(El siguiente es un relato basado en lo vivido por una persona que tengo el gusto de conocer y cuyo dolor pude compartir en estos días, fuerza Karen)
La última vez que Karen vio a Marvin, él acababa de bajar del bote que los rescató del naufragio para que ella pudiera seguir el viaje a Bolognesi.
Con una sonrisa en el rostro, Marvin intentó calmar a Karen, que tenía un corte profundo en el pie izquierdo, producto del naufragio que llevó a las aguas del Ucayali a más de 120 personas.
– Nos vemos pronto, mi amor -dijo Marvin- subo al siguiente bote, nos vemos allá. Te amo, mi Chuly.
Las palabras de Marvin resonaron como un eco tortuoso al escuchar que aquella madrugada no hubo un naufragio, sino dos. Cuando le dijeron a Chuly (nombre cariñoso con el que su familia llamaba a Karen) que Marvin estaba muerto, simplemente no pudo creerlo.
¿Cómo podía aceptar que estaba muerto su ángel de la guarda, su compañero, su todo?
«Lo acabo de dejar en una canoa, no es posible que esté muerto», se repetía una y otra vez hasta que el cuerpo de Marvin fue conducido hasta su presencia.
«No es él», pensó con justa razón. Marvin estaba irreconocible. Ya no era ese padre amoroso, ese marido atento; su piel cianótica y los ríos de sangre que salían por sus ojos, nariz y orejas lo hacían parecer más un personaje de terror que el amor de su vida.
¿Cómo podría aceptar todo eso? ¿Cómo podía ser verdad?
Amanecía aquel fatídico miércoles y Karen miraba los más de 25 puntos de sutura que tenía en el pie en un silencio sepulcral. Era miércoles y ayer había cumplido 39 años, se había subido a un bote y dejó todo atrás junto a su amor.
Era miércoles, y el sábado, hacía tan solo cuatro días, Marvin organizó junto a la familia de Chuly una fiesta con mariachis antes de regresar a Bolognesi. «Ahora sentimos esa fiesta como una despedida», comenta un familiar mientras esperan que lleguen Marvin y Karen a la base de la Fuerza Aérea.
La fiesta fue una oda a la vida con comida, baile y muchísima alegría. Chuly y Marvin se habían mudado a Bolognesi a principios de año porque él había conseguido ser nombrado como profesor de educación física en esa pequeña villa amazónica, y habían regresado por unas cortas vacaciones.
Llegaron para estar con la familia, para compartir las nuevas aventuras en la lejana Bolognesi, para contarles que Chuly se había animado a estudiar la carrera técnica de contabilidad en el mismo Bolognesi y que querían empezar a vender refrescos en el pueblo.
Llegaron para confirmar que en enero se casaban y que había que empezar a prepararlo todo para esa fecha; llegaron para que Marvin les diera un beso a sus hijas y les recordara que pasarían Navidad juntos.
Volvieron para recargar energías, recoger algunas cosas y volver a seguir construyendo una vida juntos, la vida que Chuly y Marvin siempre soñaron y poco a poco iban materializando.
Inicialmente, Chuly y Marvin debieron salir la tarde del lunes en la embarcación de Transportes CR-II; embarcación que, según el manifiesto presentado antes de partir, contaba con una capacidad de 50 pasajeros.
– Amorcito, está demasiado lleno -dijo Karen- veamos mañana si no podemos ir.
– No puede pasar de mañana, amor, voy a perder dos días en la escuela -replicó Marvin mientras regresaban a casa.
El martes la historia no fue diferente. La embarcación, que contaba con un manifiesto oficial de 48 personas, llevaba a bordo a más de 120 almas, sus equipajes y otras cargas.
Contra toda norma técnica, ética y moral, la empresa Transportes CR-II lanzó a la aventura a los 120 desdichados la tarde del martes. Eran las dos de la tarde cuando partieron y surcaron el Ucayali a contracorriente. Algo en Chuly la inquietaba, simplemente no hallaba paz.
– ¿Sientes eso? -preguntó Karen a Marvin- está raspando la panza del bote.
En efecto, Karen no fue la única persona que notó que, debido a la sobrecarga de la embarcación y a lo bajo del nivel del Ucayali, la nave venía rozando el fondo del río. Nada los detuvo en su avance, a pesar de no contar con lo necesario, la embarcación siguió su rumbo toda la noche.
Cerca de la 1:15 de la mañana del miércoles se empezó a sentir la palizada en el casco. «Palizada» es el término que se emplea para los fragmentos de madera y otros restos que ocasionalmente uno encuentra en el agua y que golpean la embarcación.
El ruido generó mucha incomodidad en los pasajeros, quienes se despertaron y empezaron a notar la presencia de troncos. Uno en particular llamó la atención de los pasajeros que se convirtieron en testigos de una tragedia anunciada.
– ¡Tronco! ¡Tronco! -gritaron los pasajeros.
El motorista intentó acciones evasivas, pero, debido al peso de la embarcación y las condiciones del río, no pudo evitar el obstáculo. Era la 1:30 de la mañana cuando Transportes CR-II montó el tronco, elevando la embarcación y haciendo que empezara a hundirse por la popa.
Estaban a media hora de Bolognesi, a punto de llegar a su destino.
Karen sintió un fuerte dolor y gritó. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que su pie se encontraba atrapado entre unos fierros retorcidos del barco que se estaba hundiendo.
– ¡Vamos, mi amor! ¡Ven! ¡Vamos! ¡Ven conmigo! -escuchó Karen.
Era Marvin, que se había despertado en medio del alboroto y había logrado salir sin mayores problemas de la embarcación. Se asomó donde Karen, su Chuly, y la tomó fuerte por los brazos para sacarla del naufragio.
El dolor solo aumentaba con los esfuerzos de Marvin por sacar a Chuly del bote.
– ¡No puedo! -gritó Karen.
– ¡No me dejes así! -exclamó- ¡Vamos! ¡Un poquito más! -respondió Marvin.
Con el aliento contenido, Marvin sacó a Karen del bote y la mantuvo a flote. Por esas cosas inexplicables de la vida, a los pocos minutos pasó una embarcación que se detuvo a ayudarlos.
Marvin, profesor de educación física y buen nadador, se dio a la tarea de ayudar a las personas a subir a la embarcación de rescate. Después de casi una hora, Marvin había rescatado a 11 personas y al cuerpo de una profesora que encontró en el naufragio.
Cuando intentó subir al bote de rescate para partir, un miedo cundió entre todos por el peso que cargaba el barco de rescate. Marvin entendió que, si insistía en subir, la embarcación no saldría del lugar.
– Nos vemos pronto, mi amor -dijo Marvin- subo al siguiente bote, nos vemos allá. Te amo, mi Chuly.
Marvin saltó al agua y se subió a una canoa en la que había otros cinco sobrevivientes. Karen se sintió un poco más tranquila, respiró profundo y continuó el resto del viaje a Bolognesi.
La pequeña canoa de madera en la que viajaban cinco profesores junto a Marvin empezó a desplazarse por el río. Una tercera embarcación, que también se acercó para ayudar a los sobrevivientes, les lanzó una soga para remolcarlos.
En medio del remolque, los seis sobrevivientes a bordo de la canoa se miraron fijamente. Todos sintieron un crujido, un sonido que no debió sonar nunca. Sabían que algo no andaba bien, pero, antes de que alguien pudiera decir algo, la canoa se partió en dos.
En dos como un mondadientes, como una pequeña rama. Y es que como si no fuera suficiente tragedia un naufragio, la pequeña canoa se partió en dos y liberó en el agua a sus pasajeros.
Todos llevaban chalecos salvavidas. Simplemente se asustaron, cayeron al agua y salieron nadando a la superficie para pedir auxilio una vez más. Todos salieron, menos uno: Marvin.
Los sobrevivientes señalan que Marvin simplemente salió a flote sin señales de vida. No había nada qué hacer; Marvin quedó ahí, inerte, flotando con un pequeño hilo de sangre fluyendo desde la oreja.
