TRAGEDIA EN IPARÍA

TRAGEDIA EN IPARÍA

(El siguiente es un relato basado en la trágica desaparición del ingeniero César Miguel Reátegui Torres durante el hundimiento de la embarcación Deo Rigo en un puerto informal de Iparía, recopilado del testimonio de amigos. Dios lo guarde en su Gloria)

 

Cómo le explicas a una familia que una adelantada cena de cumpleaños se convertiría en la última que compartirías con un hijo, un esposo, un padre, un hermano antes de que una serie de desafortunados sucesos lo desaparecieran.

Después de muchos años, como nunca, la familia de César se reunió a celebrar su cumpleaños.

Sus padres -separados hacía años- sus hermanos, su esposa, su pequeña hija, todos juntos para dar gracias por la vida.

En realidad, el cumpleaños de César era el 12 de diciembre; pero, aquel viernes 28 de noviembre sería el último día que estaría en Pucallpa, debido a que el sábado debía viajar hasta Colonia del Caco, centro poblado en el distrito de Iparía, para asumir su rol como docente y subdirector interino.

Se trataría de un viaje regular de unas seis horas río abajo en el Ucayali, lo normal.

  • Ya no es necesario que vayan el sábado, salgan el domingo, nomás -dijo en un mensaje el director del Instituto Superior Tecnológico Colonia del Caco a sus seis docentes que se encontraban en Pucallpa.

Cinco, incluido César, postergaron sus pasajes para tener un día más en casa, en familia… un último día juntos.

¡Qué más quería Cesítar! Él era un hombre de casa y felizmente casado hacía dos años con Soni, su gran amor.

Siete años de noviazgo, dos de matrimonio, una niña de un año y una segunda de tres meses en gestación: eran sus máximos logros.

Disfrutar un día más junto a Soni y sus niñas fue el mejor regalo que pudo tener, lo supo mientras tomaba la mano de aquella última vida que salvó en Iparía.

 

DOMINGO 30

A bordo de una embarcación pirata, desalmada y asesina llamada Deo Rigo, el ingeniero César Reátegui abordó con destino a Colonia del Caco.

Nada presagiaba lo que ocurriría cinco horas después, al llegar a Iparía.

Nada, salvo que la embarcación contaba con más de setenta almas (duplicando su aforo) y que se encontraba sobrecargada hasta el techo.

  • No había pasadizo, no había cómo respirar en esa lata -comentó una de las sobrevivientes que se quedó con el último aliento de César.

La madrugada del lunes, luego de orillarse en un puerto informal, el Deo Rigo abrió la puerta frontal de la embarcación y lanzó amarras.

César, muerto de calor bajó de la embarcación a estirar las piernas y ver los primeros rayos de la mañana.

En medio de este cuadro bucólico amazónico, César fue testigo de la tragedia.

De un momento a otro, una embarcación llamada Oriente, llegó y golpeó el barranco de tierra que era aquel puerto informal, que empezó a desmoronarse sobre el Deo Rigo.

Fue el impacto del Oriente, más la tierra, más las ventanas cerradas, más la sobrecarga…

Fueron todas esas negligencias las que hicieron que, casi en el acto, el Deo Rigo empiece a sumergirse.

Sin pensarlo dos veces, César bajó.

¡No debiste, César! Pero, tu corazón de padre, de hombre y protector no pudo con su nobleza.

Cuenta una testigo, amiga de César, que mientras ella se alejaba de la embarcación pudo ver a César cargando una bebé:

  • Ahí estaba él, sacando chalecos, auxiliando a las personas a salir. Una mujer le pidió que ayude a su bebé. Él lo hizo, la madre salió, recibió de vuelta a su hija… César no salió más…

Desde aquel momento, no se supo más ni de César ni de las más de treinta personas cuyos cuerpos pueden, o no, estar en aquella siniestra tumba llamada Deo Rigo.

Las primeras listas que circularon de manera preliminar tenían nombres y edades más que perturbadoras.

Sandro (nueve meses), Karely (dos años), Deysi (tres años), Daylor (seis años) … y la lista seguía.

La lista de heridos registró (oficialmente) veinte nombres y, un apócope, una nota al pie del informe señalaba lo siguiente: DESAPARECIDOS: 33 APROXIMADAMENTE.

Eso era todo, ni un nombre más en los subsiguientes reportes porque los asesinos, propietarios, piratas del Deo Rigo, no contaban con un manifiesto de pasajeros.

No existe una sola lista oficial que pueda decirle a Soni o a la treintena de familiares que pasaron toda la semana en el puerto esperando un milagro, si sus familiares estaban o no en la embarcación.

