Hace unos días me encontraba conversando con un hermano de la vida. Su nombre lo mantendré en reserva por explícito pedido suyo, pero, el tema de la conversación será nuestra materia de hoy.
Aquella tarde de tertulia, en determinado punto me dijo:
– Yo estoy convencido que no la amo, hermano, es más, estoy convencido que jamás he amado a nadie.
Escucharlo decir algo así caló en lo más profundo de mi ser. ¿Cómo es posible que él pueda sentir eso? O, peor aún, ¿Cómo puede vivir en paz alguien que siente que jamás amó?
Me negué por completo a aceptar su proposición y empecé a refutarle punto a punto con su propia historia de vida.
Preguntar es un talento natural en mí, está en mi ADN y, la verdad, se siente bien. Sumado a eso, creo que tengo el don de hacer entrar en confianza a las personas.
– A ver, hermano, para afirmar que nunca has amado, por favor, dime qué es el amor -repliqué.
Desafiante, me miró fijamente y me dijo:
– Dime tú, porque aparentemente tú lo sabes mejor que yo hermano, dime ¿Qué es el amor para ti?
¡Maravillosa jugada!, yo estaba iniciando mi modo inmersión en su alma, cuando tuve que frenar en seco y empezar a hablar desde la mía, desde mi interior.
– Hermano, en mi relato Un Ligero Tic Tac hice una explicación completa de lo que yo defino como amor, léelo por favor -respondí.
Con mirada desafiante, mi hermano sacó su celular y empezó a leer. Si bien mi hermano es un alma profunda, suele tener formas un tanto burdas y su lectura no estuvo exenta de ellas.
Sus conclusiones estuvieron plagadas de simplismos que me tuvieron entre la risa y el llanto.
Cuando la lectura mencionó el amor Eros, de cómo ese es un amor pasional que pasa de la admiración al fuego del deseo, mi hermano lo resumió así:
– Ok, este es el amor en el que cogen.
El texto siguió y desarrolló el amor Philos, un amor que nunca adquiere una connotación pasional sexual, sino un sentido del cuidado, de la protección, del guiado en la vida.
– Ese es como nosotros, como los papás, o sea los quieres, pero no te los quieres coger, obvio no -resumió mi brillante contertulio.
Mi columna cerraba mis definiciones del amor con el Ágape, que es el nivel más sublime, más puro y desinteresado, el más casto y santo de ellos.
El ágape es ese amor donde eres uno en el otro, con el otro, por el otro, para el otro sin dejar de ser tú.
– Aquí si cagué hermano ¿Dónde está ese? -preguntó.
– Es un amor aspiracional hermano, tipo como el que Dios tiene con nosotros, un nivel al que deberíamos pretender llegar -respondí.
– ¡Ah! O sea que tranqui sino tengo ni idea de qué es eso -continuó mi hermano- bueno, la cosa es que yo sí siento ese amor de coger y de amigos, pero no sé, siento que falta algo, algo más -dijo.
Mirándolo a los ojos le pregunté:
– ¿Qué cosa has hecho por tu flaca que no hayas hecho antes por alguien?
Mi hermano se detuvo un momento y respondió:
– No sé hermano, cosas… con María… por ejemplo me he quedado haciéndole guardia cuando se ha enfermado y ella también me ha acompañado en momentos así, pero… ¡No sé!
Frente a esta declaración de cuidados mutuos intenté atraparlo con esa clara muestra de amor, pero fui interrumpido por él:
– Es que es natural, hermano, esas cosas me brotan. Alguna vez he salido en medio de la noche con todo y lluvia a comprar algo que mi pareja haya necesitado, y no sólo con María, me pasó antes con una chica e igual siempre he hecho cosas así, no me cuesta nada hermano o, mejor dicho, lo hago porque me nace.
– ¡Jaque! -pensé.
Mi hermano acababa de hacer una confesión de parte. Amar es servir libremente al otro sin esperar nada a cambio. Velar a un enfermo, atender una necesidad, preocuparse, cuidar… ¡eso es amar!
– Hermano, después de todo lo que has dicho, déjame diagnosticarte que eres un hombre que ama, que sí sabe amar y que en este momento ama a su mujer -le dije.
– Pero hermano, no lo siento, siento que falta algo -respondió.
– ¿Cuál es tu ejemplo más cercano de un hombre amando a una mujer o amando en general? ¿Cómo cuestionas algo que dices desconocer? -finalicé.
El silencio fue incómodo. Su mirada se perdió en la nada y buscó refugio en la mía que cargaba la culpa de haber tocado fibras sensibles… muy sensibles…
Sucede que mi hermano, como muchos hombres que conozco, no tuvo un papá en casa. No entraré en detalles porque creo que es suficiente información con saber que no contó con uno.
Lamentablemente, por más buenos esfuerzos que puedan hacer la madre, los tíos, los abuelos, etcétera, nada reemplazará el ejemplo que brindará un buen padre.
