(inspirado en una ilustración y premisa de Carlos Cavero)
El cuerpo de Juan Carlos Fasaba fue encontrado flotando debajo del puente Bravo, mirando la oscuridad del desagüe que discurría por lo que alguna vez fue quebrada con camaroncillos, cangrejos y algunos peces morados.
Juan Carlos no se movía debido a que el short azul que vestía, junto a aquella camiseta roja que usaba todos los viernes, se había atorado en un chasis oxidado que yacía en el fondo de la quebrada.
Con treinta y dos años, Fasaba era un perfecto ignoto.
No era más alto que el promedio, no era ni más gordo o delgado, no tenía ningún rasgo distintivo que lo destacara de una multitud.
Es usual emplear las siglas NN cuando alguien se refiere a un desconocido, el origen de estas letras radica en la expresión latina ‘Nomen nescio’.
En castellano se traduciría como ‘Nombre desconocido’ o simplemente ‘Desconozco el nombre’.
Juan Carlos, al momento de ser hallado, era un NN.
Fueron dos niños quienes se encontraban cruzando el puente los que se percataron del bulto hinchado y violeta que flotaba en medio de las inmundas aguas de la quebrada.
Lo primero que pensaron al ver el cadáver, era que se trataba de un pilato bastante extraño, como si hubieran vestido a un chancho.
Un pilato es un muñeco, normalmente relleno de ropa vieja y paja, que se acostumbra incinerar a fin de año para que, con su quema, se vayan los problemas y angustias del año saliente.
Los niños se detuvieron, cuchichearon un rato y empezaron a lanzar piedras al ‘pilato’.
Luego de diez minutos de estar ahí arrojando piedras, los niños fueron reprendidos por Martina Vásquez, una vecina de 58 años que cruzaba y se percató de los menores.
Al reprenderlos por estar perdiendo el tiempo lanzando piedras al desagüe, la mujer pudo darse cuenta que no era ni un muñeco ni un cerdo, sino que era el cuerpo inerte de un hombre.
El grito sorprendió a todo el barrio, que se asomó por la ventana; pero, casi en una cruel coreografía, se negó a salir a ver por qué gritaba la vecina Martina.
- ¡Un muerto! ¡En la quebrada hay un muerto! -gritó doña Martina mientras los niños corrían desesperados a casa.
El mismo barrio que se negó a salir inicialmente, con la nueva información, salió a ver el cadáver.
No era novedad encontrarse víctimas de robo armado, violaciones y hasta heridos de bala por las inmediaciones del puente Bravo.
Un cadáver flotando en la quebrada, la mañana de Navidad, era algo que definitivamente no esperaron jamás.
Los curiosos se juntaron, como moscas en la mierda, y con sus celulares empezaron a grabar el bulto rojo y violeta que flotaba en medio de las aguas negras.
Nadie atinó a llamar a la policía, ni uno de los más de 50 curiosos marcó el 105 y reportó el cuerpo a las autoridades. Era morbo puro y duro, el circo que le faltaba al pan de la Nochebuena.
Como los niños, algunos curiosos empezaron a lanzar piedras al cadáver que seguía flotando y balanceándose como una canoa putrefacta al compás de los impactos.
El cúmulo de moscas atiborradas en el puente Bravo, llamó la atención de un par de policías motorizados, quienes se detuvieron a mover a la multitud para liberar el tránsito.
- Jefe, hay un cadáver de un muerto ahí -dijo uno de los curiosos.
Los efectivos, con sus borceguís negros como el uniforme de faena completa que vestían, bajaron y reportaron inmediatamente por radio.
- Central, Central, alfa, alfa,
- Aquí, aquí Central, diga alfa,
- Central, central para reportar que hemos encontrado el cuerpo sin vida de una persona de sexo masculino, de rasgos mestizos, vestido con un polo rojo y short azul en el puente Bravo, espero instrucciones.
- Alfa, aleje a la multitud, que no se acerquen a la escena y permanezcan en el lugar hasta que la DIVINCRI llegue a la escena.
Los policías cerraron uno de los carriles del puente y empezaron a ubicar a los sapos a una distancia considerable de la que se había convertido, junto a sus alrededores, en la escena del crimen.
La central notificó a la DIVINCRI (División de Investigación Criminal), quien notificó al Ministerio Público, quien notificó a Medicina Legal para que llamen al doctor Pedro Lleca.
Entre llamadas, traslados y evasiones para no acudir por parte de los fiscales de turno, la diligencia de levantamiento del cadáver empezó a la hora del té y concluyó casi al ocaso.
El rostro violeta y descompuesto del cadáver, hacía imposible cualquier reconocimiento a priori; sumado a ello, no cargaba ningún documento o cualquier elemento que lo pueda identificar.
