Tras su máscara de seda
encontré lo inesperado,
lo que poco había mirado,
lo que no me imaginaba.
Encontré un paraíso
donde agua no emanaba,
emanaba hiel y vicio,
emanaba sal amarga.
Encontré en vez de riscos
como arenas que tragaban,
a quien cree un paraíso
esa ciénaga de ratas.
Encontré un horizonte
que la noche no ocultaba,
que al sol no devolvía
y con todo inspiraba.
A quien cree un paraíso
esa ciénaga de ratas,
a quien cree en esa seda,
a quien cree como yo.
Alonso Quijano
Lima – 17/10/10
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