviera en algún museo con un cartel rimbombante, quizá esté haciendo mis deposiciones frente a una millonaria escultura.

Ayer, mientras atendía el llamado de la naturaleza, me percaté que mi pirámide estaba sufriendo un desgaste prematuro.

Sé mucho de fantasmas y, ¡sé que ninguno va al baño!

La única manera de explicar aquel descenso en la tasa de rollos por semana, fue la presencia de un segundo organismo celular complejo.

Necesitaba saber qué era lo que ocurría; así que, en un pisapapeles sobre uno de mis libreros, dejé una cámara.

Quería conocer el rostro de aquel segundo ser y entender cómo entraba a mi casa; pero, sobre todo quería saber por qué.

Dejé que grabe todo un día y, lo que vi, me dejó descolocado.

Cerca de las seis de la mañana, una señorita salía de mi habitación e ingresaba al baño.

Al terminar, preparaba dos tazas de cereal con yogur y entraba mi cuarto.

Cerca de media hora después, salía del cuarto a lavar las tazas y darme un duchazo para ir a trabajar.

No entendía bien lo que estaba viendo en aquel video.

Mi nombre es Santiago y mi vida es completamente nocturna.

Escribo estas líneas cerca de las cuatro de la mañana, hora en la que me acostaré; pero, a la vez será la hora en la que despertaré junto a ella.

Es extraño, me gusta mucho la chica del video; pero, no la reconozco, no he tenido contacto con ella antes, no que yo recuerde.

Ver a esta perfecta desconocida atender cuestiones de mi casa, de mi pequeña cueva de lobo solitario, me sorprendió.

Era tan delicada y cuidadosa. Transmitía amor y cuidado en cada movimiento.

Encima de todo, claramente se la veía alegre de estar ahí… ¡ni yo estoy alegre de estar aquí; pero ella sí!

Cerca del mediodía volvía a aparecer en la escena para encontrarme con la señorita en cuestión y salir a almorzar.

Siempre volvíamos a la media hora e ingresábamos al cuarto a hacer la digestión.

Lo calculo por los veinticinco a cuarenta y cinco minutos que nos tomaba salir, acomodándonos la ropa, nuevamente a la sala.

Lo que vi en aquel monitor era la vida que siempre soñé.

Hay algo que no me cuadra en todo esto, ¿qué es la realidad? ¿cuál es el sueño?

¿Existe una realidad donde me levanto todos los días al lado de la mujer que amo y su impacto ha dado orden y sentido a mi vida?

¿Existe, también, una realidad donde soy un lobo solitario que vive en una madriguera oscura y desordenada?

Un lobo que no está acostumbrado a ser tratado bonito y que, ahora, tiene que lidiar con que su papel higiénico se acabe más rápido.

Lo peor no son los filamentos, los aromas o el papel higiénico; lo peor de todo es que no recuerdo nada de esa felicidad que figura en el video.

No sé si el video es un sueño, o si estoy soñando que sueño el video que en verdad es la realidad anhelada (soñada).

Ya no sé qué es real.

Quizá sólo es real que se me está acabando el papel higiénico más rápido y que fui y seré un lobo solitario… quizá no.

Es posible que esta noche me vuelva a acostar y soñar con aquella vida feliz, o que aquel feliz infeliz despierte de la pesadilla de ser yo.

4 respuestas

  1. Fernando, esta es tu columna más filosófica a la fecha y definitivamente una de mis favoritas.
    Este protagonista no se cree que es feliz junto a una mujer!!!
    Qué tal cachetadón de realidad que es para él el tener a una chica alegrando su existencia!!!
    ¿Es un ex niño emo de la década pasada?
    Tu relato deja más preguntas que respuestas y quiero una segunda parte.
    Felicitaciones!

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