Llevo las últimas tres semanas asistiendo al gimnasio, a pesar de que lo pago desde hace dieciocho meses.
Mi objetivo es simple: quiero estar bien, o al menos mejor de lo que estaba. Creo que siempre es importante tener cierto grado de inconformidad en la vida.
Es importante no estar del todo cómodo porque sólo la necesidad, el hambre, hace que salgamos de nuestra cueva a descubrir el mundo, a pesar de los miedos naturales que este puede generar.
Soy un tipo grande para el promedio y mucho más pesado que la media nacional, ¿cómo así decidí meterme al gimnasio?
Sucede que, a lo largo de los últimos diez años, una hermandad se fue construyendo con mis mejores amigos, esa hermandad se llama TMT: The Moshacos Team o El Club de los Galanes.
Cuando se fundó, si es que cabe la palabra, éramos un grupo de doce personas, yo cubría la cuota de ‘el gordo’ del grupo, y los otros once eran o flacos o de contextura normal.
Hace un mes, uno de los miembros del TMT fue diagnosticado con hígado graso y descubrió una obviedad, el delgado moreno que alguna vez fue formaba parte de la historia.
Más de cien kilos en la balanza lo alertaron y compartió con el grupo esta preocupación que derivó en que Alexander (la cuota gymrat del grupo) iniciara un desafío de pérdida de peso.
El primer reto era conseguir el peso de todos y, ¿adivinen qué?, de los doce discípulos, ocho se encontraban arriba de cien kilos, sólo quedaban cuatro por debajo de noventa.
No puedo negar que me causó un placer culposo saber que había más gordos que flacos, ojo, lo sabía; pero, tener esa confirmación era algo extraño porque todos habían sido los flacos y yo era el gordo.
Alexander creó un desafío con una apuesta donde, quien perdiera más peso al final del mes, se llevaba el botín. Me negué a entrar, sabía que no podría hacer lo necesario para ganar esa apuesta.
Contexto, yo soy una persona incansable y casi todopoderosa cuando se trata de ayudar a alguien más; pero, cuando se trata de mí, simplemente no me surge el mínimo interés en hacerlo… llego a creer que no lo valgo.
Desanimado, por saberme incapaz de formar parte del desafío, me dediqué a observar a quienes sí se inscribían. Cuando la cuota de inscritos llegó a siete, la lista se cerró.
Ojo, los que deseen también se pueden apuntar como voluntarios dijo Alexander.
¡Ah, caray! ¡Eso sí me interesa! -pensé- Si no apuesto y fallo, técnicamente no pierdo nada.
Por favor, Alexander, me apunto como externo -le dije. Dale, hermano, apuntado -respondió.
Entonces, caí en cuenta que no sabía dónde estaba, ¿qué carajos se supone que yo hiciera en ese desafío? ¡Estaba condenado a perderlo!
Pasó un día, pasaron dos y nadie hablaba nada del desafío. Decidí escribirle a Alexander y preguntarle que cuándo empezaba. Nuestro gymrat me volvió a sorprender:
Faltan diez días, hermano, arrancamos el lunes 20, estos días son para despedirse de la comida, la flojera y en general todo lo que necesiten para darlo todo ese mes.
Yo no necesitaba convencerme sobre la comida o qué sé yo, lo que necesitaba era tomar la decisión de moverme, de dejar esta vida sedentaria y depresiva, y hacer algo.
Una de las cosas que más me jode de mi obesidad, es que no puedo argumentar ignorancia. Sé muy bien lo que debo hacer si deseo bajar de peso, son matemáticas simples: quema más de lo que comes.
Con eso se acaba cualquier engorde, ya que engordar es comer más de lo que quemas.
Es un tema testicular muy importante. En general las decisiones sin testículos u ovarios son mentiras que asumimos como ciertas y, tarde o temprano, terminan explotando en nuestras caras.
Esta no era la primera vez que intentaba bajar de peso.
No podría decir qué número de intento es este; pero, lo que sí les puedo decir es que es mi segundo intento real, lamentablemente en el primero fallé estrepitosamente.
Cuando a principios de 2022, mi entonces enamorada decidió romper todo, mi vida se derrumbó. En medio de la ciudad devastada por el Huracán Diana, decidí que tomaría una decisión radical: operarme.
Si ya estaba todo destruido, quedaba remover escombros y volver a construir un corazón desde cero.
Consultas, llamadas, préstamos y todo derivó en una exitosa operación de manga gástrica que me hizo perder en poco menos de tres meses, más de cuarenta kilos.
Este cambio inició en junio. El chico que sale en mis fotos de cumpleaños de aquel año, en agosto, era un guapito que no veía desde el colegio. Me enamoré de ese tipo.
El problema con mi cirugía no fue mi cirugía, fue mi compulsiva necesidad de resolverlo todo comiendo.
Todos los problemas que viví a nivel personal/sentimental se convertían en comida, en alimentos hipercalóricos; ya que, si bien es cierto que no comía el volumen de antes, ahora comía muchísimas micro raciones.
Yo no supe pedir ayuda y la persona que me acompañaba en ese entonces en el plano sentimental no supo cómo apoyarme.
Así, para cuando terminó por completo la relación con esa chica, a finales de 2023, mi cuerpo había recuperado casi treinta kilos a punta de gaseosas, frituras y harinas.
Para mi historia, 2024 fue un año de transición, fue hacer un permanente control de daños por amenazas constantes de lluvias y huracanes, sin importar la época o la estación.
Fue un momento en el que no encontraba una hoja de ruta que seguir.
Fue un momento donde tuve que tomar decisiones importantes como crear esta página web, o la de ordenar a conciencia mi casa y poner bajo llave ciertas cosas que no me hacían bien; junto a las demás cosas que no me hacen bien y tengo guardadas bajo llave.
Así me encontró el desafío de Alexander, y con todo eso en el corazón me encontraron esos diez días hasta que llegó un pensamiento profundo:
¡Ya qué chucha! Vamos a hacerlo y vamos a bajar de peso, tienes cómo, tienes con qué, dejémonos de huevadas y, ¡pa’lante!
Aquel lunes veinte de enero me aparecí en el gimnasio y he ido de manera consecutiva, seis veces por semana las tres últimas semanas. Y debo decir que me siento bien.
Y no bien como un eufemismo. Bien en el absoluto sentido de lo que el bienestar representa, físicamente bien, mentalmente bien y hasta emocionalmente bien.
Desde que estoy en el gimnasio, siento ganas de hacer más cosas, de salir, de trabajar, de vivir. No me siento del todo bien al permanecer encerrado, ahuevado, todo el fin de semana en casa.
Desde que empecé este desafío, me di cuenta de que hay muchas personas luchando contra su obesidad, su estado físico y hasta su depresión, a través del ejercicio.
No tengo victorias para cantar o contar, como si ya hubiera logrado algo; pero, aquí les diré algunas infidencias del desafío.
Todos hemos perdido peso, menos Alexander que ha ganado medio kilo de masa muscular. Y quien más peso ha perdido, hasta la fecha, soy yo con ocho kilos y doscientos gramos.
Claramente juega a mi favor el estómago reducido, la dieta de dos comidas al día, sin gaseosas, sin harinas, sin arroz, sin dulces; pero, con sazón y compensaciones, como mi amada San Luis Manzana.
Me causa gracia, las personas que no van al gimnasio o no tienen idea de lo que ir a entrenar representa para una persona como yo, siempre preguntan:
¿Y qué te toca hoy? ¿Pierna? ¿Espalda? ¿Brazos?
A lo que siempre respondo:
¿Hoy? ¡Hoy me toca ir! ¡Con ir, ya gané!
Y en verdad, en el fondo de mi corazón, con cruzar esa puerta, poner mi huella, hacer mi media hora de caminata rápida y luego una sesión balanceada de pecho, brazos y piernas, ya gané ese día una batalla contra la pereza, repugnante pecado que me persigue casi tanto como la gula.
Las últimas tres semanas, para mí, han sido veintiún días consecutivos de desafíos tanto adentro como afuera.
De nada serviría ese esfuerzo si no lo acompaño de una conciencia general de lo que como, si no tengo una tabla de Excel en la memoria para saber dónde voy a compensar o cuando simplemente debo decir: no.
Para una persona tan complaciente conmigo y con mis vicios como yo, decir que no es el principal de mis desafíos.
Pesar más de 140 kilos y pedir un agua o la comida sin arroz y que te encuentres con esa mirada de: «¿Dieta? No se nota eh», es bastante jodido.
