¿DÓNDE ESTÁS, MERCEDES?

¿DÓNDE ESTÁS, MERCEDES?

Uno de los hitos más importantes de la vida es descubrir qué nos inspira. Averiguar qué es lo que nos mueve constituye uno de los puntos de quiebre más relevantes de nuestra existencia.

Este no es un proceso ni simple ni breve. Es una mezcla dura de autoconocimiento, limpieza y valor. Si, por obra de la fortuna, logras descubrir tu pasión, ¡sujétala con fuerza!, ¡no la abandones!

Soy un férreo convencido de que la pasión es algo que nos identifica y nos diferencia de los demás. Por más que dos personas compartan una misma pasión, el abordaje, la sensibilidad y lo trascendente de estas nunca podrán ser iguales.

Es así la pasión, el lucero que ha de guiar nuestras acciones por la senda de la felicidad y la plenitud.

Desarrollar una vida, con o sin pasión, requiere definir el entorno en el que la vivirás. Este punto no es menor; la mejor semilla y el mejor agricultor no podrán hacer nada en el peor clima.

Las personas que nos rodean, las relaciones que construimos, las amistades que compartimos este breve lapso llamado vida son muy importantes. Es por eso que le debo y agradezco tanto a Mercedes.

Sin Mercedes, Gabo jamás hubiera brillado todo lo que brilló. Sin Mercedes, no existirían Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, Ojos de perro azul o El amor en los tiempos del cólera.

¿Por qué afirmo tan contundentemente esto? Simple, Gabo solo escribió un libro antes de casarse con Mercedes: La hojarasca. El escritor se volvió escritor junto a su Mercedes.

“Mi signo es Piscis y mi mujer, mi esposa, es Mercedes. Estas son las dos cosas más importantes que han sucedido en mi vida, porque gracias a ellas, por lo menos hasta el momento, he conseguido sobrevivir escribiendo”.

Gabriel García Márquez (1973).

Los lobos con los lobos, los perros con los perros. En este tiempo de relativismos y homogeneidades, las condiciones particularísimas de los seres están más ignoradas que nunca. El mundo pretende que todos seamos lo mismo.

Cada día despertamos con una nueva lucha. Vivimos en un marxismo 3.0, donde todo el tiempo nos inventan un nuevo rival. ¿Qué, ya no hay lucha proletaria? ¡No importa! ¡Vamos! Negros contra blancos, gordos contra flacos, mujeres contra hombres… ¡todos contra todos!

No existe nada más soso y aburrido que ese ridículo concepto de que todos somos iguales. ¡No somos iguales! ¡Todos somos increíblemente diferentes!

Antes de que algún ofendido, ofendida u ofendidxyz me intente funar, permítanme explicarlo. Somos y debemos ser iguales en derechos y deberes. Nadie merece no tener las mismas oportunidades que otro en la vida.

¿Estamos claros? Bueno, fuera de eso que es el marco general donde jugamos este juego de la vida, como dijo premonitoriamente en 1953 Daniel Santos, en la vida todo gira en torno a nuestras diferencias.

Mi realidad de vida no es la misma que la de ninguno de mis amigos, incluso de aquellos con quienes compartí aulas. No soy igual a ninguno de mis compañeros de trabajo, de iglesia o de tribuna.

Pretender que somos iguales es suprimir por completo los talentos y las esencias propias del alma.

¡Somos diferentes! Mercedes era una sabia, divertida y recia mujer, encargada de inspirar al genio, de resolver el día a día en casa, de hacer florecer el hogar.

Gabriel era un soñador empedernido, artista y niño. Era el encargado de proveer al hogar a través de su arte. Su misión en la vida era amar a Mercedes y escribir, en ese orden, sin alteración alguna.

La gran misión del Gabo fue surtirle al mundo su arte y abastecer su mundo (el que tenía a Mercedes como su sol y a sus hijos como los planetas) con su arte.

El Gabo jamás hubiera podido ser alguien sin su Mercedes. Aquí vuelvo a hacer una pausa porque, en estos días, el uso del posesivo está cada vez más vetado.

¿Por qué “su” mujer? ¿Acaso es una cosa? ¡No, carajo, no! Es su mujer porque ella se entregó a él, así como él es su marido porque se entregó a ella.

Si algún día pudieran salir de su burbuja yoísta, egocéntrica y acaparadora, entenderían un poco de qué se trata esa ‘locura’ de entregarse, de darse, de amar, y quizá dejarían de andar quejándose por todo.

Gabo es quien fue por seguir su pasión, la pasión de escribir, de soñar y de amar a Mercedes. Gabo tocó la gloria en esta vida porque amó intensamente su vida y siguió siempre su pasión.

Ojo, esta no es la beatificación del Gabo. Amo su literatura y deploro contundentemente su postura política. Simplemente no podría aguantar diez minutos hablando con él sobre su amistad con Fidel o Hugo, a menos que fuera a escribir cómo esa fue la larga sombra de la luz del más grande escritor del último siglo.

Hace muchos años escuché una frase que empezó a hacer eco en mi mente hace no tanto. La frase es atribuida a la argentina Nuria Casán. Es corta y podría ser considerada bastante estúpida por algunos.

Dice: “Si querés llorar, llorá”. Y sí, es absolutamente real. Si lo que deseas en el corazón es llorar, ¡hazlo! Si en tu corazón deseas viajar, ¡viaja! Ahora, si lo que tu corazón más quiere es contar historias, si deseas ser escritor… ¡escribí y dejá de joder!

Más o menos así es como empezó esta página. Porque, a pesar de tener una novela publicada, nunca me sentí más escritor que en estos días con mi blog, con una página web que muestra el fruto de mi arte y los resultados de la micro rutina que tengo establecida.

Me torturo, como muchos artistas, con los números de las visitas y los pocos comentarios que encuentro (cada quien se tortura con lo que quiere).

Me emociono cuando veo que me leen en otras ciudades y hasta en otros países.

Esta página me inspira a creer en el sueño de poder trascender en el mundo como un escritor, como un referente amazónico, peruano, sudaca… y quizá, solo quizá, como un referente universal.

Tiemblo al pensar en esto, en la posibilidad de lograrlo. Mi síndrome del impostor baila sensualmente al hula-hula, riéndose de mí, jugándome una nueva broma pesada, haciéndome dudar de quién soy y, más aún, de quién puedo ser.

Es en momentos como este cuando sueño con un beso de mi Mercedes o con una buena sacudida de neuronas que me aterrice, me encamine, me mande al carajo cuando lo necesite, y que no deje de creer en mí, como tantas veces yo lo hago.

Es ahí cuando sueño y deseo con todo mi corazón encontrar una Mercedes en mi vida. Mercedes es la metáfora más linda del equilibrio, del contrapunto, del balance perfecto entre el escritor y su musa.

Sí, lo sé, amigos psicólogos de redes sociales, sé que se supone que debería bastarme conmigo mismo para resolver todos los problemas de mi vida. Que debería y debería y debería… y todos deberíamos estar haciendo cosas que no hacemos. Es parte de nuestra condición humana, doliente y concupiscente.

Dicho lo dicho, ya extraño a mi Mercedes. Ojo, ser Mercedes requiere tener los ovarios bien fajados, y no cualquier tipito por ahí puede aspirar a estar a la altura de una Mercedes. Hay que ser bien hombrecito para conquistar a Mercedes.

Pienso en mi Mercedes y no me imagino a dónde podría llegar. Si en este momento me siento con todo el potencial de un cohete espacial, no me imagino si en el control de la misión estuviera sentada ella.

¿Cuánto bien le puede hacer a uno su complemento perfecto? ¿Cuánto mal le puede hacer forzar la pieza inadecuada? Hay algo importante a tener en cuenta: ni las Mercedes ni los Gabos están en una tienda para pagar, llevar y disfrutar.

Una pareja se construye con la materia prima que cada una de las partes trae a la relación. No existe una pareja hecha a la medida. Las parejas se esculpen con amor en la arcilla del otro; se amortiguan hasta calzar bien, como un zapato nuevo, con el paso del tiempo y el uso.

¿Qué podría lograr con mi Mercedes al lado? Es una pregunta que me ronda la cabeza hace mucho. Cuando pienso en mi Mercedes, pienso en alguien a quien me gustaría nominar, pero no es algo que de mí dependa, sino que depende completamente de alguien más.

¿Conozco a mi Mercedes? Hoy, creo que definitivamente quizás.

¿Existe una Mercedes para mí? En Dios espero que sí, que en algún lugar del mundo esté ese balance, esa patada, esa caricia.

Gabriel tuvo mucha suerte, como Mario con Patricia, como Barclays con Silvia… Espero algún día poder contarme en la lista de los afortunados, de aquellos que, al menos por un tiempo, estuvieron en la fila de los amores eternos, perfectos y florecientes.

La paciencia no me da para esperar tanto… ¿Dónde estás, Mercedes?

 

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16 respuestas

  1. Me encantó. Totalmente de acuerdo contigo. Creo que todos necesitamos a nuestra Mercedes, que nos ayude a florecer y fortalecer nuestro máximo potencial.

  2. Fernando, esta es la queja mejor escrita que he leído. Es posible sintonizar con tus emociones con una claridad que tus demás publicaciones no tienen. Dan ganas de abrazarte y hacer uno mismo el casting para tu Mercedes.
    Simplemente excelente

  3. No hay mejor forma de vivir la vida a lado de alguien con el cual puedas ser tú mismo. Que te inspire y te apoye. Excelente amigo Fernando, se que lograrás todo tus anhelos eres mucho más de lo que te puedas imaginar. Abrazos.

  4. Interesante relato querido Fernando, tiene una mezcla de emociones, que tocan el corazón. Dicen que el amor nos vuelve imparables, saca lo mejor de ti, te vuelve tu mejor versión…dichosos los que encuentran a su Mercedes en su vida (no todos tenemos la suerte), ese amor bonito que inspira, fortalece y engrandece.

  5. Pues la «mechita» de cada uno aparecerá en el tiempo y lugar indicado. Lo malo es que a veces no sabemos reconocerla. Excelente Fernandito. Motivador tu relato que nos invita reflexionar

  6. Coincido contigo, en que como especie no somos nada solitarios, siempre requeriremos un hombro amigo o un hombro de pareja.
    Y ambos, en una sola persona, es un golazo de chácala en el último minuto del tiempo suplementario, con el cual ganas el campeonato.

    Sin embargo, no podemos congelar el tiempo, no podemos dejar de no existir mientras tal mercedes no llegue. Hay que reinventarse y ampliar el horizonte, quizás no haya un hombro, y x esperar a mercedes no vimos algo diferente que nos inspire y sostenga.

    Porque hay una realidad que casi nadie se atreve a escribir. Mercedes puede ser fugaz. Y el arduo trabajo de conservarla agota porque se idealiza.
    Hay que elegir una sola obra de arte con Mercedes u otro camino lleno de más (qué para muchos incluso es incierto y a la vez glorioso)

    De todas maneras tu arte nos permite leerte una y otra vez
    En múltiples contexto

    Lo máximo

    Slds

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