Flotando en su tabla, a media milla de la playa, Luis Montes de Mendoza contemplaba a Laura Del Carpio mientras tenían una de esas charlas que sólo el mar podía custodiar.
A su corta edad, Luis y Laura eran amigos y compañeros de equipo desde la infancia.
Cuando dos personas de quince o dieciséis años se conocen más de ocho, hay que dimensionarlo como lo que es: la mitad de sus vidas.
La amistad entre ellos surgió en el mar, por el mar y siempre se dirigía a él.
Cada mañana, Luis se escapaba en su bicicleta hasta el club, antes de que salga el sol, para encontrarse con Laura.
Este verano era distinto a los otros, por primera vez, desde que la conocía, Laura no había viajado afuera del país.
Con dieciséis años, Laura ya era preseleccionada nacional y debía poner más empeño en su preparación como tablista.
El día que llegó la noticia de la preselección de Laura, Luis la abrazó y cargó como si hubiera ganado el mundial de tabla como Sofía, Analí o De Col.
El verano debía ser aprovechado por Luis. Podría compartir un verano completo junto a ella, su mejor amiga, su compañera de entrenamientos… su amor secreto.
Aquella mañana, después del entrenamiento, se quedaron flotando en sus tablas cuando Laura empezó la charla.
– Luiso, me siento extraña, Rolo no responde mis mensajes… ¡Es un idiota!… me tiene mal ese love bombing…
– Sorry, no entiendo ¿aún sigues hablando con él? -respondió Luis.
– Me busca, Luiso, me busca… y me cuesta mucho decirle no… me cuesta demasiado…
– Mana’, ¿has pensado en ir al psicólogo? -insistió.
– Parece que no conocieras a mis viejos… -finalizó Laura, con una pausa.
Luis conocía muy bien a los padres de Laura, a sus hermanos; conocía hasta los perros y al vigilante de la cuadra.
¿Cuántas veces no los vieron andando por el barrio? Laura y Luis, Luis y Laura. Eran un equipo inseparable.
Juntos al club, al francés, al colegio… al mar… al parque a conversar tirados en el pasto…
Todo el día tan juntos que, enumerar todo lo que hacían, sería vano y eterno.
Del tiempo que pasaron juntos surgieron mil experiencias que se volvieron anécdotas.
Algunas despertaban botones de pánico en Laura, que se hacía la sonsa ignorando las chispas del amor en los ojos de Luis.
– No es lo que crees -se lo repetía una y otra vez Laura.
Luis, por su parte, tenía la paquidérmica estrategia de ser el amigo, el mejor amigo y un día, por casualidades de la vida, revelar sus verdaderas intenciones.
En verdad, todo el club se había dado cuenta de la ‘Doble L’, como solían llamarlos… todos menos ellos.
– Yo creo que deberías buscarte un mejor partido, ‘mana’. Rolando no te quiere, asúmelo.
– ¡Ay, cállate! -gritó Laura- ¿tú qué sabes de buenos partidos?
– Sé que lo eres -atacó Luis.
En ese momento, Laura no pudo hacerse la lorna más tiempo y decidió emprender la fuga.
– ¡Ola! ¡vamos! -gritó Laura y se echó a bracear.
Luis vio, por primera vez, que había quedado expuesto. Vio también que ella lo había notado y se había puesto nerviosa.
Por primera vez, en muchos años, Luis no remó tras Laura y se quedó flotando mientras que, por detrás, Martín se le acercó sigilosamente.
– Habla pe’ compadre’, por qué esa cara de mero -dijo Martín.
La presencia de Martín resultó algo incómoda, eran amigos; bueno, conocidos de club como otro centenar de personas.
Martín tenía diecinueve años y era conocido por haber dejado la universidad para dedicarse completamente al surf.
– ¿Qué pasa Luchito? Te veo un poco lento últimamente… no será por estar pegado todo el día a la Carpio, ¿no?
– ¡Hablas huevadas, oe’! -respondió alterado Luis.
– Uy, creo que le achunté, así que la Carpio te tiene así… ¿ya se lo dijiste?
– ¿Decirle qué? -replicó Luis.
– Que te gusta pues, gil.
– Cero que ver, tipo, es mi amiga.
– Ya, ya chibolo… entonces, normal si le entro a la Laurita, ¿no?
– Tsssss, ni que fuera su papá para que me pidas permiso -respondió Luis con la sangre en el ojo.
Era la primera vez que Luis era enfrentado por un tercero a sus emociones, a lo que sentía por Laura.
La cara de Martín era pícara, sabía lo que hacía.
Era más que consciente que había detonado en Luis toda esa testosterona dormida que estaba haciendo que los ojos le reventasen de rojo y las venas le saltasen en el cuello.
– Tranquilo, chibolo, si te digo esto es para que te despiertes. No puedes seguir así.
– ¿así cómo? -dijo, derrotado, Luis.
– Templado y callado. Es una pésima combinación. Yo te quiero decir una cosa, chibolo, pero sólo si estás dispuesto a escucharme y a tener huevos.
Luis se sentó recto en la tabla y sacó pecho, con esos cuatro pelos mal puestos que le había crecido en su tardía pubertad.
– Habla…
– Mira, chibolo, apunta: el precio de la cobardía de tu silencio es ver a la mujer que amas en los brazos de un valiente.
Toda la pose del hombre hidalgo que llegaba a la batalla se le acabó en una frase.
Era demasiado para una conversación casual.
– Chibolo, me la dijeron a mí en su momento y te la suelto ahora para que hagas algo con tu vida. Templado y callado, rumbo cagado, ¡Ah! Te hice un verso sin esfuerzo -finalizó Martín, mientras le alcanzaba el puño como despedida.
Luis devolvió el saludo y se quedó flotando, viendo cómo Martín se perdía en una ola.
Mirando a la costa, Luis vio a Laura haciéndole señas para que fuera hacia ella.
Cuando Luis volteó la mirada al mar, pudo ver un sunset exquisito.
Las crestas y picos infinitos que vio hasta perder la vista en el horizonte le hicieron recordar lo efímeros que somos y lo mucho que necesitaba decirle las cosas a Laura.
Con un pequeño empujón, Luis empezó a bracear a la costa. No esperó una ola; simplemente remó con determinación, dispuesto, por fin, a ser valiente.
4 respuestas
Necesito una charla de mar.
Que tierno. Me dejó con ganas de saber el final 😋
Fernando, ¿dónde está la parte 2?, quiero mi parte 2.
Para ser un relato de amor adolescente, me encantó cómo abordaste las personalidades de ambos. Martín es un personaje casi desagradable cuando lo imagino pero sus pep talk funcionó bien… espero enterarme en la parte 2.
Muy bien escrito!!! No lo calificaré.
Muy bello! A veces se necesita ese empujón que da inicio a lo que uno no quiere ver. Esperemos que haya parte 2 jijiji