Excmo. Sr. Donald J. TRUMP
PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS
Casa Blanca, 1600 Pennsylvania Avenue
NW, Washington, DC 20500
Excelentísimo señor presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald J. Trump, me presento, mi nombre es Salvador Olortegui, tengo 38 años y soy peruano.
Sé que le sorprenderá de más recibir esta carta; pero, créame que valdrá la pena que la lea, atienda y, Dios mediante, la vuelva realidad, por el bien de muchos.
Mi carta busca ponerlo en autos de una ciudadana peruana que, en estos momentos, se encuentra en su país. Su nombre es María Cristina Vildoso Del Águila, tiene 35 años y busca un estado legal de residencia.
Es una mujer que tiene mucha fuerza, mucho empeño a la hora de lograr lo que se propone, no tiene hijos y está muy motivada a quedarse en su país para contribuir con su sueño de hacerlo grande nuevamente.
La conozco bien, es mi ex esposa y, si no logro que consiga un estado legal para permanecer en su país, amenaza con volver a Perú y es algo que le ruego no permita.
Si me da un momento, le cuento los motivos.
Yo la conocí hace casi diez años y me enamoré perdidamente de ella, era la mujer de mi vida y creo que, algunas veces, fui el hombre de la suya.
La pasión entre nosotros era tan intensa que, menos de dos años después de conocernos, nos casamos y empezamos nuestra vida juntos.
Lo que me atrajo de ella es justamente lo que le comenté como virtudes de Macri, es una mujer brava, decidida y comprometida con sus sueños.
Créame que es así. Mientras yo fui su sueño, ella trabajó en mí y en la relación como nadie. Claro, el día que dejé de serlo, simplemente desapareció.
Nunca comprendí bien que pasó; pero, simplemente se fue de mi hogar, de mi ciudad y hasta del país.
No supe de ella por más de dieciocho meses hasta que me enteré que se encontraba en Ciudad de México.
Saberla tan lejos de aquí me partió el alma. Intenté contactarla; pero, como le dije, es una mujer muy inteligente y quemó todos los puentes para que la comunicación no exista más.
Cristina volvió a desaparecer del planeta hasta que hace dos años me enteré que se encontraba en los Estados Unidos, específicamente en el Estado de Maine.
Con todo respeto, y bastante avergonzado, he de reconocer que no tenía la más pálida idea de dónde quedaba dicho Estado.
Pronto me enteré que, a pesar de su condición migratoria, ella había conseguido un buen trabajo y hasta ya tenía una casita.
Amigos en común me contaron que su intención era crear un patrimonio y una empresa para poder solicitar así la Green Card más temprano que tarde.
Desde que supe que María se había establecido, debo confesar, me sentí aliviado. Me tomó tiempo; pero, entendí que mi matrimonio había acabado y que no había más nada por hacer.
Todo el tiempo que María Cristina desapareció, yo viví un doloroso luto; pero, eso acabó cuando ella se asentó en la tierra de las oportunidades, en la tierra de los soñadores.
Cuando usted ganó las elecciones me sentí muy feliz, creo que usted es lo que le hace falta a su país para sacarlo de tantos movimientos e ideologías que los tuvo fuera de foco tantísimos años.
Cuando usted hablaba de los migrantes, ni siquiera pensé en María Cristina porque asumí que ella, con ese ímpetu que la caracteriza, ya había logrado establecerse legalmente.
Tampoco me importaba tanto o estaba tan atento a ella porque, después de casi tres años de llorar su partida y cinco alejados, a mediados del año pasado decidí darme una oportunidad de volver a enamorarme.
Por esas cosas de la vida caí enfermo y en el hospital conocí a una maravillosa mujer, tiene mi edad, es enfermera y me fascina.
Presidente, después de cinco años me siento nuevamente con vida, son los primeros ocho meses que no lloro o siento algún tipo de remordimiento o dolor por el abandono de María Cristina.
Señor presidente, ¡me siento vivo! Y todo iba de maravillas hasta hace una semana, cuando recibí una llamada que me descuadró absolutamente todo.
Mi exesposa me llamó, presidente, me llamó porque resulta que en su paranoia por no haber conseguido los papeles y todo el proceso de deportaciones que se están efectuando.
Cristina reventó su teléfono, su laptop y ha huido a esconderse.
¿Por qué me llamó? Porque resulta que mi número es el único número que recuerda de memoria hasta la fecha y porque necesitaba que les dé un mensaje a sus padres: está buscando volver.
En su cabeza, volver sin que la boten le permitirá, más adelante, reintentar un proceso legal de inmigración a su país.
¡No sé por qué atendí esa llamada! Le doy vueltas a ese momento y lamentablemente no hay forma de sacármelo de la cabeza, por eso le estoy escribiendo.
Señor presidente, le suplico que María Cristina se quede en los Estados Unidos a seguir trabajando por el país de sus sueños.
Ella ni si quiera se siente peruana, como es blanca, cabello castaño oscuro y ojos marrones claros, siempre se sintió una extranjera aquí.
Está donde debe estar, haciendo lo que debe hacer y construyendo el sueño que debió empezar antes de joderme la vida o, al menos, parte de ella.
Se lo pido como hombre, se lo suplico como humano, se lo imploro por compasión, acéptela permanentemente en su país, ella es una canalla; pero, jamás cometería un delito.
Usted, su país y la estabilidad de ella ahí son su sueño más recurrente; créame si le digo que nadie trabaja más fuerte por sus sueños y objetivos que ella.
El día que encuentre con quién, ella le brindará uno o varios hijos a su nación que jamás sabrán que tienen raíces en el Perú, criará niños norteamericanos, en inglés, con barbacoas y Superbowls.
Nada de alienaciones o intentar llevar nuestra cultura peruana para allá. María Cristina será más norteamericana que Bush, Clinton y usted juntos.
Señor presidente, dele la oportunidad, acéptela permanentemente en su país, no haga que retorne a un lugar al que nunca perteneció.
Señor presidente, tenga también en consideración que, si la deportan, yo soy el verdadero damnificado.
No permita esta tragedia. Déjela quedarse, presidente. Es un asunto de Estado… y de salud mental.
Quedo de usted,
Atentamente,
Salvador M. Olortegui Reyes
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11 respuestas
Jajaja me causó gracias pero me encanto !
Que buena, me encantó. Si que se quede allá mejor cumpliendo su sueño
Sr. Presidente, acepte la petición de nuestro amigo 🙋🙋🥳🥳🙏🙏🙏
Bueno, me uno a la petición del amigo; que no vuelva 🤭
Una historia muy divertida jajaja, sr. Presidente hágale caso jajajaa
Mientras tanto el Trump, agilizando la Green
¡Me encantó! Me uno a las súplicas y siii, que se quede por allá, se siente muy gringa, quizá le sale roncha la Inca Koka. Mejor que siga tomando Pepsi mientras ve el SUPER BOWL desde su iPhone.
Fernando… cuándo vi el título de la historia esperé absolutamente todo, menos la carta (jocosa) de un pobre hombre intentando huir de los problemas o intentando evitar que los problemas regresen.
Es trágica y divertida como pocos de tus relatos; casi como algunas tumbas en los cementerios que dicen «recíbela con la alegría con que te la mandamos» 🤣🤣🤣🤣🤣.
No puedo esperar por la secuela…
Este relato no requiere calificación (lo sabes desde que usé tu nombre completo al iniciar este comentario).
Ja,ja,ja… Quiero saber por qué dejó de ser el hombre de sus sueños, me intriga 😅
Gran giro entre tanta formalidad jajajaja 😂🤣😂🤣