Mi nombre es Mauricio y en algunas semanas estaré muerto. No siento pena ni miedo, es más, mi diagnóstico fue el inicio de unos días más que lindos para mí.
Mi madre está nerviosa, mi padre ya lloró lo suficiente, mi hermana se hace la fuerte; pero sé que está jodida.
Lo siento, soy un ser muy particular y no puedo dejar de sentir que este es el viaje más loco de mi vida, ¿existe algo parecido? Creo que no.
Una cosa curiosa es el cuidado que ha puesto mi abuela en mí.
Si bien mi abue siempre ha sido muy atenta; desde que mi nombre se asoció con la palabra cáncer, sus cuidados y atenciones sólo aumentaron.
Es más, tengo un tío muy fregado que no puede evitar comentar que estos son mis últimos días sobre la tierra y mi abue, su madre, suele reprenderlo en silencio, no vaya a ser que yo escuche.
Mi diagnóstico es simple: cáncer. El tiempo ha hecho que no sea en un único lugar; sino en dos, prefiero no decir dónde está el segundo para no molestar la comida de nadie.
El punto es que sí, es incómodo, es doloroso; pero, está siendo una experiencia interesante por los cuidados y el amor.
Como mucho mejor que nunca, duermo donde me da la gana, nadie me riñe ni me llama la atención y encima me hablan bonito y me dan cariño.
Soy bastante joven, no puedo decir que he tenido demasiado tiempo como para reflexionar sobre la muerte y la trascendencia en la vida.
Sé que me voy a morir y no me quita el sueño.
Creo que la mayor parte del dolor de morir es ese potencial que la gente encuentra en su historia venidera.
Podría haber hecho esto, esto o aquello, podría haber viajado a aquí o a allá, todo un universo de posibilidades abiertas para esa vida que se está extinguiendo.
Señores, no existe el mañana, todo ese potencial es más un ejercicio de tortura filosófico que real.
Ahí empieza esa venosa raíz del dolor, en esos anhelos de cosas que no pasarán y que, o aceptamos o enfrentamos; pero, que igual no pasarán.
Somos quienes somos y tenemos la vida que hemos construido.
Sería lindo que todos pudiésemos alcanzar la mejor versión de nosotros; pero, a lo hecho, pecho, toca seguir adelante con las decisiones tomadas a lo largo de la vida.
Dicho esto, yo estoy feliz con la vida que tuve. Viajé, conocí ciudad, campo, conocí el dolor del abandono y la alegría de formar una familia.
Moriré siendo parte de una familia grandototota y sé que me recordarán por mucho tiempo.
Me detengo a pensar si esa no es la mejor manera de morirse.
Digo, partir de este mundo rodeado por tus seres queridos es la mejor propuesta de muerte que me hayan podido hacer y recontra acepto.
Si cuando llegue ese instante tengo a mis papás, a mi hermana, a mis primas a mi lado, será la mejor partida que pueda tener.
La mejor para mí y la mejor para cualquiera.
Nunca entendí a aquellas personas que celebran y anhelan una muerte inesperada, inusitada, silente… ¿todo bien en la azotea?
No me puedo imaginar una manera más dolorosa y egoísta de partir que aquella violenta o silente.
Imagina no poder despedirte de nadie, no poder pedir perdón ni que se disculpen contigo.
Aquellos que argumentan por el sueño eterno o el infarto fulminante, ¿sabes cómo dejas a todos atrás?, ¿has pensado un poquito en ellos?
Creo que no, definitivamente las personas que anhelan una simple desconexión, no sé cuán conectados han vivido verdaderamente en este mundo.
Hay un detalle, no menor, en una muerte como la mía: hay un precio a pagar.
Poder tener estos días con mi familia, comiendo lo que quiero, durmiendo las horas que quiero sin que me digan nada lo pago con dolor.
Son semanas que vivo con un dolor que sólo sabe aumentar, ni por error va en sentido contrario.
La medicina todavía me aguanta y es soportable; pero, es jodido el dolor en el abdomen, en otras partes del cuerpo.
Tengo una prima que es la más perceptiva de todas y es quien se da cuenta de mi dolor.
Yo no me quejo, entiendo que ese dolor es el precio de una larga despedida y de poder disfrutar estos días; pero, duele.
Ella lo sabe y trata de pasar el mayor tiempo posible conmigo.
Es raro; pero, del raro bueno y que te roba una sonrisa.
Mi prima y yo no nos llevábamos del todo bien, es más, creo que le caía mal; pero, cuando se dio cuenta de lo que estaba atravesando, simplemente cambió por completo y me acogió.
En verdad gracias, siento tu cariño y tu cuidado y es lindo.
Así van los últimos días de Mauricio -o sea: de yo, je,je,je- unos días lindos, dolorosos; pero, muy bien acompañados.
Al final de los finales, con lo que nos quedamos, lo que podremos llevar en nuestra alma es ese amor que nos den y que entreguemos.
Toca, pues, aprovechar estos últimos días para tanquearnos del amor de todos mis seres queridos y dejarles todo mi amor.
¿Cómo para que me llevaría mi amor?, ese que se quede y, ¿para que se quedarán con su amor?, ese que me lo den.
Lo único que no me gustaría es que, después de mi partida, alguien intente llorarme o decir cosas que no me pudo decir en este tiempo.
Dios me ha dado esta chance de sufrir y de despedirme, ha sido muy generoso, si alguien no quiere aprovecharla, espero que se le caigan los dientes si me lloran tarde.
Creo que no hay nada más idiota que llorar por lo que no se le dijo a alguien en vida: ¡ahí está la vida!
La única cura para esos llantos tardíos es recordar que el tiempo pasa y que nadie tiene la vida comprada. Asu, qué sabio me puse.
Vayan a disculparse, a quererse y a reconectarse, la vida es breve.
Los quiero siempre,
Mauricio.
4 respuestas
Me has hecho llorar pensando en mi papá y que a él le faltó tiempo para despedirse.
Muy profundo tu relato 🫶
Dicho asi como esta escrito, parece ser fácil asumir que nos queda poco tiempo de vida y la fuerza para vivirlo plenamente. Todos sabemos que nacemos para vivir y morir. La verdad no se comoo reaccionaria si me dicen: te quedan ……… días para vivir.
Fernando, este comentario viene como 5 meses retrasado, perdona porque sé que te encanta leer como te gileo… digo, cada comentario que te dejo en tus columnas. 🤣🤣🤣🤣🤣
La despedida de Mauricio retrata de manera brillante cómo debe sonar un adiós, con harta valentía. Dios no lo quiera, todos padeceremos para partir, algunos renegarán de la idea aferrandose a lo pasajero de la vida, pero ruego a Dios tener la valentía de Mauricio para afrontar cuando me toque.
Excelentemente bien escrita!!!
Adiós Mauricio…