OBSESIÓN

OBSESIÓN

– Ficción breve –

 

Me encuentro en radical oposición a lo que la sociedad llama hoy obsesión, no entienden la necesidad de proteger lo que se siente propio.

Todos aquellos que critican mi postura simplemente no han amado o sentido algo tan suyo que no estén listos o listas para soltarlo, y si lo están es porque no lo desearon con todo su corazón.

Que decidiera alejarse de mí, y que yo aceptara esa realidad, se suponía que era parte de nuestro juego.

Se suponía que tendría que haberse ido un rato, haber llorado un poco y volver suplicando que siguiéramos con nuestro juego, nuestra dinámica.

No lo entenderían, nadie lo entiende. Somos un dúo muy particular, único, una combinación perfecta.

Lápiz y papel, labial y boca, esclavo y amo.

Nacimos para estar juntos y algo se me salió por completo del guion.

¿En qué momento se atrevió a seguir adelante con su vida sin mí? ¿Qué le pasa?

Nadie me puede quitar de la cabeza que fue ese grupito que siempre me detestó, ese mismo grupito que siempre intentó separarnos.

Nunca entendí por qué. Ambos estábamos bien, a nuestra manera, pero bien.

Sí, soy consciente de que dependíamos el uno del otro y de que muchas veces el sometimiento que ejercía era un tanto fuera de lo ordinario, pero así nos amábamos, así me amaba.

Pero, claro, toda la mierda que esa gente le metió en la cabeza hizo que me dejara.

Felicidades, malnacidos, lo lograron, me dejó para siempre.

Bueno, eso es lo que cree ese grupito de porquería y seguramente también mi ex, pero jamás se librará de mí.

Sé que no lo aparento, pero a mí nadie me quita nada, nadie me gana un juego. Yo soy quien juega, no los demás.

Se creen profesores, y yo soy la dirección; se creen jugadores, y yo soy la FIFA. No pueden ganarme, nadie sale de aquí hasta que yo así lo diga.

Los bloqueos en redes sociales fueron el inicio de mis acciones de presencia. Seguro que más de uno de ustedes se preguntará: ¿presencia desde la ausencia?

Son cachorros, pues, son cachorras en esto, no saben lo que es amar.

Cuando bloqueas en redes sociales a esa persona, es para que piense en ti; luego empiezas el juego de desbloquear y bloquear.

Más temprano que tarde, ingresas a ver historias en redes, esas que se supone que no puedes ver porque las redes están bloqueadas.

Claro que siempre debes dejar canales de contacto indirecto, como esas cuentas que compartían y que siguen ahí, dando vueltas.

Bueno, estuve esperando a que retomase el juego, incluso cuando se atrevió a publicar que andaba en algo con alguien.

No saben la risa que me dio enterarme. ¿Pensaron que ahí acababa el juego? ¡Pues no!

Esperé, esperé pacientemente a que su mentira se extinguiese; pero no acababa, seguía avanzando.

Veía cosas que nunca había visto y empecé a sentir que en verdad no iba a regresar.

No puedo hacer mucho con esa persona, no en este momento; así que tengo que ocuparme de su pasatiempo, porque eso es lo que es, un juego.

Hace unos días tuve la brillante idea de adquirir un puñado de tarjetas SIM y un equipo muy económico.

Estamos en Perú; no necesité mi identificación para adquirir ninguno de los elementos de la parte dos de este plan.

Las llamadas se han convertido en mi nuevo entretenimiento: contesta y siento el miedo en su voz, o en su silencio.

Finjo la voz, pongo ruidos obscenos de fondo y digo la primera estupidez que me viene a la cabeza.

Estoy seguro de que, cuando han conversado de estas llamadas repentinas, he tenido que ir a la mente de ambos, pero podría apostar que no son capaces de mencionar mi nombre.

Somos lo que somos. No estoy del lado de la presa, sino del cazador.

Tengo la apariencia perfecta porque no hay peligro en mi manera de vestir, de hablar, de existir.

Pocos sospechan de mi peligrosidad, pero tampoco es que puedan hacer algo al respecto.

Sobre mi juego: no pienso detenerme. Lo que me pertenece así será para siempre, por mandato divino, del destino o de quien me apetezca.

Y es que ustedes no entienden el vacío que quedó en mí cuando vi que seguía rumbo sin mí.

¡Tienen idea del dolor que se siente! No, seguro que no saben lo que se siente una traición como esa.

Me acostumbré por más de diez años a jugar a las idas y venidas para que ahora decida irse y no volver más, ¿con qué derecho?

Las reglas eran claras, se iba cuando lo mandaba, volvía cuando lo pedía y hacía lo que yo quería.

No critiquen nuestro amor. Era nuestro y nos funcionaba: como pareja, como amigos, como lo que fuésemos. Era nuestra dinámica.

Si no fuera por esas porquerías que le llenaron la cabeza de cosas, nadie me quita de la mente que estaría ahorita suplicando por seguir en nuestro juego.

Sé que se ha ido, sé que está con alguien más, sé que está haciendo una vida, pero no dejo de pedirle a Dios a diario que ponga todo en su lugar.

No hice nada que no hubiera querido o aceptado previamente. No tuvimos ni una sola dinámica en la que las normas, nuestras normas, no estuvieran clarísimas desde el inicio.

¿Hay cansancio? Sí.

¿Pienso detenerme?… ¡No hay forma!, voy a seguir porque eso es lo que hace una persona cuando ama, cuando defiende lo propio y mi partner sabe que me pertenece.

Me pertenece su aroma, sus ideas, su tiempo, su vida, me pertenece su ser por completo.

En el mundo existen dos tipos de personas, los amantes y los amados.

Los amantes aman por el placer de amar, incluso sin recibir nada a cambio de su amor. Es doloroso, pasional y entregado.

Los amados nos complacemos en ser el objeto del deseo del amante; recibimos sin dar nada a cambio porque nuestra retribución es el ser, el estar en la vida de la otra persona.

No dejaré jamás de estar en el bando de los cientos de miles de amados y amadas que habemos por el mundo, así como jamás dejaré que dejes tu rol de amante.

Dicen que la obsesión no es amor. Quienes lo dicen no saben del amor. Solo puedo jurarles una cosa: sé que volveré a su vida.

5 respuestas

  1. Qué buen relato Fernandito. Me gusta mucho cómo logras plasmar la obsesión y esa parte oscura que muchas veces confundimos con amor. Creo que ahí está lo interesante de la historia: entender que amar no significa poseer, controlar ni necesitar al otro hasta el punto de perderse a uno mismo. La obsesión disfrazada de amor termina haciendo daño, excelente manera de abordar un tema real en esta actualidad que llamamos amor a lo tóxico, tus relatos siempre dejan algo en qué pensar.

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