Soñé que estaba en un pueblo desierto. Ni un alma fuera de la mía divagando por aquel lugar, como si el apocalipsis ya hubiese sucedido.
Era extraño, no recuerdo cómo llegué a este lugar sin nombre con paredes grises y cristales rotos.
En el corazón guardaba una pena honda, como si mi pecho llevase las marcas de un dolor antiguo.
El pueblo tenía una gran mina a tajo abierto con sus círculos concéntricos que descendían.
Hacía frío, no estaba tan alto; pero, hacía un frío húmedo que dolía con tan sólo respirar.
En un punto del sueño, una chica apareció: fue aterrador.
No tenía rostro, tenía el cabello lacio, oscuro, largo y grasoso; pero, no había una cara reconocible en ella.
Apareció de la nada, y de la nada empezó a seguirme con un paso firme.
Yo, al principio, no le di importancia, me cambié de vereda, con la esperanza de que ella siguiese su errante camino.
A donde yo iba, ella me seguía.
Cuando caí en cuenta de que me estaba siguiendo sentí aún más miedo, ¿qué le había hecho a esa loca?, no tenía la menor idea.
Su andar iba in crescendo.
Yo empecé a tener miedo, sobre todo porque la calle en la que me encontraba terminaba directamente en el tajo.
No entendía que pretendía, yo caminaba tratando de ver cómo evadirla o quizá como enfrentarla; pero, pude ver cómo en medio de la oscuridad de su rostro brillaban unos ojos rojos.
Era como si en cada ojo brillara un led, una luz artificial y aterradora, que me hizo desistir de luchar.
Cuando llegué al borde del tajo, ella siguió avanzando a mí.
Tenía el corazón acelerado, sudaba en medio del frío.
– Por favor, déjame -grité con todas mis fuerzas.
Ella no se inmutó.
Al estar frente a mí, sin discursos grandilocuentes ni absolutamente ningún argumento, me empujó.
Yo caí varios metros al fondo del tajo en donde quedé en una especie de cemento que iba fraguando.
En ese momento divisé arriba a la tipa y a Claudio, ¿qué carajos hacía Claudio aquí?, no me lo pregunten, no lo sé.
A diferencia de la saña que tuvo conmigo, la tipa no le hacía nada a Claudio; pero, ambos miraban cómo me hundía.
Como si de un espectáculo gore se tratase.
Cuando pude reconocer a Claudio, le grité.
– ¡Claudio, ayúdame por favor!
Pareció que mi voz despertó a Claudio de su aletargamiento; pero, permanecía mudo.
Atinó a mirarme con atención, sonrió; pero, al devolver la mirada a esa tipa, pude ver cómo su sudor se evaporaba en una nube de furia.
– ¡No! -gritó ella con una voz posesa.
Él me miró con pena y siguió buscándola con la mirada, esperando el permiso de ayudarme; pero, eso no sucedía.
Entendí que estaba sola y que sola debía salir.
Me moví con calma, procuré tomar una posición horizontal y alcancé un borde del que me pude sujetar.
Con calma, me dispuse a sacar una a una mis piernas. Tiritaba de frío.
Mientras salía de mi prisión de concreto, con el rabillo del ojo miraba arriba. Ni Claudio ni la tipa se habían movido.
Él tenía la mirada triste; pero, poco o nada me importaba, me había dejado sola, ¿qué poder tenía esa tipa en él?
Logré salir, logré subir y cuando llegué arriba, sin duda alguna y en un movimiento limpio… la tipa me volvió a arrojar al fondo del tajo.
Mientras caía, pude ver cómo ella se daba la vuelta y Claudio salía tras ella.
Fue horrible, fue doloroso, no sólo volver a golpearme contra las piedras hasta llegar al fondo; sino, sentir el abandono al que me sometió Claudio.
Conocía la ruta, volví a moverme con sigilo y calma para salir del pozo, empecé a subir y al llegar arriba, efectivamente, no estaban ambos.
Empecé a caminar con temor; pero, la presencia de ella se había disipado en el aire.
Donde encontré una esquina la tomé para salir de ese camino, para encontrarme con una escena impactante.
Bañado en sangre y con el cuerpo inmóvil de ella a sus pies, encontré a Claudio.
Ella, a pesar de seguir sin rostro, al menos sin uno que yo pueda reconocer, ya no tenía los ojos rojos.
Pude ver cómo lloraba y pedía ayuda.
– ¿Qué has hecho? -le grité a Claudio.
– ¡Tenía que hacerlo! -me respondió.
– ¡Lárgate de aquí! -dije- no me auxiliaste para irte con ella y ahora la matas, ¿qué tienes?
En mis brazos ella murió.
De pronto, todo se llenó de bruma y aparecí, con Claudio, en un bosque de pinos altos, verdes y frondosos.
Al fondo pude divisar una cabaña negra, absolutamente negra, hasta las ventanas estaban pintadas.
– ¡Claudio! -grité- ahora vas y te metes a esa cabaña y de ahí no sales.
Sin objeción alguna, Claudio ingresó a aquella particular cabaña.
Fue extraño verlo obedecer y, más raro aún, que cuando él ingresó a la cabaña, todo empezó a cambiar.
Por la chimenea, empezó a salir humo y desde las ventanas negras empezó a brillar una luz que adquiría más y más intensidad.
Cuando me di cuenta, la cabaña había dejado su negritud y tenía unos colores que yo no sabía que tenía previamente.
En verdad, en aquel momento sentí que no recordaba que era así de cálida, luminosa y colorida aquella cabaña.
Cuando entré a ver qué estaba pasando, Claudio me esperaba con una taza caliente de chocolate y unas galletas.
Era irreal, era imposible que Claudio hubiese hecho tanto en tan poco tiempo; pero, ahí estaba el calor y el chocolate.
– Debemos seguir avanzando -le dije, señalando la puerta.
No avanzamos mucho por el camino, cuando mis piernas flaquearon y el cansancio pasó factura.
Claudio me tomó por las rodillas y la espalda y cargó conmigo largos kilómetros hasta que aparecimos en un jardín de lirios del valle.
Con cuidado de no tocar los lirios, Claudio y yo nos sentamos, sintiendo que habíamos llegado a donde teníamos que llegar.
Aún no entiendo bien qué soñé; pero, Claudio está ahora aquí a mi lado y esto es lo más cerca que he estado al día después del apocalipsis.
3 respuestas
Ufff! Me encantó.. un sueño súper lleno de simbolismos muy analizables. Que loco que puedas narrarlo y da la sensación de que lo hubieses soñado
Fernando, entiendo que es tu primer relato de fantasía y terror, no puedo negar que me metiste en la historia.
Me gustó cómo dejaste hasta casi la mitad de la historia la revelación de que es una protagonista femenina, cosa que le da un tinte aún más profundo al resto del relato.
Si soñaste esto, mándame un audio de cómo lo relatarías con tu voz.
Me encantó leerlo, no lo calificaré.
Wow… Que historia! Me encanta que estés entrando en nueva líricas. Éxitos!