Para entender la magnitud de lo ocurrido, decidí bajar al puerto de Pucallpa a ver el río.

Sentado ahí durante una hora, mirando el majestuoso Ucayali, se me acercó de la nada un hombre de unos treinta y tantos años.

  • Esperas a alguien -me preguntó.

Fue raro, no esperaba a nadie, sólo quería entender un poco qué era todo lo que había acontecido.

  • No espero a nadie, ¿tú? -repliqué.
  • A mi hermano… -respondió con la voz entrecortada- aunque, podría no haber tomado ese bote…

De lo poco que esperaba mientras veía el discurrir del Ucayali, era encontrarme tan rápido con la tragedia.

Entendí que la tragedia no era la muerte; sino, la incertidumbre del silencio.

Comprendí que la tragedia no era despedirse de César; sino, no saber cuándo ni cómo pasaría eso.

Supe que el Ucayali sería la eterna tumba de muchos de ellos.

 

DOMINGO 7

Ha pasado casi una semana desde la tragedia y el Deo Rigo yace cinco metros bajo las aguas del Ucayali, en aquel puerto informal de Iparía.

Conociendo lo que es el río, las dinámicas y la naturaleza, lo que van a hallar en el fondo del río será un osario, para quienes hallen algo; porque a lo largo de esta semana, el Ucayali ya ha ido derivando cuerpos en distintos puertos.

Cuerpos sin rostro, sin carne, hinchados, irreconocibles.

Las fotos no se detienen en redes sociales, las mismas que parecen celebrar el dolor y el morbo.

En una semana de inmersiones sólo se ha podido recuperar el cuerpo de un bebé de seis meses de edad: resultado por el que la población de Iparía se encuentra indignada.

Pero, ¿qué será de esa indignación mañana?

Esta es la segunda columna que escribo sobre una tragedia rivereña en el río Ucayali.

En la primera, titulada Muerte en Bolognesi, contaba cómo el profesor Marvin sucumbió de un infarto fulminante luego de salvar más de una docena de personas en un hundimiento.

En aquella ocasión, la empresa responsable fue Transportes CR-II.

El nuevo victimario, la nueva empresa asesina se denomina Deo Rigo, que no es la misma; pero, hace lo mismo.

Fuentes señalan que surcaba el Ucayali sin autorización del Área de Transporte Fluvial de la Dirección de Transportes y Comunicaciones de Ucayali.

¿Dónde estaba la Capitanía de Puerto?

¿Dónde estaba la Fiscalía de Prevención del Delito para evitar todo esto?

¿Dónde estaba la SUNAT?

¿Dónde estaba la fiscalización de la Municipalidad Provincial de Coronel Portillo?

No sé quienes son los dueños de Transportes CR-II y de Deo Rigo; pero, ojalá que algún estudio jurídico se proponga sepultarlos y que nunca más lancen otro panteón a surcar el Ucayali.

Ojalá que las cosas cambien y que, en un año, no siga escribiendo estas columnas sobre tragedias tan necias.

Ojalá que Soni encuentre paz. Y que César, desde donde esté, sepa que su gesto sostuvo más de una vida y que no lo olvidaremos.

6 respuestas

  1. Bueno todo lo que expresas en esta misiva informativa me parece bien, pero ahora tu lucha es encontrar al dueño de la embarcación y pagué por los por los fallecidos que no quede impune, porque según los de la localidad dijeron los qué salieron a hacer la descarga debieron buscar una buena ubicación

  2. Que triste suceso, tuve la oportunidad de conocer a Sony, tan amable, tan risueña y feliz de su matrimonio y su familia, lamentablemente nunca sabemos cuando es la despedida final de las personas a las que amamos, espero puedan dar con los restos de su esposo y darle cristiana sepultura, nada va a apaciguar el dolor pero al menos el saber que ayudó a otros como último acto de ayuda al prójimo sea un recuerdo que sus hijos tendrán de por vida.

  3. Fer, Dios tenga en su gloria al Ing. César y su familia cuenta con mis oraciones.
    Recuerdo muy bien tu columna anterior y estoy completamente seguro de que, leído por las personas correctas, ambas columnad tendrán mucho impacto en las consciencias.
    Lo escribiste muy bien, aunque la columna sobre la tragedia del profesor Marvin me gustó más. De todos modos, 10/10 y muy bien escrito.

  4. Estoy segura Cesar está ya cuidando de los suyos desde el cielo y que los dueños de esa empresa de transportes les llegue todo el castigo…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *