Lo que es, es. No se puede llenar un vaso lleno y, siempre, vaciar un vaso termina siendo un ejercicio doloroso de amor (propio o ajeno). Eso es una purga.
Es curioso, soy escritor e incurro en el reincidente ejercicio de vaciar el alma, de evacuar las emociones en mis poemas y relatos.
No me es extraño el desnudarme ante ustedes, a pesar de lo pudoroso y casi cucufato que puedo llegar a ser.
Ahí es donde caigo en cuenta que hay una distancia abismal entre desnudarse y vaciar el alma.
Me explico, cuando desnudo mi alma la expongo, hago que ustedes puedan observar qué hay dentro mío, pero, como es obvio, todo sigue dentro de mí.
Cuando uno vacía el alma, cuando uno hace limpieza general y decide despojarse de memorias, no necesariamente va a ser un ejercicio público.
Si hoy escribo esto es porque siento que, finalmente, puedo hablarles de este tema, de esta situación sin que duela.
Seguramente te preguntarás, ¿para qué, Polar?, ¿para qué hacerlo ahora?
Creo que la primera respuesta, desde el ego, sería porque puedo, porque quiero y porque me da la gana.
Ahora, asumiendo mis treinta y tres años, lo hago como un manifiesto, como un ejercicio para quien le pueda resultar útil, como una contribución a los corazones atribulados en angustias.
Siempre es mejor hacer las cosas cuando se debe y no ya cuando se tiene-que porque, si no, la autodestrucción te respira en la nuca.
Muchas veces postergamos la toma de decisiones sobre la inclusión (o exclusión) de recuerdos, de personas y de lugares.
Esa es una conducta nociva, que sólo termina con la toma de grado o fuerza de aquellas decisiones que debimos tomar por la buena.
La vida es una gran maestra, una maestra justa, dura y sabia.
Cuando en la escuela de la vida nos toca aprender una lección (a diferencia de colegios, institutos o universidades) no existe manera de pasarla sin aprehender dicho conocimiento.
O aprendes la lección, o la vida te va a repetir el ejercicio tantas veces como necesites para aprenderla y tarde entendemos esto.
Hoy por hoy se encuentra de moda hablar de las banderas rojas, al referirse de las conductas que poseen las personas y que son potencialmente peligrosas para uno.
El asunto no está en las ‘red flags’, el meollo de la situación radica en el qué se hará con la información adquirida.
Tal lugar, tal persona, tal hora, tal producto no es bueno/no te hará bien.
¿Cuántas veces no nos ha ganado la soberbia y nos hemos aventurado en misiones con un final anunciado?
Ojo, esas advertencias no siempre vienen de un letrero luminoso en la calle. Muchas veces llegan en las voces cercanas diciendo:
– Amigo, ahí no es, sal pronto…
– Hijo, no te veo bien…
– ¿Eres feliz?…
– Hermano, no la tolero…
Todos nos advierten de lo mismo; pero, muchas veces terminamos imponiendo nuestra ‘libertad’ y voluntad para hacer lo que nos cante…
Y sí, es soberbia, porque asumimos que a nosotros eso no nos va a pasar, como le pasó a un millón de personas antes y le pasará a otro millón de seres después de ti.
La soberbia nos impide tener la cuota de humildad necesaria para prestar atención a quienes, con amor y desde el amor, nos advierten de situaciones o personas que no nos convienen.
Siendo así, decidimos libre y voluntariamente involucrarnos en berenjenales que consumen hasta el oxígeno a nuestro alrededor.
Lo explico mejor en este paso a paso: la soberbia nos lleva a la necedad, esta a la omisión de evidencia y esto último a la toma de decisiones infundadas, como decidir apostar un día más de vida a lo que ya no.
Es curioso, alguna vez escuché o leí que una vez que uno abre los ojos difícilmente los volverá a cerrar.
Esta verdad, grande como una catedral, aplica a múltiples espacios en los que discurre la vida.
Aplica, por ejemplo, en un trabajo donde no creces, no produces o no ganas lo que corresponde, donde no hay un buen trato; pero, es ‘seguro’.
En nombre de esa seguridad, muchos somos capaces de soportar jornadas inhumanas, vejaciones y frustración.
Cuando uno firma su contrato (o trabaja sin él) nadie le brinda un seguro sobre su salud mental o los riesgos que el trabajo implica.
Querido lector, querida lectora, pregúntate: ¿vale la pena?
No es por caer en clichés; pero, mañana nos morimos y nuestro asiento estará reocupado antes que se enfríe.
Otro ámbito donde encontramos esta conducta es en las relaciones humanas. No hablaré de las de pareja, porque todo lo anteriormente señalado habla de eso.
Con relaciones humanas, hago precisión sobre las relaciones con primos, tíos, abuelos o incluso amigos.
La sangre te puede hacer pariente; pero, es el amor, la unión y la compañía lo que, verdaderamente, vuelve a dos personas familia.
Bajo este mismo razonamiento, hay parientes que no deberían ser ni amigos y hay amigos que debieron dejar de serlo hace demasiado.
El argumento siempre es el mismo: …que ya pasó mucho tiempo… que son cosas que toca aguantar… que el amor todo lo supera.
Aquí requiero detenerme un momentito porque, en nombre del amor, mil veces he hecho tonterías.
Es más, las mayores estupideces de mi vida las hice en nombre del amor.
El amor todo lo soporta, pero no hiere; todo lo aguanta, pero no pega.
“…No tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad”.
1 Cor 13, 4-7
Entonces, justificar acciones irresponsables, tortuosas o cargadas de falsas esperanzas en el amor, es una afrenta al amor.
Amor que, si decimos tener, debemos empezar a practicarlo en uno, sanamente, para poder darlo a los demás de la misma manera.
¿Cómo predicamos algo que no aplicamos con nosotros mismos?
No somos pocos los que, por falta de amor, andamos persiguiendo espejismos en el desierto.
No somos pocos los que, a diario, postergamos la purga necesaria en nuestra vida.
De una vez te digo: va a doler; que nadie te diga lo contrario.
Vaciar el vaso es la más difícil decisión de tu vida; pero, el espacio que queda, por fin limpio, está esperando lo justo y lo bueno. Y créeme: vale la pena.
2 respuestas
Fernando, estoy seguro de que muchos que leerán esto reaccionarán y se darán cuenta de lo necesario que es para el bienestar personal el deshacerse de vínculos tóxicos.
Esta es de las columnas que más me ha invitado a la reflexión y lo digo desde una posición en que suelo dar muchas oportunidades a personas que no necesariamente lo merecen.
Muy bien escrito, no necesita calificación.
Siempre es bueno realizar una purga física de las cosas y de igual manera una purga emocional. Ayuda a ver las cosas de otra manera.