Tengo el alma acongojada,
saturada de tristezas,
que convierten a mi alma,
en presa fácil de cadencias.
Siento al alma torturada,
por tus labios que me queman;
yo sé bien que no son míos,
pero igual los míos besan.
Y yo siento agua hirviendo,
cada vez que tú me besas,
¡Mucho duelen las heridas,
que en mi piel tus besos dejan!
Mi tortura se completa,
al dejarme tu abandono;
me acompaña, me aconseja
que te deje y no lo oigo.
Pero antes me dejaste,
y mataste casi todo,
¡Gracias luna por salvarme!
Si tú mueres, muere todo.
Pues tu luz se escondería,
tras el luto de su velo,
nadie más la miraría,
¡Sin la luna yo me muero!
Ya que al irte fue la luna,
quién brindome su consuelo,
y la amé como a ninguna,
la amo más que a tu recuerdo.
Hoy el sol ya está cayendo,
y su luz consigo lleva,
hoy termina mi tortura,
¡Volverá la luna llena!
Alonso Quijano
Pcl – 17/01/10
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