Y en la tarde, ya oscura,
una luz veo en el cielo;
se me acerca, me conversa,
me acompaña en el duelo.
Y esa tarde, ya oscura,
se ilumina por completo;
fue quizás aquella Alondra;
la que vino a mí en vuelo.
Desde lejos, muy, muy, lejos,
pero al fin me acompaña;
como amiga, como un ave
me acurruca entre sus alas.
Como amiga, como un ave,
a volar me ha enseñado;
tras caer, a levantarme,
que sí hay sol, tras lo nublado.
Alonso Quijano
Lima – 27/09/10
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