Sentada en el puerto, viendo los más de 25 puntos de sutura que tenía en el pie, Karen fue testigo del ingreso de los cuerpos rescatados del Ucayali. Ahí, sentada, no podía creer que su Marvin ahora luciera azul, estuviera hinchado y yaciera sin vida.
Sentada en Bolognesi, no podría imaginar que tendrían que esperar más de 24 horas para que alguien en algún nivel del gobierno se dignara a enviar un helicóptero para llevar de regreso a casa los cuerpos de las víctimas de Transportes CR-II.
Con sus más de 25 puntos de sutura en el pie y el corazón en silencio, Chuly llegó a casa la mañana del jueves junto a Marvin, quien yacía en un cajón rústico en avanzado estado de descomposición.
Al bajar de aquel helicóptero, al ver el rostro de su madre, de sus tíos y primos, al sentirse en casa, Karen finalmente se desmoronó en los brazos de los suyos.
– ¿Cuánto le pagan para que en la Capitanía de Puerto no diga nada y salga el bote de 48 pasajeros con más de 120? -gritaban enfadados los familiares de Karen mientras la abrazaban.
El llanto no cesó aquella mañana de jueves. El dolor no terminaba de diluirse entre tanto consuelo. Aún tenían pendiente el velorio, aún debían decirles a las hijas de Marvin que no estaría para Navidad, como lo prometió. Aún tenían pendiente una vida juntos, como sentía Karen en cada parte de su cuerpo y alma.
La muerte en Bolognesi fue más inútil y estúpida que el común denominador de las muertes; fue una muerte previsible, una muerte que no debió suceder.
El vacío en los corazones de cada uno de los familiares de las víctimas e incluso de los sobrevivientes pudo haberse prevenido con una empresa responsable y no corrupta; pudo haberse prevenido con una autoridad portuaria honesta.
Una vez más, si las personas hubieran hecho lo que se suponía que debían hacer, Karen y Marvin estarían hoy en Bolognesi trabajando, estudiando y amándose. Lamentablemente, ese futuro no llegará.
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13 respuestas
Excelente narración y sutileza de contar las cosas ……ese futuro no llegará
Una excelente pieza literaria; en una idea de comparación/referencia, el autor con su narrativa, detalles y nostálgico romanticismo me hace retroceder el tiempo en el que conocí por primera vez el libro de «mi planta de naranja-lima», a José, Portuga y el margarratiba; haciendo punto aparte de la desgracia, desdicha y tragedia, me parece una lectura tierna y entrañable, nunca se sabe cuando es el ultimo momento; con un padre, una madre, un hermano, un amigo; siempre dejemos una huella memorable, ya que mas alla de lo físico sólo eso quedará
Me dio mucho tristeza este caso, lamentablemente hay empresas que priorizan lucrar a costa de la vida de las personas.
Un relato súper triste. Gracias por contarlo
Lograste sumergirme en la inundación de la embarcación. Relato triste, me deja el corazón desolado como a Chuly.
Me encantó la crónica, me recordó a algunos pasajes del libro Sangama..
Una narración nacida en la frescura de los hechos y adaptada de acuerdo con el estilo del texto. Sin obviar posibles mejoras en la redacción, con el fin de lograr la excelencia del texto; aspecto que resulta inapreciable ante tan buena
narración, ortografía y escritura, el texto logra su cometido y cumple con el propósito de su autor. Felicitaciones
Una historia triste contada de manera muy elegante y precisa
Excelentes narración, realmente se siente lo desgarrador de la historia, una tristeza que ese amor que les hacía tan bien, la muerte los haya separado antes de tiempo 🙁
Interesante. Buen trabajo Fernando.
Me rompió el corazón leer esta historia. Tan lamentable lo sucedido la semana pasada, tantas familias que se quedaron a la mitad de su camino. Gracias por honrar la valentía de ciertas personas.
Lamentable lo que ocurrió .
Gracias Fer por contarnos está historia y esperar que investiguen todo sobre estás embarcaciones.
Un relato doloroso y siempre preciso en detalles, al punto de que es sencillo imaginar toda la escena y hasta las expresiones de sus rostros.
Excelente trabajo
Fue dificil terminar la lectura sin tener un nudo en la garganta, a poco de soltar las lagrimas. 😔