EL ORDEN DE LAS COSAS

EL ORDEN DE LAS COSAS

Sus palabras fueron firmes: “no lo hagas”. Que ella me lo dijera lo volvía ley; pero, no podía dejar de preguntarme el porqué de su determinación al decírmelo.

– En verdad, hijo lindo, avanza y después ya descansarás -insistió mi abuelita.

El asunto en cuestión era mi año sabático.

Después de muchas negociaciones con mis papás, habían accedido a que pudiera tomarme una pausa de un año para emprender un negocio y ver qué tal la vida.

La universidad me tenía harto, los profesores, la monotonía, todo me traía hastiado y necesitaba nuevos aires.

Tomarme un año para trabajar, emprender y buscarme la vida me parecía la aventura que necesitaba para encontrarle sentido a mis mañanas.

Desde que se empezó a comentar mi pedido en la casa, mi abuela Lady se mostró en contra y su renuencia sólo aumentó en el tiempo.

Al principio, ella buscó hablar con mis padres, primero con mamá y luego con papá, para que me hicieran entrar en razón.

No era cuestión de entrar en razón, era cuestión de darle un giro a mi vida.

El tiempo pasó y la posibilidad de hacerme una vida se iba consolidando hasta que tuve aquella conversación en la que me autorizaron un año sin estudiar.

Claro, no era un año en mi cama, era una temporada completa para trabajar y llevar algo a la casa.

Mi abue se enojó mucho cuando supo que mi pedido había sido aceptado por mis papás; entonces, pasó directamente a la carga.

El fin de semana pasado, mi abuela me invitó a tomar un chocolate en nuestro lugar favorito del mundo.

Giannina, la fundadora de aquella chocolatería, era una entrañable amiga de mi abuela y su local -Ukaw- era lugar de peregrinación regular para ella.

Llegamos y pedimos lo de siempre, dos chocolates de la abuela y un club sándwich para compartir.

– Negrito, escúchame, seguro que sabes de qué te quiero hablar; pero, sé que no sabes por qué mi afán -dijo mi abue.

Eso era cierto, la conversación era más que predecible; pero, no sabía de dónde tanto afán por parte de la abue con que no me tome ese sabático.

– Cuando tenía tu edad se volvió muy usual que los jóvenes entremos en negocios multinivel para volvernos nuestros propios jefes -empezó la abue– empecé a ganar dinero y decidí dedicarle tiempo a ese ‘emprendimiento’ que me amarró más de dos años, que me dejó endeudada y que, sobre todo, descuadró mi itinerario…

Para ese momento yo tenía en la boca un: “esa es tu historia, no la mía”, pero creo que fue demasiado obvio.

– Antes de decirme que eso no te pasará, déjame terminar y después me replicas lo que quieras -continuó la abue– decirle a mi papá, tu bisabuelo, que dejaría la universidad porque había encontrado un camino nuevo, sé que le rompió el corazón.

Muchas veces me dijo que no lo hiciera, que después tendría tiempo, que él necesitaba sentir la tranquilidad de dejarme mis estudios concluidos; pero, no entendí nada.

Tú no te acuerdas; pero, en esa época acabábamos de salir de una pandemia que se llamó covid y yo no quería saber nada de más encierros o límites porque la vida se podía acabar en un suspiro.

Miraba a los ojos a mi abue que me hablaba con firmeza. No me atreví a interrumpirle ni con un gesto.

– El único detalle es que me olvidé que no sólo mi vida se podía ir en un suspiro; sino, también la de él. Hijo lindo, ya llevaba un año en esto de ser emprendedora cuando mi papito se puso malito.

En menos de dos semanas pasé de ser una promesa del derecho y los negocios a una huérfana. Mi papito se fue a una velocidad inimaginable y me tocó quedarme con tu bisabuela y mis tres hermanos.

¿Sabes lo que fue para ella? Lo peor fue que me tomó otro año salirme de ese negocio de porquería mientras mi mamita lidiaba con el luto, cuatro hijos y una casa que pagar.

Nunca había conocido la historia de mis bisabuelos, la de mi abuela claro que la conocía.

Todos sabíamos de mi abue, la jueza Lady, primera mujer de mi región en formar parte de la Corte Suprema de Justicia del país.

Mi abue era una leyenda entre nosotros, hijos, nietos y sobrinos.

Verla ahí con sus ojos brillantes y pegados a los míos, con esos rizos cenizos y esa piel arrugada por los años, era imponente.

– Hijito, no te estoy diciendo que tus papás se vayan a morir ni que eso fuera el fin del mundo. Gracias al trabajo de mi mamita pude hacer todo lo que hice y ahora tengo hijos y nietos lindos, como tú.

Lo que te digo es que el tiempo pasa, hijito, y ahora puedes sentir que te sobra el tiempo y la vida y que estás demasiado cómodo.

Hijito, no seas tonto, da gracias y haz de más, no busques complicarte la vida o dejar para después lo que tienes que hacer ahora.

Si tuvieras un corazón de empresario, si tuvieras claro el negocio en el que te quieres meter yo misma te daría dinero para que lo empieces; pero, estás buscando una aventura… no seas cojudo, hijito.

Termina la universidad y, con tu cartón, anda y has lo que se te venga en gana, quitándole a tus papitos la presión de tus estudios y sabiendo tú que eres absolutamente dueño de tu destino.

Jamás imaginé a mi abue diciéndome cojudo; pero, era eso, un niño rico y cómodo buscando complicarme la vida porque tenía demasiados ‘privilegios’, una cojudez tras otra en mi argumento.

Mi abue no dejó el modo jueza y terminó su sentencia diciendo:

– Hijo, te propongo algo, vete a hacer un voluntariado en Huaraz este verano con tu tío José, ahí en el oratorio siempre faltan manos. Yo te pago los pasajes y te dejo algo para que ayudes a tu tío y lo lleves a comer o pasear, desde que se hizo cura fue un problema darle regalos, no me los acepta.

En fin, ¿quieres aventura?, anda con tu tío, regresa, acaba esa carrera y después improvisa; pero, has las cosas en el orden y tiempo adecuados.

No pude decir nada. Asentando la cabeza, como un perrito de taxi, recibí una cachetada de realidad, amor y vida.

6 respuestas

  1. Una pequeña decisión puede cambiar la vida, por eso es importante saber elegir a quién escuchar.
    Como siempre un capo Dr. Fernando. Saludos!

  2. Excelente relato. Ojalá todos pudiéramos tener una jueza Lady en nuestras vidas y siendo cual sea nuestra condición, saber escuchar, saber entender y saber tomar decisiones para encaminar nuestras vidas.

  3. Fernando, 9 estrellas!!!
    Está columna ubicada en el probable año 2070 u 80 es verdaderamente atemporal.
    Esa abuelita comparte sabiduría que atraviesa las generaciones y cielos que casi escucho a mi mamama Pepita o Haydee en sus palabras.
    Disfruté muchísimo tu columna. No es necesario calificarla.

  4. Es cierto… Ya nos vemos así en un futuro 😅 pero es muy cierto, mis padres también me dijeron lo mismo primero tus estudios, queremos esa tranquilidad. Luego lo que quieras hacer, una verdad que a veces no queremos ver, pero es necesaria esas cachetadas de realidad.

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