¿CUÁNTOS DÍAS TIENE ABRIL?

¿CUÁNTOS DÍAS TIENE ABRIL?

Este es un año raro. Nada es ni está donde se supone que debería y, a estas alturas, sólo puedo preguntarme: ¿cuántos días tiene abril?

Es que, en serio, abril viene durando una eternidad o lo que le sigue a la eternidad, en tiempo y espacio.

Creo que no soy la única persona que entra en trompo en esta época. No por nada tanto arte con abril, ¿no?

El cantautor español Joaquín Ramón Martínez Sabina, mejor conocido como Joaquín Sabina, compuso una de las canciones cuyo título más me fascina: “¿Quién me ha robado el mes de abril?”.

Su pregunta abre dos frentes para mí. Por un lado, el obvio, ¿quién sacó de su calendario los treinta días de abril?

¿Es acaso posible? Pues, ¡claro que lo es!, yo tengo perdidos varios abriles y agostos y eneros de los últimos diez años; pero, perdidos-perdidos.

En el caso de Sabina, según lo especifica y afirma, su abril lo guardaba en un cajón donde también guardaba el corazón.

Si es así, ¿qué tal si, para Joaquín, no sólo es el mes calendario, sino que es el mes de una determinada sujeta: el mes de Abril?

Así como marzo es el mes de la mujer o septiembre el mes de la primavera en nuestro lado del mundo, ¿qué pasaría si es que el robo del abril no sólo implicase un espacio temporal; sino la ocasión de recordar a alguien… a Abril?

Escuchando y repasando, no dejo de pensar en cómo sería si es que aquello que aquejaba a Sabina, fuera en realidad, la pérdida de la única oportunidad de verse con Abril.

Imaginemos a Abril como una mujer que anda errante por el mundo, como un cometa, y que cada determinado periodo aparece en el cielo del poeta.

Imaginemos al poeta enamorado de aquel errante fenómeno de la naturaleza que, por una o varias circunstancias ajenas a él, pierde la oportunidad de sincronizarse con su visita, con su estela, con Abril.

¡Eso sí sería un drama!

Pensemos en el poeta esperando todo el año el mes de Abril, que puede que no sea abril. Mirémoslo ahí, todo nervioso, todo ansioso y, de la nada, imposibilitado de vivir aquel anhelado Jerusalén.

Adiós Pascua, adiós Cuaresma, adiós tiempo de encuentro. Simplemente restaría formular la pregunta: ¿quién me ha robado el mes de Abril?

Abril es el inicio de la pedida de mano del maestro Guerra.

En su entregada pasión, Juan Luis ofrece a Nora un día entre abril y junio, un ramo de ilusiones y un corazón al desnudo.

¿Por qué un día entre abril y junio, y no uno entre mayo y julio o entre octubre y diciembre?

Creo que la particularidad de abril radica en un error en la matrix.

Abril es un mes donde hay más días de los necesarios.

Este mesecito en cuestión es el primero del segundo trimestre del año.

¡Se acabó el periodo de prueba, toca tomarse en serio la vida!

Nadie puede patear, en su sano juicio, más allá de finales de marzo el inicio de su año. Abril es, forzosamente, el inicio del peak del año.

De ahí, a tener un año calamitoso o un año extraordinario estamos a años luz en debate y análisis; pero, es irrefutable que, lo que no arranca en abril no llegará a diciembre.

Siento que no terminamos de ser conscientes de todo lo que implica la distribución del año en nuestras vidas.

Este año, abril está siendo incómodamente eterno y no sólo para mí. En una semana he visto historias, reinos y vidas irse al carajo.

He visto también edificarse castillos e ilusiones en eternas horas de madrugada donde dos se vuelven uno y se abrazan contra el mundo.

Es curioso cómo todo se sincroniza extrañamente en abril.

Dudo que en algo tenga que ver mercurio retrógrado; pero, de que hay una luna moviendo las mareas de los míos, la hay.

No sé cuántos días más va a durar abril. En estos momentos me siento a la deriva con todo lo que vengo haciendo. Es extraño.

Creo que, después de mucho tiempo, tengo cierta estabilidad y me aterra.

Veo abril con cierto miedo, en abril cumple años una de las personas más importantes de mi vida y es inevitable, al menos para mí, pensar en los cumpleaños que le puedan quedar por delante.

Es imposible, no admirar su hidalguía para sonreírle a los años, y a la vez preguntarme cuántos abriles me quedan con ella.

Abril viene siendo un mes donde encontré un diario que escribí en 2023 y dejé escondido, cual tesoro literario, en una gaveta digital.

Reencontrarme con ese texto fue doloroso. En ese diario, hacía una serie de reflexiones sobre el estatus que llevaba mi corazón para ese entonces,

Con los ojos reventados y sin muchas ideas, decidí repasar el cuerpo del diario… vaya incómodo retrato el que me encontré.

Pasa que, cuando reviso mi producción, siempre encuentro redundancias, mi tema es bastante cíclico.

Cuando escribo sobre mí, las protagonistas suelen ser la nostalgia, la pasión y la melancolía.

A veces me da cólera, aunque la mayor parte del tiempo me da pena, pero había algo en lo que no había caído en cuenta.

Y es que, incluso en mis redundantes temas, siempre avanzo pequeños pasos a nuevos horizontes.

Es extraño, no lo noto porque es un avance muy lento; pero, en la perspectiva del tiempo, si todos los días doy al menos medio paso, al terminar el año habré dado no menos de ciento cincuenta de ellos, y completos.

Se dice rápido; pero, para alguien que está convencido de no avanzar, dar ciento cincuenta pasos en una dirección es muchísimo.

Esto es lindo, hasta cierto punto.

Esta situación, si bien no termina de consolar mi ansiedad, al menos le da una utilidad a la serie de ejercicios literarios e introspectivos que les comparto cada semana que me siento frente a la infinita hoja en blanco.

En verdad espero, la próxima semana, crearles una historia bonita o fea; pero, ya volver a explorar la imaginación, la fantasía o mis habituales indiscreciones.

Después de todo lo dicho, ya no creo que abril tenga treinta días, creo que tiene los necesarios para enseñarnos lo que aún no queremos ver.

¿Cuántos días tiene abril? Los que nos toma aceptar lo que nos duele.

 

__________________________________________________________________________________________________________

 

Adquiere mi novela Historias de Cuarentena AQUI

5 respuestas

  1. Fernando, me has dado una sorpresa muy agradable este Jueves Santo que leo tu columna.
    En medio del ajetreo de las celebraciones de la Semana Santa me traes una columna fascinante, introspectiva, pero fácil de digerir.
    Amé la columna de hoy, no tienes idea cuánto. Definitivamente está en el top 10 de tus mejores columnas.

  2. Abril tiene los días justos, los necesarios para hacer sangrar esa herida que creías curada,
    Abril dura lo mismo que una noche estrellada contemplada con una botella de vino,
    Abril dura la misma cantidad de lunares de una cara, a quien miras con amor,
    Y es que no es en vano, que varios poemas y canciones mencionan a un abril en su calendario,
    Y es que abril dura lo que inconscientemente quieres que sea eterno, desde aquel beso, hasta ese adiós mil veces deshecho!

  3. Waos… Simplemente abril, el mes más cansado y que trae consigo eventos inevitables ya sea para bien o para mal. Fue un lindo punto de vista y creo que mucho (incluyéndome) aman este relato. TQM

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *