LA FLACA DE SCHRÖDINGER

LA FLACA DE SCHRÖDINGER

Las inconsistencias de las personas forman parte de estas y de los desafíos que implican vivir y convivir con ellas. Todos tenemos en mayor o menor cuantía nuestras inconsistencias.

De todos los tipos o ámbitos donde se puede ser inconsistente, las inconsistencias de carácter emocional o sentimental son las peores.

Hace unos días tuve una conversación densa con dos amigos, uno de ellos en un estado alterado de la percepción de la realidad, fruto de conflictos no resueltos y dolores hondos.

Durante esta conversación Octavio dijo una serie de incoherencias que, en cualquier otra situación, serían más que cómicas; pero, al saber que en verdad creía en ellas, nos resultó preocupante.

Para él, resulta que es normal su ser. Él está bien como es.

Aunque eso sea bastante común entre las personas, normalizar ciertas conductas y pensamientos inadecuados, puede llevarnos a situaciones caóticas.

El caos es, por definición, la falta de orden u organización en algo o alguien. Octavio es un caos.

Cuando Octavio vio, hace ya unos años, que simplemente no quería estudiar más su carrera universitaria, inició una serie de triquiñuelas para disimular en casa y que nadie sospeche.

Fueron más de seis años los que le tomó a su familia sentarlo y obligarlo a confesar que simplemente no estaba estudiando.

Claramente la familia no es estúpida, ellos sabían que hacía demasiado tiempo Octavio no estaba estudiando; pero, existe un principio aún superior que debe guardarse: el respeto por la libertad.

Octavio estaba en pleno derecho de sostener una mentira así el tiempo que quisiera. Es su ‘libertad’ y él puede hacer con ella lo que quiera.

Obviamente, cuando esta mentira finalmente envolvió dineros, permisos y espacios comunes, la familia tuvo que intervenir; pero, no hasta que fue inevitable.

No soy quién, para juzgarlo; yo pasé por algo muy similar.

A los 17 años me mudé a Lima para estudiar artes escénicas. Ingresé en primer puesto a la Escuela Nacional de Arte Dramático y pensé que todo marcharía bien. Pero apenas me vi solo en mi cuarto, enfrentándome a la independencia, descubrí que no sabía sostenerla.

Mi desorden interno afloró: no podía ni tender mi cama ni mantener limpio el baño.

Ese caos también afectó mis estudios. Aunque asistía a clases y daba exámenes, jamás hubo un aprendizaje real. Mi inmadurez, combinada con algo de dinero y una vida desordenada, me llevó a reprobar la mayoría de los cursos y descuidar mi salud.

Sin embargo, en casa todo parecía estar bien.

Mantuve una mentira durante dos años, inventando excusas absurdas como que la Escuela no entregaba calificaciones, y lo peor es que llegué a creerlas.

Finalmente, tuve que volver a Pucallpa.

Derrotado, intenté justificarme con discursos vacíos sobre opresión y libertad creativa. Empecé una nueva carrera, pero el patrón se repetía: jalé cursos hasta que mi padre, con su serenidad habitual, me puso un ultimátum:

– «Me jalas un curso más y te pagas el resto de la carrera.»

Ese momento marcó un cambio. Entendí que debía dejar atrás las excusas y madurar. Desde entonces no volví a jalar un curso, terminé la universidad y, poco a poco, comencé a ordenar mi vida.

Si bien había logrado superar muchas de mis taras, la que más me costó fue la de emplear la mentira como recurso habitual. No fue sino hasta años después que he logrado mantenerla a raya lo mejor posible.

La verdad nos hace libres, es bíblico, es profético, es poético; pero, sobre todo, es verdad. No hay más libertad que la que ejerces en la verdad.

Ver a Octavio ahí enredando su vida académica fue un hecho que comprendí a la perfección y sospechaba que por algún lugar había más lana que ovillar para poder empezar a verlo crecer.

La lana apareció.

Resulta que hace un tiempo la flaca de Octavio es y no es su flaca, depende de quién pregunte, de dónde le pregunten, incluso depende de la hora en la que le pregunten.