¿Cómo puede alguien aprender qué es ser un hombre, esposo y padre si no mira a uno en acción? Es complicado (no imposible), ya que este no es un conocimiento con el que contará de buenas a primeras y tendrá que ir descubriéndolo en el andar.
Yo aprendí que un hombre ama a una mujer cuando la escucha, cuando la contiene, cuando la abraza tiernamente y la besa por las mañanas, estando ella toda desgreñada, recién levantada y le dice lo bella que es y está.
Aprendí que un hombre ama a una mujer cuando las situaciones se ponen tensas y busca una solución en paz, cuando no azuza los problemas, cuando trae serenidad a un momento alterado.
Yo sé que un hombre ama cuando protege y provee a su hogar. Cuando transmite seguridad, cuando educa con el ejemplo, cuando se cuida y cuando enseña a los suyos a cuidarse, eso lo aprendí del mejor.
Soy un afortunado, tengo un excelente padre y he conocido excelentes padres y esposos de los que he ido extrayendo lo mejor para construir este hombre que soy y así ponerlo al servicio de una familia o lo que Dios depare.
Todo esto pasó por mi mente mientras observaba cómo la mirada de mi hermano se aferraba a la mía en busca de una palabra que lo salve de irse por completo al carajo en caída libre.
– Hermano, puede que no tengas un ejemplo muy cercano de un padre o esposo, pero entre las atenciones de tu abuelo y la fuerza de tu madre, tú eres un hombre que ama, lograste aprender a amar, a darte, a servir. Tú sabes cómo hacerlo, ahora te toca creértelo, reconocerlo en ti.
La tensión se fue disipando en el aire, como quien abre una ventana en medio de un fumadero. Mi hermano sonrió.
– ¿O sea que sí amo a mi flaca? -me dijo.
– Oe, anda a terapia huevón, en serio, empieza ya a creer de una vez que no eres sólo un pelotudo, ¡eres un tipazo! y que tienes un corazón aún más grande que tu capacidad de decir estupideces -le respondí.
Ya entre risas, le di un abrazo en el que busqué convencerlo de que es un gran amigo, hermano, hijo y que está siendo una buena pareja aunque le dé espacio a miedos que lo desequilibran por completo.
En este mundo de tibios, los que intentamos amar la tenemos complicada ya que la única manera de amar bien es con fuego, con pasión, con intensidad.
En este mundo de tibios, amar es un acto de rebeldía y si hay algo que puedo decir para cerrar esta reflexión es que así, rebelde y pasional, debe ser siempre la manera en que un hombre debe amar.
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13 respuestas
Excelente, como siempre, Polarcito. Éxitos.
Estamos en un mundo de tibios. Completamente de acuerdo.
Los hombres sabían amar???
Excelente
Me encantó, muchos no saben lo que realmente sienten pero el amor es lo más lindo 🫶🏻
Se habla mucho de la forma de amar de una mujer y las tantas formas en que lo demuestra, pero muy poco se habla de como el hombre ama, ya sea por falta de empatía o simplemente vergüenza. En este mundo de tibios lastimosamente dicta que los hombres no deben demostrar ese lado de amor ya que los muestra vulnerables y en esta sociedad eso no es aceptable ello. Bajo esa premisa concuerdo contigo en que el amor de un hombre debe ser pasional y rebelde, ya que debe ir contra lo que dicta la sociedad en demostrar ese amor, sin temores. Lastimosamente eso ha generado que la mayoría de mujeres esperen ese tipo de manifestaciones para saber el amor que sienten por uno, en parte es bueno pero como todo balance se debe también aprender a ver esos pequeños detalles que tienen los hombres que para ellos demostrarlo ya es un desafío.
Que hermoso.
Mi abuelo paterno no era un hombre amoroso; si bien es cierto, sus acciones de asegurar un futuro para sus hijos era amor, pero es complicado entenderlo cuando se es un niño; igualmente con mi abuela. Agradezco a mi padre que aunque nadie le enseñó cómo mostrar amor más allá de la acción de proveer, se ha esforzado por hacerme sentir tan amada y ama tanto a mi madre que me ha demostrado que alguien te puede amar como si fueses una de las maravillas del mundo.
Espero que cada uno de nosotros también se esfuerce por ser mejor y amar bonito 🫶
Excelente reflexión para fortalecer este mundo de amores tibios 🙏
4:17…
Excelente reflexión gordito! Ve por más!
Fer, las palabras sobran, demoré un poco en darme el tiempo de leerte, pero que corazón tan fuerte que tiene tu relato de esta semana. Me ha encantado, lo he compartido porque me tocó mucho y creo que pusiste una nueva vaya en lo que se refiere a la calidad de tus relatos.
Sigue así!!!
A++
Buenísimo hermano
<3
Buena reflexión 👍 continua fer.