Querido escribidor:
Es un gusto saludarlo y felicitarle por sus columnas, las disfruto mucho. Siempre me quedo con la duda de cuales son reales y cuales son fruto de su imaginación.
Lo sigo, domingo a domingo, desde hace medio año y, el domingo pasado, me vine a enterar que yo formaba parte de su último relato puesto que yo soy Mafer.
En realidad, ese no es mi nombre; pero, he de decir que no me disgusta. Es más, considero que es un nombre bonito, así que todo bien.
Lo que sí me dejó un sinsabor fue la manera en la que Alejandro, cuyo nombre sí es ese, se quedó con la incógnita de porqué le pasó eso.
En esa circunstancia es que me detengo a escribirle para contarle la verdad del gavilán.
No me siento orgullosa de lo hecho; pero, lo hecho, hecho está y me alegra que se haya quedado así con lo que le ocurrió por mala gente, por cobarde y por jugador.
Querido escribidor, todo empezó dos semanas antes de aquel encuentro ‘casual’ en la discoteca cuando el polluelo abordó a una de mis mejores amigas.
A esta chica la llamaremos Úrsula, ella tiene mi edad y es una mujer muy sensible y noble, es una chica diferente a la media. Es profesional, trabajadora y muy guapa.
Sumado a ello tiene un defecto, para estos tiempos modernos: es extremadamente sensible e ingenua. Ella, por convicción, cree en la bondad de las personas.
Úrsula rechaza tener mecanismos de protección como dudar de las personas o sospechar de malas intenciones. Siempre dice:
– En esos casos, quien pierde no es quien confía; sino, quien traiciona la confianza…
Y sí… no deja de tener razón; pero, cuando una basura como Alejandro aparece en tu vida, las cosas pueden terminar mal, como en verdad terminaron para ella.
Ellos se conocieron en el mismo lugar donde él me conocería a mí. Él se acercó, le hizo la charla y ella quedó encantado con aquel galán que quinta.
No puedo juzgarla, Alejandro (Mr. Cacas), es un tipo de buen porte, excelente contextura física y mucho estilo al vestir, huele bien, luce bien.
Su estética es inversamente proporcional a la belleza de su interior.
Un hombre que en pleno 2025 cree que jugar una noche con alguien para después desaparecer es divertido, en verdad, es un monstruo.
Mr. Cacas abordó a Úrsula, la encandiló y le dio una de las noches más intensas de su vida, en palabras de ella.
Todas las decisiones que tomamos traen consecuencias. Algunas borracheras traen resaca y, la resaca de Alejandro fue la peor que mi amiga tuvo que soportar.
Dos semanas la tuve en mi departamento, sí, inmediatamente acabó la noche de placer comenzó la angustia del silencio, el dolor de lo no ocurrido, la verdad sacada en cara.
Ella supo desde que Alejandro se paró de la cama, se cambió y le dejó dinero para su taxi; que aquella noche, aquel encuentro, fue un grave error.
Úrsula estuvo esperando un mensaje de Mr. Cacas, algo que dijera que no era tan caca como yo ya sabía que lo era, conozco a los de ese perfil. El mensaje nunca llegó.
Querido escribidor, lo que contó Alejandro fue verdad; pero, me gustaría narrarte cómo sucedieron los hechos.
Aquella noche yo había salido de clases y mis compañeros dijeron para ir a bailar. No estaba vestida como para la ocasión; pero, dije: ¡la queso!
Bailar es algo que me gusta mucho y, estando ahí, me dediqué a observar las dinámicas sociales, culturales y hasta antropológicas ahí presentes en la pista de baile.
Entonces, en medio de todos pude observar a Mr. Cacas.
Lo reconocí porque llevaba dos semanas escuchando a Úrsula llorando frente a su celular con su imagen retocada en ella.
Para ella, el dolor más grande no fue la cogida; sino, la ilusión que él le generó con sus palabras, con sus promesas, con sus vanos compromisos de haber encontrado en ella a “la mujer de su vida”.
Cuando Úrsula me decía eso, yo sólo podía pensar que en algún momento me encontraría con él y que sería eso para él, sería la mujer de su vida, la mezcla perfecta.