Su propuesta para nosotros, Eliana y yo, fue la siguiente:

– Ella y yo no estamos hace más de un año. Somos buenos amigos y por eso en casa no tienen certeza de si terminamos o no terminamos. Y bueno, entre nosotros no hay nada, aunque este año tiramos un par de veces, ¡Pero por costumbre, no porque seamos flacos!

Además, tanto ella como yo podemos salir con quien queramos, no estamos, así que no hay problema…

Cuando escuché esto, saqué la metralleta y más o menos fue así:

– ¿Cada cuanto se ven?

– Casi todos los días…

– ¿Cómo le dices?

– ¿Cómo que cómo le digo? -repreguntó.

– ¿Es verdad que aún le dices bebé? -increpé.

– ¡Como a todas mis amigas! -respondió.

– A mí no me dices bebé, oye rata -intervino Eliana.

– ¡Si te digo, ya! -contestó Octavio.

– Me lo dices por joder, no porque me trates de bebé, qué asco contigo -replicó Eliana.

– ¿Entonces no están? -incidí.

– ¡Que no, carajo, no!

– Y ¿ella lo sabe? -puyé.

– Bajito de tu parte preguntar eso -dijo Octavio- pero sí, ella sabe que no estamos.

– Entonces ¿Por qué no lo dices abiertamente en casa? -increpó Eliana.

– ¡Porque no me da la gana!

– Y ¿Por qué no te da la gana? -pregunté.

– Porque se pusieran más intensos que ustedes…

– ¡Huevón! Son mentiras sobre más mentiras -grité- ¿En verdad crees que esta mierda va a acabar bien?

– Cuento con ello -afirmó.

– Estás cagado -dijo Eliana.

Octavio bajó la vista a media asta y empezó a llorar. Su dolor era real, la mentira era una herramienta para lidiar con la realidad; pero, no es una herramienta adecuada.

En 1935, el físico austríaco Erwin Schrödinger, en una crítica a la superposición cuántica, estableció una paradoja que es conocida como la paradoja del gato de Schrödinger.

En esta planteó, sarcásticamente, que algo puede estar en dos estados a la vez, como un gato simultáneamente vivo y muerto. Pero las personas no podemos vivir en superposición cuántica.

O tomamos decisiones claras, o el caos nos consume.

Aceptas el trabajo o renuncias, comes sano o comes chatarra, ahorras o despilfarras, te comportas como adulto o como niño, eres correcto o inmoral. Las cosas son o no son.

La vida no necesita más tibios ni relaciones ambiguas. Las cosas son o no son. Pretender vivir entre mentiras, como estar con la flaca de Schrödinger, sólo llevará inevitablemente todo al caos.

 

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7 respuestas

  1. Cómo tú dices las cosas claras, especialmente si son en relaciones, eso de darse tiempos o ser amigos y comportarse como una relación solo traerá dolor si no se tiene algo claro. Una de las partes siempre pedirá algo más o se irá con alguien más y luego empezarían las discusiones. Me da pena cuando se tiene que recurrir a las mentiras en temas serios como la educación… Pero en la inmadurez de uno siempre salen esas cosas. Pero 6 años es demasiado… Cómo lo dices aquí las cosas claras y como son.

  2. Bonita historia! Y súper interesante el tocar conceptos éticos relacionados a la correción de las cosas, o respecto de aquello que puede ser considerado como moral o no, más aún sobre la base de una sociedad con ideas trastocadas y que normaliza ciertas conductas, como el mentir o enmascarar mentiras detrás de la idea de «mentiras piadosas» justificándose en el hecho de no causar un año con la verdad, cuando es la mentira la que duele más. Un abrazo y gracias por la lectura!

  3. Fer, este es un texto que apela a muchos corazones que no entienden lo que es vivir en la verdad. La historia de Octavio tiene un cierto matiz de comedia… luego rompe a llorar y entra en un tono serio que exhorta al lector a preguntarse si está como realmente merece hacerlo.
    Muy bien escrito!!!
    5 estrellas!!!

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