LA IMAGINARIA

LA IMAGINARIA

La diferencia entre un delirio y una ilusión es que, en la segunda, estás convencido que algo (o alguien) no es una cuestión imaginaria, sino real.

La Imaginaria llegó a nuestras vidas cuando nuestro hermano Andrés llevaba unos cuatro o cinco años soltero.

Soltero por trauma, por temor la repetición del dolor, soltero; pero, nunca solo.

Después de aquella ruptura y una considerable cantidad de affaires, La Imaginaria fue la primera chica que Andrés nombró seriamente.

La descripción de La Imaginaria era casi irreal.

Una chica entrada en sus veintes, guapa, divertida, estudiante de arquitectura y que quería mucho a mi hermano (aun conociendo sus antecedentes).

Por su parte, Andrés andaba flotando, sonriendo de la nada, ¡hasta arreglándose el cabello y vistiendo mejor!

Todos nos quedamos extrañados de ese nuevo sujeto que vestía la piel de Andrés.

Tengo que explicar, antes de continuar, porque estoy hablando en plural ¿Quiénes somos nosotros?

Es un poco complicado definir qué o quienes somos realmente.

A la fecha llevamos once años reunidos en una especie de fraternidad/secta/esquema Ponzi sin clara definición.

Entre nosotros hay abogados, ingenieros, cocineros, policías, comunicadores, administradores y hasta psicólogos.

Siempre hemos evaluado incluir a un contador para que podamos entrar al mundo de las actividades ilícitas, pero, a Dios gracias no hemos encontrado uno que nos convenza.

Nos hacemos llamar el TMT, por las siglas de “The Moshacos Team”.

La idea surgió del crew de un boxeador llamado Floyd Mayweather que tenía las mismas iniciales; pero con diferente significado.

Para quienes no estén familiarizados con el hablar amazónico, moshaco/a es un sustantivo que define a una persona coqueta, un conquistador, un Don Juan o una Doña Flor.

Andrés es miembro del TMT y lo era cuando se enamoró de La Imaginaria.

Cuando supimos de ella, todos comenzamos a doxearla (buscar información de ella); pero no era nada sencillo sin un dato inicial.

Andrés es conocido por no saber nunca nada de nada ni de nadie, es una tumba sellada con lava.

Nos tomó cerca de un mes sacarle el nombre y otro más el apellido, Andrés era demasiado reservado con sus relaciones y aún más con La Imaginaria.

Las redes sociales no fueron de mucha ayuda. La encontramos en Facebook, pero, resultó que publicaba poco o nada.

La fraternidad estaba muerta de la curiosidad y el chisme ya que nos causaba mucha suspicacia que aquella guapura se fijara en nuestro hermano.

Andrés nos pedía un voto de confianza y nosotros se lo negábamos en reiteradas ocasiones.

– Queremos una foto juntos, una videollamada con testigos para saber que La Imaginaria existe -demandábamos con una injusta autoridad sobre él.

La Imaginaria fue causa de amplios debates y cuestionamientos, le preguntamos una y otra vez, buscando alguna incoherencia en el relato, pero era imposible.

Tenía una narrativa más sólida que la de un político competente en campaña (así mienta en cada letra).

Siempre era lo mismo: se conocieron por redes y empezaron a hablar. Eventualmente, en una vacaciones de medio año, se vieron en persona y todo fluyó naturalmente.

Recuerdo que una vez lo convencimos de que la invite a una videollamada con el TMT.

Viendo en perspectiva, no sé en qué cabeza se le ocurrió que aquello sería una buena idea; pero, finalmente La Imaginaria ingresó.

En el instante que vimos el nombre de La Imaginaria en la videollamada nos volvimos unos neandertales.

Automáticamente empezamos a gritar como babuinos en celo, a gemir como cerdos: todo se volvió un caos.

En aquel bullicio, sólo una pregunta se logró entender o al menos sólo recuerdo una:

– Amiguita, ¿en verdad existes?

Todos rompimos en carcajadas, pero no pudimos ver su reacción ya que ella estuvo todo el tiempo con la cámara apagada.

– ¿Ves que no existe? -dijo uno de nosotros.

– Carajo, ¡sí existe! -respondió Andrés, con su marcado rotacismo.

– Entonces, ¿por qué no prendió su cámara? -increpó otro

– ¡Porque le llegan al pincho! – respondió entre risas.

La conclusión a la que llegó el tribunal de honor del TMT fue que La Imaginaria no existía o al menos no había pruebas fehacientes de su existencia en este plano real, más allá de la mente de Andrés.

La anécdota de La Imaginaria sucedió hace varios años y no volvió a nuestras mentes hasta ayer cuando, en la discoteca, Andrés saludó a alguien desde el balcón de la terraza y le preguntamos: ¿A quién saludas?

Si respuesta nos heló:

– A La Imaginaria.

Automáticamente los babuinos volvimos a los gritos tratando de identificar, como un misil Patriot, a nuestro objetivo.

Estuvimos, sin exagerar, más de quince minutos buscando entre la gente a La Imaginaria.

Algunos trataban de hacer memoria y recordar el nombre, mientras otros buscaban en Facebook las fotos de La Imaginaria a ver si podíamos cotejar entre los asistentes al antro, pero, nada.

Fracasamos en nuestro intento de encontrar a La Imaginaria.

Fue gracioso volver a tener la capacidad intelectual de un simio, la chacota de un puberto y la picardía de nuestros años mozos.

Nunca sabremos si La Imaginaria existe.

Lo que sí sabemos es que, si existe, aquel día tendrá que rendir cuentas al TMT, eso es seguro.

3 respuestas

  1. Me encanto. Como en algunas historias me quedo esperando saber que sigue? que oaso? porque? Jijijijiji. Divertida e intrigante historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *