Mi excelentísima Majestad Real Fania de los Cianes, los claveles y las rosas, la presente es una declaración de intenciones sobre el asedio que ejecutaré en los próximos días.
No vengo a negociar, no pretendo amenazarla o apabullarla, sólo quiero que sepa que la paz ya no es una opción y que, antes de la luna nueva, estaré en el portal de vuestro palacio para reclamarlo como mío.
No pretendo bajas innecesarias en el proceso; es más, no pretendo usar la fuerza para mi cometido.
Su reino se interpone en la plenitud del mío y voy a incorporarlo a mis tierras para así tener el reino que mis súbditos y los suyos ameritan.
Con respecto a usted, sepa que no tengo la intención de desterrarla o retirarle sus títulos nobiliarios. Nació princesa y morirá reina.
Ahora tengo para usted una propuesta: sea mi reina.
La conquista es inminente; la anexión de su reino al mío, también.
En tanto usted piense en los cianes, los claveles y las rosas, este reino podría pasar a ser de suyo a ser nuestro.
Caminaré con mis tropas hacia sus tierras, iré en una marcha firme que concluirá conmigo como rey de los Cianes.
Cada traba que usted coloque en el camino de mi reino al suyo será tiempo que me quite y trabajo que me sume, pero nada evitará que la conquiste a usted y a sus tierras.
No quise que sea así, he de confesar.
Me hubiese encantado que mis padres acordasen esta unión como corresponde; pero la temprana partida de los suyos, convirtió mi anhelo en una misión imposible.
Es usted una reina joven, bella y soltera. Es usted un desperdicio que no puedo permitir en este mundo.
Me es inevitable.
No existe otra forma en esta vida de poder hacerla reina de mi reino.
No me conquistará, y usted no accedería a una anexión por el honor de su corona y la sangre de sus ancestros.
Doy así la dignidad y legitimidad a la derrota que sufrirá.
La pongo en autos de lo que realizaré para que advierta a los Cianes, riegue los claveles y esconda a las rosas de mi estampida.
Mi entrada puede ser pacífica o ruidosa, dependerá de usted. Lo que encontraré en mi camino a conquistar su reino, también.
Háganos un favor, faltan días para la luna nueva, vaya y averigüe quién es este rey loco que le escribe.
Vaya y pregunte por los jardines de Lirios del Valle en los límites de su reino, por donde camina cada lunes, ingresando a mis tierras sin que nadie le diga algo.
¡Vaya! Pregunte por los acuerdos comerciales que firmó con la Corte de Hielo, averigüe quién abogó por el pequeño Reino de los Cianes, con la amenaza de desaparecerlos si confesaban algo de la gestión.
Vaya y averigüe el tiempo que he buscado que sepa quién soy; entienda que esta acción sólo concreta el reino que ya construí para usted en mis noches de insomnio.
Sepa usted que no pretendo ser un tirano, sino el justo rey que actualmente soy aquí.
Las cosas deben y serán así: yo seré el rey en nuestros reinos y usted será la reina en nuestro lecho.
Todo debe y será como tiene que ser.
Sabe, debo confesarle algo antes de cerrar este manifiesto.
Yo he rechazado casamientos al no poder hacer que mis padres concreten el nuestro.
Fueron lentos y, sobre sus tumbas, reclamé amargamente su demora.
Esa parsimonia me reventó cuando, entre los documentos de mi difunto padre, encontré la dote propuesta por su excelentísimo padre, poco antes de su muerte.
Mis padres, los reyes Arcadio VI y Margarita de Vermellón, decidieron no darle continuidad al proceso por respeto a la doble pérdida que sufrió su reino.
¡Ostras magentas! ¡Debieron haber hecho cumplir la voluntad de vuestro valeroso padre, para no estar aquí y ahora detrás de esta pluma!
Majestad, resumo estas palabras en mi renuencia a dejarnos inútiles en este mundo que fue hecho para nos.
Lea las veces que precise esta misiva.
Haga las averiguaciones que requiera para saber quién soy; pero, sobre todo, no luche contra lo inevitable.
Majestad, su mirada no miente y sus ojos me dijeron mucho en aquella cena en el Castillo de Sal de los reinos del Este.
Reina Fania, no seré jamás su vasallo; pero, sepa que tendrá gobierno sobre este rey el tiempo que los dioses nos permitan la vida.
Sabré su decisión de orden, si encuentro a las puertas de mi palacio un cesto con manzanas verdes cubiertas por un manto de lino.
Sabré que complicará todo si es que, hasta antes de que muera esta luna, usted deja un cesto con manzanas rojas cubiertas por una seda negra.
Si por A o B no existe una respuesta, iré buscando por el camino señales de los dioses; pero, el objetivo no cambia, ni cambiará.
Voy a conquistar el reino suyo.
La conquistaré junto a sus súbditos y cortesanos, sus animales, sus cultivos y su admirable peñón que se adentra en la mar.
Sea mi reina o sea mi reina.
Atentamente,
S.M.R. Arcadio VII,
Rey de Vermellón y los Cianes
5 respuestas
Wowwww que buena forma de indicar que no se rendirá para su conquista!
😊😊❤️❤️ donde se encuentran?
interesante…
Fernando, qué es esto?!
Escribiste una carta de amor tierna y agresiva, llena de mansedumbre y avasalladora.
Juntaste la pasión de un enamorado y la vulnerabilidad de un niño en un solo personaje.
Cuánto quisiera leer la respuesta de la reina Fania!
Me encantó esta columna!!!
No necesita calificación
Me encantó. Por las buenas o por las malas…pero como siempre me dejas con las ganas de saber que contesto ella jejejejje