Cuando Lleca vio el cuerpo violeta de Fasaba, pensó que aquel desdichado no tendría más de dos días en el agua.
El olor era repugnante, un aroma a muerte de esos que quedan impregnados en la ropa y la piel por horas, ese olor que sólo conocemos quienes hemos podido estar cerca de la muerte violenta.
Al revisar el cuerpo, el forense pudo percatarse de una hendidura en el cráneo y un hematoma en la mitad de la espalda. Al infeliz lo habían matado.
Un infeliz que simplemente desapareció y nadie fue a buscarlo, o simplemente a nadie le interesó.
El lugar donde acabaron con la vida de Juan Carlos estaba varios kilómetros arriba, en la quebrada. Una sala vacía y empapada en la sangre del muerto.
Una muerte simple y desgraciada, como casi todas las muertes.
Fasaba estaba contratado para cuidar de aquella casita y aceptó el trabajo luego de caer en cuenta que sería la primera Navidad que pasaría sin ella, sin su amada Juanita.
Todo esto se descubriría tiempo después durante las investigaciones. La identificación de Juan Carlos se logró gracias al trabajo del Instituto de Medicina Legal a través de una muestra de sangre.
La sangre del ahora cadáver se encontraba en el registro del Ministerio Público, porque seis meses atrás fue investigado por la muerte de su esposa, Juanita Ríos.
Juanita fue hallada en su cuarto con señales de agresión física y sexual, un ensañamiento que terminó con su vida de la manera más cruel posible, asfixiándola de frente.
El caso no pudo resolverse, el principal sospechoso siempre fue Fasaba; pero, él no se encontraba en la ciudad durante aquel lamentable momento.
Entre la coartada de Juan Carlos y las pruebas de ADN, no se le pudo incriminar en el asesinato de Juanita.
Nadie sacó de la mente de quien luego acabaría con la vida de Juan Carlos, que fue él quien acabó con ella.
Antes de recibir el primer golpe en la cabeza, mientras dormía en un colchón en la sala de aquella casa, Juan Carlos escuchó:
- Así la mataste, así morirás.
Fasaba no sabía qué extraña frase estaba soñando cuando el impacto hizo crujir su cráneo. Mientras su nariz se reventaba contra el suelo.
La muerte no fue instantánea. Pudo sentir con claridad el segundo golpe que le fracturó la espalda. El dolor fue agudo, intentó gritar, intentó moverse; pero, las piernas no respondían más.
Un fuerte olor a sangre fue lo último que percibió antes de ser arrastrado por la sala hacia la parte posterior de la casa, desde donde fue lanzado a la quebrada; en la que, tras aspirar aquella agua negra, murió.
El cadáver se deslizó por las fétidas aguas del desagüe, deteniéndose eventualmente en recodos y estancos de basura, hasta aquella mañana del 25 de diciembre cuando dos niños…
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5 respuestas
El relato es un crudo espejo de la indiferencia y el morbo que a menudo caracteriza a nuestras sociedades. Cada detalle, desde la pasividad inicial de los vecinos hasta el espectáculo que hicieron del cadáver, evidencia una desconexión alarmante con el sufrimiento humano. La narrativa, además, desenmascara cómo la violencia trasciende lo físico, extendiéndose a un silencio cómplice y una falta de acción. El trasfondo de la muerte de Juan Carlos, vinculado al asesinato de su esposa y a una justicia que nunca llegó, sugiere una tragedia circular, donde las víctimas terminan siendo verdugos en una cadena interminable de violencia. El relato no solo narra un crimen, sino que nos obliga a cuestionar cómo enfrentamos estos escenarios como sociedad: ¿somos meros espectadores o parte activa del problema? Una historia perturbadora, pero profundamente necesaria.
¿Qué acabo de leer? Wow
Siempre me he cuestionado si yo sería una de esas personas que sucumbe ante el miedo, si me quedaría completamente paralizada o si correría a auxiliar a aquel que esté en peligro. Solo espero no tener que experimentar en carne propia tal situación.
Esta historia quedará en mi cabeza por un tiempo. Nadie lo buscó, nadie lo hechó de menos 🥹
Cómo una imagen inspira tal historia… Eres grande Fer!
Fer, esta es una historia excelente para iniciar el año.
Me parece increíble que hayas podido relatar esto tan crudamente, pero con tanta emoción a la vez y todo lo sacaste de un cuadro… quedé impresionado con cada detalle y más que la muerte de Fasaba, impresiona la crueldad humana que imprimiste en los vecinos y hasta en el fiscal.
5 estrellas, muy bien escrito.