Mucho tiempo me detenía ahí o en el impostor que me siento al ser la persona más gorda en el gimnasio con ese pensamiento redundante de que más temprano que tarde fracasaré.
Que más temprano que tarde la gula y la pereza volverán a tomar los mandos de mi vida y todo se irá, placenteramente, al carajo.
Luchas contras esas voces y esas miradas es un desafío terrible; pero, jamás imaginé contar con tanto apoyo, no sólo en el TMT, en mi familia, en amigos, e incluso en conocidos que poco a poco he ido abrazando por la ternura y la esperanza con la que reciben mi esfuerzo.
No empezaré con los nombres, porque no termino nunca; pero, sabes quién eres, saben quienes son; de corazón, gracias.
No sé si este camino me llevará al destino que espero; pero, sí sé que cada día que cruzo esa puerta del gimnasio, cada comida que elijo con conciencia y cada pequeña decisión que me acerca a estar mejor, es una pequeña victoria. Y esas, por pequeñas que sean, suman. Seguiré avanzando en este camino y ya les contaré cómo voy.
¡Nos vemos en tres semanas!
__________________________________________________________________________________________________________
Adquiere mi novela Historias de Cuarentena AQUI
15 respuestas
Fer, felicitaciones!!!
Recuerdo cuando viniste a darme consuelo cuando acababa de perder a mi mejor amigo.
Sabes que siempre estaré apoyándote y aplaudiendo cada logro y gramo que pierdas.
Tu relato personal es conmovedor y muy cálido.
Muy bien escrito, 5 estrellas.
Qué alegría leer que estás en el reto, en el reto de mejorar de constancia, tú puedes y eres luz donde estés, tú puedes y sigue cruzando esa puerta, que cuando veo tus estados también mato la pereza y voy
No tengo más que felicitarte, Fer. Un testimonio que parece más una lección de tenacidad. Y es que cuando tenemos sobrepeso, la realidad es que todo es más importante que nosotros mismos. Gracias por compartir!
Fer, felicitaciones por la decisión tomada, aceptaste este desafío contra ti mismo y cada día de gimnasio es una pequeña batalla ganada, sigueadelante, que te estás demostrando que puedes eso y mucho más, el cielo es el límite, un abrazo y que sigan los logros diarios
Felicitaciones! Realmente con el solo ir ya es bastante, hay muchas veces en que hay mil excusas para no ir, y me alegra que hayas decidido, sea cual sea lo que inició ello, el hacer ejercicio, todo a su debido ritmo. Se que habrás escuchado mil veces esto… Pero tú puedes!
💜💜💜
Con la voluntad testicular de Vargas, mi hermano!
Aveces no necesitas correr, con tan solo dar un paso a la vez cada día, igual se llega al destino! Que esta motivación no se pierda nunca, te diste cuenta que tu eres capaz de esto y mucho más, demuestra a tu cuerpo que hay una mejor manera de vivir y sentirse, de lo que casi siempre conoció. FOCUS!! 🙌🏼
esoooo CARAJO, y las 3 semanas que vienen seran mucho mejor FER , DALE CON TODO
Jsjs, con fuerza gymbro. Un artista, un diamante en bruto; no dejes de brillar joven Fer 💗✨ (si lo hace le pego).
Vamos Fer, vamos compadre, eres un ser de retos, nada te es imposible, si se puedeeeee
Me alegra saber que semana tras semana eres testigo no solo de cuánta fortaleza pueden tener tus músculos, sino también tu mente; me alegra que poco a poco descubres de lo que eres capaz. 💪
Un paso a la vez.
Es increíble ver todo lo que haz avanzado y aun así uno no haya podido lograr su objetivo, el verte es una inspiración así que créetela siempre Gordurita. Nos vemos al final del reto 💪🏻
Bravo Fer! Lo mejor del ejercicio es que uno va adquiriendo disciplina en muchos otros aspectos de la vida, y el mejor resultado es la salud mental, sigue adelante!
Lindo relato, me encantó.
Vengo del futuro y puedo afirmar que a nuestro querido autor le va genial en el gimnasio. ¡Sigue adelante Fernandito, siempre por más!
Tu lectura también ha sido un recordatorio para valorar a mis amistades y para retomar el gym 🫢