Sería, para la ocasión, la mezcla de niña inocente y depravada sexual, sin compromisos, sin ataduras, sin reclamos, sin nada más que el presente.
Una mujer ideal para el tipo de esperpento que el Cacas era.
Al verlo, hice una serie de movimientos chocando con otra persona que terminó llamando la atención de Alejandro.
Antes que él viniera a mí, como sabía que lo haría, avisé a mi rueda que no se preocupasen si es que desaparecía, porque tenía pendiente una cuentita que saldar aquella noche.
Poco a poco, el Cacas se acercó a mí y me abordó siguiendo el estúpido manual del pendejito que se cree más vivo que todos.
Él era el bravo, el que tenía todo bajo control.
Escribidor, lo peor fue tener que pedirle una cerveza cuando yo odio la cerveza; pero, todo el tiempo que lo tuve monitoreado sólo tomaba eso, o sea que encima de pendejo, pobre, ¡ag!, en serio.
Tomé la mitad de la cerveza de trigo antes de que el cacas me invite a bailar. Obviamente accedí y elogié cada uno de sus elementales pasos.
Era todo de manual, no tenía ninguna gracia extraordinaria, ¡eso!, lo que pasaba es que era ridículamente ordinario.
Lo único que lo podría diferenciar del bulto era su osadía y confianza, a pesar de lo silvestre que resultaba, era un rústico aventado.
Creo que bailamos dos canciones y para la tercera, el Cacas me propuso ir a otro lado. Yo sabía lo que significaba.
Hoy por hoy soy una mujer que tiene claras las cosas, yo no estoy para pendejadas; pero, tuve una etapa de mi vida en la que era muy parecida al Cacas.
Yo entendí que, en mi confusión, no debía arrastrar personas.
Entendí que vivir así sólo daña mi corazón y asumí algo que hoy me resulta muy obvio: las personas confundidas, cagan personas.
Aquí viene un detalle que él no contó. Él quiso ir a un hotel de mala muerte; en la vida he ido ahí y no pensaba empezar aquella noche.
– No te preocupes, yo conozco un lugar -le dije.
Así, le pedí ir al Casa Andina.
Al llegar, me acerqué a la recepción y pedí una suite, la mejor habitación que hubiese, saqué mi tarjeta de crédito y pagué.
La cara de Mr. Cacas era única. Supe que lo había descolocado, que lo había atrapado, que el gavilán se encontraba envuelto en mis redes.
Los detalles de lo que le hice los reservaré para mí; pero, sí, yo me lo cogí y sí, como dijo su amigo, él fue mi perra.
Cuando terminamos el encuentro, que no estuvo nada mal -para qué-, me paré y fui al baño a lavarme la cara.
Frente al espejo vi a una justiciera, sí, me dolía haber hecho aquello que me había no volver a hacer: tener un encuentro casual; pero, creo que tuve un buen motivo.
Yo no le dije nunca a Úrsula que había cobrado venganza en su nombre, que aquel perro, ahora se encontraba tragando tierra, la verdad, espero que, si lee esto, entienda por qué lo hice.
Leer los lloriqueos del Cacas me alegró y en verdad espero que la gente en general, chicos, chicas, entiendan de una buena vez que las cosas se usan, las personas no.
Querido Escribidor, me despido agradeciendo que leas estas líneas y que te animes a publicarlas, para que el gavilán sepa que sí fue la perra.
¡Ah! Y el chico que me tomaba de la mano era Javier, mi hermano.
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4 respuestas
Me encanta
Jaaaaaa lo cago! Y me encantó!
Fer, se nota la megacagadera de la actitud de Mafer, una mujer de armas tomar que no se queda en ganar, sino en destruir.
Sí, tomar justicia por las personas que a uno le importan es, hasta cierto punto, laudable; pero definitivamente no aplaudiré la actitud de Mafer porque sé que pudo encontrar un mejor camino que ese para derrumbar a Mr. Cacas.
Dado que este no es un relato netamente tuyo no voy a calificarlo.
Como dicen el karma existe! Me encantó!