HISTORIA DE UN SECUESTRO INVOLUNTARIO

HISTORIA DE UN SECUESTRO INVOLUNTARIO

Bajaba de un turbulento vuelo de Lima a Huánuco para participar de un evento que congregaba a algunos de los empresarios más poderosos de la amazonía peruana, cuando todo esto pasó.

Espero que tengan un poco de piedad, la emoción me ganó y no estaba del todo afilado. La aerolínea en la que viajé, cuyo nombre prefiero no recordar, fue el primer desafío para volver a casa.

Y es que el dichoso Congreso, se desarrollaría en Tingo María, tierra de mis padres y abuelos, tierra que me vio nacer. Volver siempre representa una emoción intensa.

Cuando me fui, hace ya algunos años, salí en busca de oportunidades para desarrollarme profesionalmente. Hoy, volver por trabajo, es un logro que me roba sonrisas en el corazón.

Bajar en el aeropuerto David Figueroa fue hermoso, el clima de Huánuco es delicioso, seco, fresco y ventoso. La capital de mi región es una cuidad en la que disfruto estar.

Dentro del avión, un pensamiento no me abandonaba, ¿cómo llegaré a Tingo?, o sea, claro que sé cómo; pero ¿cómo haría para ir rápido, para llenar el colectivo?

Me preocupaba desperdiciar tiempo esperando.

Para quienes no saben, salir de Huánuco a Tingo es tan simple como ir al paradero del Comité número seis y sentarse a esperar que los pasajeros lleguen y llenen uno a uno los colectivos.

Si todo va bien, la ruta a Tingo María dura dos horas, minutos más, minutos menos. Pasa que, a veces, la espera de los otros tres pasajeros suele durar más que el propio viaje.

No me encontraba dispuesto a esperar tanto, así que decidí empezar el reclutamiento de al menos dos colegas para que, entre los tres, cubramos el costo de los cuatro asientos y salgamos cuanto antes.

Pude divisar a un señor bastante voluptuoso con esa sonrisa única de estar en un lugar que no conocía.

– Aquí tengo a mi primer socio -pensé en ese momento.

Decidí no parecer desesperado así que, recién cuando bajé del avión, me acerqué al caballero.

– ¡Hola!, ¿estás yendo al Congreso? -pregunté.

– Hola… sí… -me respondió, con cierta desconfianza.

– Yo también estoy yendo, estoy queriendo hacer un grupito para salir a Tingo en el Comité Seis ¿te animas? -dije, sonriendo para que entre en confianza.

Su desencajado rostro empezó a dibujar una sonrisa y afirmó con la cabeza. Él ya era mi chochera, mi causa, el primero de los dos socios que necesitaba para salir a Tingo.

Empecé a buscar a mi siguiente aliado y encontré a otro pasajero, este era un hombre de mediana estatura, cabellos canos y orejas grandes.

Con mi primer socio, me acerqué al segundo y lo abordé con confianza.

– Amigo, ¿qué tal?, ¿estás yendo al Congreso en Tingo María?

El pasajero me vio con la misma extrañeza que mi primer abordado. Me escaneó de pies a cabeza y no dejó la mirada que juzgaba.

La verdad, me puso nervioso su resistencia a mi amable abordaje; así que decidí insistir un poco más.

– El compañero y yo iremos en el Comité Seis a Tingo y necesitamos una persona más para poder cubrir todos los asientos y salir rápido.

Frente a este segundo argumento, más detallado, el pasajero quebró su armadura y dibujó una sonrisa.

– Está bien -señaló, mientras se unía a nosotros en el camino rumbo a la salida del aeropuerto.

A bordo de un Torito, vehículo trimovil de la marca Bajaj que prima en Huánuco, nos desplazamos hasta el paradero del Comité Seis.

Al llegar, fui directo al conductor de un Toyota Yaris gris, lleno de pegatinas, y le indiqué que queríamos ir a Tingo María.

– ¿Van a cubrir todos los asientos? -preguntó el conductor Sí, entre los tres -respondí.

El conductor abrió la cajuela y ayudó a mis socios a subir sus equipajes para emprender, cuanto antes, el viaje a Tingo.

A bordo, el voluminoso tomó el asiento de adelante; el orejón y yo, lo de atrás.

En ruta, la conversación fue fluida, esporádica y natural. Empezamos a compartir nuestras expectativas sobre el Congreso, las cosas que considerábamos importantes y lo que se vendría en adelante.

Hay una situación que es inevitable cuando hablamos: hablar de uno mismo.

Todos a bordo del colectivo, que escalaba la carretera central rumbo al túnel de Karpish, hacíamos un esfuerzo por hablar de la manera más neutral posible; pero, en determinado punto, perdimos.

– En mi región estamos con muchas expectativas sobre el Tren Bioceánico, hemos trabajado mucho con el Ejecutivo y queremos ver qué anunciará el MEF -dijo el colega canoso.

Me causó extrañeza la manera en la que habló. Fue inevitable preguntarle de qué región venía.

– Soy el gobernador regional del Cusco -afirmó el señor gobernador orejón.

Me quedé helado.

¡Qué rayos hacía yo, el presentador del evento, viajando en un coche de medio pelo con uno de los invitados principales del Congreso!

La presión se me fue al piso, un serrano con soroche, eso era yo.

La sola idea de pensar en la gente del evento que fue a recogerlos y que no los encontró, me causó risa y miedo.

En lo que yo pensaba esto, mi primer socio tomó la conducción de la conversación.

– Un gusto enorme, gobernador, soy Axel Conterno, director ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo.

Como dicen en estos días, en ese momento sentí el verdadero terror.

¡Claro que conocía ese nombre!, era el número uno de la delegación del BID para el Congreso, ¡qué carajo hacía ahí conmigo!

Ya existe hay manera de describir la instantánea descompensación en la que me encontraba. No había secuestrado a uno, sino, a dos de los principales invitados del Congreso.

Mis socios empezaron a conversar sueltos de huesos, el exministro de Economía y actual directivo del BID junto al actual gobernador regional del Cusco, ¿qué carajo hacía ahí con ellos?

Al empezar la bajada de la cumbre de Karpish, mi celular empezó a sonar con insistencia. Era Ximena, la coordinadora general del Congreso.

Nervioso, contesté. Ximena me dijo alterada:

– ¿Dónde estás Lucas?

– En el colectivo, llego en media a Tingo -respondí.

– ¡Huevón, no sabes!, no aparecen dos invitados, puta madre, ino sé qué hacer!

– ¿Quiénes son? -pregunté, inocentemente, con la esperanza que otros dos invitados se les haya desaparecido aquella tarde.

– ¡Huevón!, el del BID y el gobernador de Cusco, ¡ellos! y, encima, no contestan sus celulares, ¡Dios! -dijo Ximena.

– Xime… -repliqué- Axel y el gobernador están aquí conmigo…

El silencio de Ximena se sintió como cuchillos atravesando el teléfono y descansando en mi rostro.

– ¿Cómo que están contigo?

– Este… bajando del avión les dije para venir juntos a Tingo y aceptaron… -confesé.

Ximena puso su mano sobre el micrófono; pero, el grito se escuchó de todas formas al otro lado de la línea.

Luego de recuperar algo de calma, algo de serenidad, Ximena continuó.

– Hazme un favor enorme, ¿puedes? -dijo. ¡Claro! -respondí.

 – Tráelos directamente al hotel Loro Verde, por favor. ¡Claro, Xime, yo los llevo! -dije, buscando calmarla.

Con un nuevo silencio, en el que escuché un hondo suspiro, Ximena susurró entre dientes:

– Gracias.

Luego de colgar, busqué los rostros de mis compañeros de viaje que estaban partidos de la risa.

Al confirmar que había colgado, los pasajeros y hasta el chofer, entraron en una carcajada que, de alguna manera, alivianó la tensión a bordo.

– Caballero por favor, podría dejarnos en…

 – …en el Loro Verde, tranquilo joven, yo los llevo -dijo amablemente el conductor.

Los últimos kilómetros fueron una mezcla de culpas y risas, hasta que las luces del colectivo iluminaron a Ximena, roja de angustia por haber perdido a dos de sus invitados.

– Hablamos luego, por favor —me dijo al oído cuando la saludé.

Aquella conversación nunca llegó. Pasó la noche de anoche, y ahora me toca salir al escenario a presentar a mis dos nuevos amigos en el Congreso de Tingo María, tierra donde nací, donde alguna vez soñé con estar a la altura, hoy sonrío al descubrir que —aunque no lo planeé— estoy exactamente donde debía estar.

 

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5 respuestas

  1. Fernando!!! Tú sí sabes hacer una súper buena comedia.
    Sinceramente, que delicia de relato cómico, he soltado carcajadas en la soledad, me subiste la temperatura en este frío gélido.
    Qué alegría que escribiste una comedia como está!!!

  2. Jajajaja no se porque siento que realmente esto te podria haber pasado jajajaja yo tengo un relato similar así que comprendo muy bien la situación jajajaja

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