Con diecisiete años, el viaje del amor de un joven actor estaba a bordo de un bus, en la ruta Lima-Ica.
Luego de terminar el colegio siendo el número uno, Alonso descubrió que el camino no sería el proyectado.
Como la gran mayoría de personas con alto desempeño, las expectativas sobre él recaían en un futuro bastante ortodoxo.
Alonso estaba convencido que estudiaría derecho o administración para dedicarse al sector de la alta producción.
Con cualquiera de las dos carreras, el futuro transformaría a aquel adolescente en un adulto funcional.
Uno de esos que trabaja ocho o diez horas al día, que tiene una esposa rubia y hermosa, uno o dos hijos y vacaciones en Miami.
¿Una hipoteca a veinte años, por qué no?, obviamente también un buen carro o dos en la cochera y seguramente una que otra amante.
Una vida ridículamente ordinaria y estable, esa era la vida que le esperaba a Alonso.
Para Alonso el arte siempre fue una afición, una distracción; de ninguna manera un camino real.
Irónicamente, Alonso empezó a escribir cuentos desde niño. Cuando llegó a la secundaria, sus cuadernos se convirtieron sistemáticamente en borradores de poemas.
Testigos de este proceso fueron sus mejores amigas, a las que tenía harta con la inconmensurable cantidad de poemas y reflexiones que escribía a diario.
– La única persona que no se daba cuenta que Alonso era un artista, era el propio Alonso -comentó alguna vez Lis, una de las recurrentes lectoras del no artista.
En los últimos años del colegio, Alonso conoció una nueva expresión artística: el teatro.
Si bien estaba convencido que el arte era un pasatiempo, todo cambió aquella última función, en quinto de secundaria, de la que bajó llorando.
Su llanto era incontrolable y no guardaba relación con ningún dolor físico; es más, ni siquiera era un dolor emocional.
– ¿Qué tienes? -preguntó su directora.
– No sé, sólo no fui yo -respondió Alonso.
– Se llama teatro -indicó la directora- te acaba de abrazar, bienvenido.
Aquel llanto sentido movió la brújula del corazón de Alonso que, en secreto, empezaba a considerar la posibilidad de mandar a la mierda todo y dedicarse a sus hobbies.
Acabada la secundaria, durante las vacaciones de verano, Alonso conoció en la playa a un grupo itinerante de actores españoles que viajaba por Sudamérica a bordo de una Volkswagen Kombiwagen.
¡Era el sueño! ¡Era el camino!
Aquella tarde, al regresar de la playa, Alonso entró a la computadora de la casa de sus abuelos a buscar dónde se estudiaba actuación en Perú y dio con la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD).
Si había algo que Alonso tenía, era una seguridad que le permitió llamar al día siguiente a la Escuela como si fuera algo regular.
– Una pregunta, ¿cuándo es su examen de admisión? -dijo Alonso.
– Es la primera semana de marzo, caballero -le contestó Rosita, la secretaria de la Escuela.
– Y, ¿sería posible guardar la vacante un año? -volvió a preguntar Alonso.
– Sí… imagino que sí; pero, primero tendría que ingresar… -dijo con cierta extrañeza Rosita.
– Delo por hecho, asegúreme que puedo guardar la vacante y estamos -sentenció Alonso.
La consulta por la reserva se debía a la oferta del padre de Alonso de tomarse un año sabático, año que finalmente desperdició por ansiedades e impulsos postadolescentes, que luego lamentaría.
En medio de ese contexto, fruto del último gran evento en el que Alonso participó en el colegio, aquel verano tuvo un tufillo romántico bastante inusual.
Durante aquel evento, Alonso conoció a Kelly, una chica que venía de Ayacucho y ahora residía con sus padres en Ica.
Cuando salieron a sus vacaciones de verano, Alonso pidió a su padre detenerse, al menos unas horas, en Ica para poder saludar a su amiga.
Aquella parada fue sorprendente para Kelly: jamás imaginó que su amigo de Pucallpa aparecería en Ica, era algo extraordinario.
Para Alonso los viajes de verano eran regulares, así que dicha parada rumbo al sur resultó normal; pero, también tenía una cuota particular de presencia y afecto.
Luego de la visita, el verano pasó repleto de llamadas telefónicas de muchas horas, mensajes de texto, poemas y sentimientos velados.
Sobre el final del verano, después de haberle compartido su decisión a Kelly, Alonso informó que se quedaría en Lima para postular a la Escuela de Arte Dramático.
La promesa de un futuro incierto, lleno de tablas, luces y ensayos, parecía menos aterradora cuando la idea de compartirlo con ella se colaba en sus pensamientos.
Su padre sonrió con incredulidad, su madre sonrió con alegría. Ella era pintora y su hijo se había descubierto como artista, como ella.
Dicho lo dicho, evaluadas las acciones y aceptada la decisión del impulsivo muchacho de diecisiete años, Alonso se mudó a Lima donde postuló e ingresó a la ENSAD.
Con la premura, Alonso no pensó bien cómo sería esa etapa.
Para él sólo existían buenas razones: el teatro, el arte, era su pasión; Lima implicaba salir de casa y ser finalmente libre y, como plus, Kelly estaba a tiro de piedra, o al menos eso pensaba.
Sentado en aquel bus, Alonso sabía que estaba cometiendo una absoluta locura; pero, una locura de aquellas sobre la que algún día se narrarían epopeyas y odas.
Para Alonso, Kelly y él sostenían una tácita relación sentimental donde las palabras bonitas, los gestos, las fotos y el romanticismo nunca faltó.
Para Alonso, viajar a Ica representa la formalización de cuatro meses de conversaciones. Era el inicio de su primera relación seria.
Pensar en el mundo en 2010 es pensar en una época donde lo más avanzado que existía era la Red Privada Movistar (RPM) y los mensajes de texto.
Si ahora existen problemas de conectividad, pensar en sostener mensajes o llamadas en lo que viajas de Lima a Ica era sencillamente imposible.
Para que sea una sorpresa, Alonso no avisó a Kelly de su quijotada y vaya que logró sorprenderla.
Durante cinco horas, después de meses de charlas, Alonso se desapareció y no le contestó los mensajes a Kelly, algo inaceptable.
Para cuando Alonso logró tener señal en Ica, el teléfono tenía una fila de mensajes que iban de la curiosidad a la maldición.
Alonso sólo atinó a llamar a Kelly.
Ella se negaba a contestar el teléfono.
Luego de media hora de intentos, Kelly contestó la llamada.
– ¿Qué quieres?
– Por favor, escúchame…
– ¿Qué quieres?
– Verte, quiero verte, que hablemos…
– Hablemos, pues, ¿qué quieres decirme?
– Estoy en Ica, podemos vernos…
Era finales de abril, el clima no era tan caliente como febrero; pero, el frío que la abrazó, la paralizó.
Cuando Kelly recuperó el habla, citó a Alonso en los exteriores del templo del Señor de Luren, hasta donde llegó sin demora el joven enamorado.
Para Kelly, los minutos de la llamada, la muda de ropa y el desplazamiento al punto de encuentro, fueron eternos y tortuosos: esto había llegado demasiado lejos.
Al verse, Alonso abrió los brazos y recibió a Kelly con una sonrisa.
Entre los brazos de Alonso, Kelly no supo qué hacer o decir. Había poco tiempo y sabía que aquella tarde debía tomar una decisión.
La impensable pareja empezó a caminar por un parque a espaldas del templo y se dirigió a la Plaza del Sol.
Con los nervios en la piel y dudoso de intentar un acercamiento, Alonso propuso que tomasen asiento en un café para descansar un poco.
– Alonso, vayamos al grano. Sé que tienes algo que decirme, así que, si es así, dilo ahora.
¿Acaso podía pedir algo más? Era la señal que Alonso venía esperando desde hacía mucho, eso de las indirectas o las señales sutiles no eran lo suyo.
– Kelly, tengo que decirte que me gustas mucho. No es un simple gusto, sé que me gustas muchísimo desde hace mucho, desde que te conocí. Me pareces una chica genial, inteligente, tienes una buena conversa, tienes lindos sentimientos y en verdad creo que estoy enamorado de ti…
Alonso respiraba agitado, el pulso se le notaba en el cuello de lo nervioso que estaba; pero, supo sostener la mirada en los ojos de ella mientras hablaba y después.
La mirada de Kelly tampoco se bajó un instante, esbozó una sonrisa que cayó como lluvia de mayo en el corazón de Alonso.
Luego de unos segundos de silencio, Kelly respiró hondo y dijo:
– Alonso, en verdad, qué bello todo lo que me dices. No sabes cuánto me encantaría sentir lo mismo por ti; pero no…
El corazón de Alonso se quebró.
¿Cómo que no siente lo mismo por mí?, ¿dónde quedan las infinitas horas al teléfono, los afectos expresados, las madrugadas, los juegos con la imaginación? Insistía en preguntarse Alonso.
– ¿Estás bien? -preguntó Kelly.
Alonso escuchó con cierto retraso y eco aquella estúpida pregunta.
– ¿Cómo crees que estoy? Sabes, no te preocupes por eso, ¿quieres?, ¿te acompaño a tomar tu carro? -respondió Alonso.
Luego de pagar por los cafés, Alonso hizo un gesto a Kelly para empezar la salida. Ella estaba extrañada con la respuesta obtenida.
Los gestos de Alonso, ese esfuerzo por mantenerse entero, incluso la falta de súplica, le resultaron extraños a Kelly que esperaba, en el fondo, que Alonso se mostrase enojado o más afectado.
Alonso hizo de tripas corazón y despidió a Kelly de la manera más correcta que pudo. Mientras ella se perdía en el horizonte, en ese colectivo que no la devolvería, él solo pensaba:
– ¿Y ahora, qué voy a comer esta quincena?
Había gastado hasta el último sol en pasajes, cafés y esperanza.
Fue Manuel, su mejor amigo, quien lo rescató con techo, comida y cigarros hasta fin de mes. En lo que luego llamaron “La Deuda Externa”.
Esta deuda Alonso la pagó años después, cuando ayudó a Manuel a buscar, sin éxito, al amor de su vida. Que también partió. Y tampoco volvió.
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8 respuestas
Diomioooooo, los amores no correspondidos. La deuda eterna de dos despechados XDDD.
Muy lindo relato 💗
Fer, el viaje del amor es un desmadre de viaje, hasta que funciona.
Alonso es un protagonista que provoca darle una patada en la fruta por su manera tan burda de aparecerse y confesar sus sentimientos y Kelly, otra estúpida que debió ser clara desde el principio; pero de alguna manera los dos son buenas personas y agradables. Quisiera leer la versión en que las cosas terminan bien.
Tu relato me ha dejado un agradable sabor amargo como el cafe negro.
10/10, bien escrito.
Es la etapa que marca la vida, la esperanzas, sueños, realismo, futuro y deciciones. Alonso un soñador como todos espera comerse al mundo; la realidad lo come a el y kelly otra soñadora sin saber que soñar. Me encanto, 😊😊
El inicio de un artista siempre tiene sus atropellos ✨☝🏻
Estaremos atentos a la historia de Manuel.
😥
Vaya final😢
Interesante narración. Siempre es un gusto leerte👍
Pobre Alonso, a veces pasa que uno realiza de todo y a las finales no fue correspondido. Pero si el destino no quiso que esté con Kelly es porque más aventuras le esperan…