Las mañanas no fueron diseñadas para mí, simplemente no me quieren. Enfrentar las primeras horas de la mañana siempre me representó un desafío desde joven.
Yo no quiero a las mañanas, y las mañanas no me quieren a mí. Por lo general yo estoy operativo desde las once de la mañana. Antes de eso me toca batallar.
Mucha gente confunde el insomnio con el desorden de horarios o peor aún, con la inversión de horarios.
El insomnio es una enfermedad grave en la que no duermes más que una o dos horas al día. Por más que lo intentes, no se puede dormir, eso es el insomnio.
Ahora, si tú no puedes dormir hasta la una o dos de la mañana, pero, te quedas durmiendo hasta las siete u ocho de la mañana, no tienes insomnio, tienes un desorden en tus horas de sueño.
En el caso de que te quedes despierto hasta las cuatro o cinco de la mañana y duermas hasta el mediodía o pasado, lo que tienes es un horario invertido. Por favor, dejemos de hablar del insomnio con tanta ligereza.
Tengo un tío que es un caso muy interesante. Es un hombre silente y solitario, trabaja fuera de la ciudad, no gusta de los grupos sociales y jura que tiene un insomnio que, algún día, lo matará.
Él jura que lleva años padeciendo de insomnio. Sus días amanecen a las tres de la mañana cuando duerme mucho, según él. A esa hora se pone a leer, a revisar su Facebook, horas más tarde alimenta a los patos del fundo donde vive y toma una siesta… una larga siesta.
Después de la siesta, mi tío almuerza y se da un baño para sobrevivir a los más de cuarenta grados que hacen en la chacra y… toma otra siesta.
Para las cinco de la tarde, el ermitaño se sienta en el patio, fuma dos cigarrillos y regresa a casa para prepararse una cena que consta de cinco panecitos con mantequilla, mermelada y queso y para las seis de la tarde… ¡Se durmió!
En efecto, para las tres de la mañana su cuerpo lleva ya dormido más de nueve horas. Súmale a eso las horas de siestas de media mañana y media tarde y tendrás como resultado que el insomnio presenta Error 404.
En mi caso, yo prefiero dormir por las mañanas más que por las noches. Disfruto mucho las noches, son tan calladas, frescas y los noctámbulos son seres que me caen bien.
Las noches me quieren y yo las quiero a ellas.
Cuando el lunes me dijeron que tenía que viajar a Lima a primera hora, la resolución estaba clara: tocaría no dormir el jueves.
Siendo así las cosas, avancé mi semana tranquilo y llegado el jueves empecé a ocuparme para no dormir.
Tampoco es que me cueste tanto esfuerzo, pero siempre debo tener cuidado del sueño después de las 3:30 de la mañana. A esa hora Morfeo es traicionero y en cualquier momento me hace caer.
Tuve una ventaja, mi mejor amiga necesitaba cerrar una exposición que no había empezado con diapositivas incluidas.
Arrancamos cerca de las once de la noche y seguimos trabajando hasta las 2:30 de la mañana, fueron más de tres horas de videollamada donde las risas y los dramas no faltaron.
Cerrada la jornada de trabajo, nos despedimos y se fue a dormir. Yo me quedé limpiando la casa hasta las 4:30 de la mañana, hora en la que me di un baño y me metí a mi cuarto a ver un poco de YouTube.
Tres doritos después me despertaba de un susto a las 6:30 de la mañana. Mi vuelo tenía como ingreso a sala de espera las 7:15 de la mañana y no había hecho maletas.
Con el corazón a toda máquina me puse a correr en mi departamento de arriba abajo ordenando mis equipos de trabajo y armando una mochila simple. A las 7:05 de la mañana tomé el taxi y me fui al aeropuerto.
De las ventajas de vivir en una ciudad pequeña, en ocho minutos ya estaba en el aeropuerto haciendo la cola para ingresar a la sala de espera donde me encontré con un viejo amigo.
Charlas van, charlas vienen cuando de pronto por el altavoz escucho:
– Estimados pasajeros, debido a las condiciones climáticas, el vuelo LA2353 con destino a Lima queda cancelado.
Mis paisanos, mis queridos y necios paisanos, se pusieron de acuerdo esa mañana y reavivaron las llamas de sus incendios forestales en Pucallpa.
Esto generó una humareda que imposibilitó el aterrizaje del avión y a la mierda todo.
En ese momento empezó la puja de las reprogramaciones. Una cola de 180 pasajeros atendidos por tres pobres representantes de la aerolínea que les tocaba lidiar con una serie de energúmenos.
No hice la cola, decidí llamar a la aerolínea y pedir que por favor me asignen un vuelo al mediodía o por la tarde ya que el vuelo de la noche no me servía, tenía una reunión de trabajo que empezaba antes de mi hora de vuelo.
El operador telefónico sólo pudo decirme que haga mi cola para que, una hora después, la amable señorita que me atendió en la ventanilla me indicara que no podía hacer nada, que los vuelos estaban sobrevendidos y que no había forma de cambiar mi vuelo.
Hace no mucho aprendí que uno debe saber contra quién dirigir sus furias al momento de reclamar. Ningunas de las tres almas que estaban en las ventanillas de la aerolínea tenían culpa alguna o capacidad de mejorar la situación de los pasajeros ¿Para qué arremeter contra ellos?
Después de estas gestiones recién obtuve luz verde para hacer algo que muchos otros pasajeros ya habían hecho, comprar pasajes en otras aerolíneas.
Las gestiones iniciaron y la secretaria de la empresa empezó a hacer maravillas, pero, ante lo imposible no se puede hacer nada. Todas las aerolíneas tenían todos sus vuelos cerrados.
Informado mi superior de la situación, me indicó que reprograme el vuelo para diciembre, para la cena de confraternidad del equipo de comunicaciones de fin año.
Me quedé en ese momento con las maletas hechas, una cita con mi mejor amiga para repasar su exposición antes de su gran presentación y una entrada para ver al equipo de mis amores en un partido ajustado que ganamos el sábado.
Regresé a casa, subí las escaleras y recibí un mensaje de mi vecina pidiendo ayuda, en una de esas casualidades de la vida, su parlante cayó desde el tercer piso hasta el techo de la casa colindante y no podía rescatarlo.
Dejé mis cosas, subí a la azotea y empezamos a pescar el parlante ¡Vencimos! Mi vecina estaba muy contenta y agradecida con la ayuda brindada. Así cerré mi viernes, echado en mi cama y con el corazón atribulado.
Entonces recibí una llamada, era mi padre invitándome a pasar el fin de semana con él y con mamá en su fundo.
El fundo de mis padres tiene un nombre muy particular debido que se ubica en a 30 kilómetros de la ciudad entrando ocho kilómetros a la izquierda y dos a la derecha… el fundo se llama Profundo.
Lo sé, con un padre que tiene una gallina negra que se llama Negra y un pato que se llama Lucas, que su fundo se llame Profundo no debería ser una sorpresa, es más, creo que tengo mucha suerte de no llamarme Hijo.
Pensando y dándole vueltas a la propuesta me acosté y desperté.
Decidí que estaría bien ir a pasar un par de días con ellos allá dándoles una mano, compartiendo comidas y risas, era una excelente opción.
Así el sábado, después del sprint del Circuito de Las Américas, subí a Copito, mi moto, y manejé hasta el Fundo Profundo.
Llegué y hacía un calor infernal, no se podía hacer mucho así que decidimos que lo único que nos quedaba era regar las plantas, ya que eso nos permitía regarnos a nosotros y menguar en algo tantísimo calor.
Terminando la regadera nos metimos a la piscina del Profundo a remojarnos viendo el atardecer, charlando entre risas y reflexiones; algo muy propio de los momentos que tengo con mi padre.
Nos acostamos relativamente temprano y me quedé viendo el partido del equipo de mis amores ¡Ganamos!, luego seguí viendo y leyendo más cosas hasta casi la media noche, cuando el coro de grillos, chicharras y otros insectos sonoros me venció y me mandó a dormir.
El domingo no fue un día más tranquilo, amanecí al sonido de una motocultivadora operada por mi madre y entre risas desayuné un par de panes con queso.
Aprovechamos que estaba aquí para hacer un par de cosas de fuerza en la casa, reparar unos cimientos comidos por las hormigas para darle estabilidad a la casa y remover 50 metros cuadrados de tierra con una máquina.
Morí, pero lo logré, lo logramos.
Tocó ua remojada más en la piscina antes del almuerzo de campamento: atún, papitas y verduras, más su refresco de maracuyá (amo su sabor y olor).
Luego llegó la carrera del domingo en Austin, uno-dos de Ferrari y a escribir la columna de la semana. Definitivamente un fin de semana hermoso.
Nada de esto hubiera sido posible si no se hubiese cancelado mi vuelo el viernes, si no hubieran fracasado todos mis intentos de reprogramación, si no hubiera aceptado que no podía hacer más.
Momentos como este me llevan a reflexionar que, a veces, sólo nos queda aceptar la derrota, que no se logró el objetivo, que quizás en una próxima vez será, pero ahora no.
A veces sólo nos queda, con ese consuelo, recoger las maletas, mirar adelante y volver a casa… y esta vez no hablo precisamente del vuelo.
__________________________________________________________________________________________________________
Adquiere mi novela Historias de Cuarentena AQUI
11 respuestas
Jajjajabja ame el nombre del fundo Profundo y del pato Lucas !
Eres un capo Fer ! Un fuerte abrazo a la distancia.
Su fin de semana fue entre risas y definitamente esta lectura para mi, fue entre risa 😁😁
Tuvimos fuerte de no llamarlo, el Profe Hijo Polar 🤣🤣
A veces las cosas no se dan porque lo que nos espera es aún mejor. Me diste ganas de ir a Profundo. Jeje
Estimado escribidor, que interesante la similitud entre nuestras semanas esta vez jajaja
Mientras pasaba una de las semanas más estresantes del año por las celebraciones de mi cumpleaños, que cabe decir estuvo genial; tú dormías a deshoras, perdías tu vuelo y terminaste en el fundo Profundo (sí, me hiciste el día 🤣🤣🤣) con un lindo fin de semana.
Tu relato se sintió muy refrescante comparado con lo que nos tienes acostumbrados: las emociones son sencillas, pero muy agradables; en suma, un excelente relato.
Muy bien contado, abrazo grande!!!
Tu horario invertido para dormir me recuerda a cercanos sobrinos. Ustedes tienen un problema de horarios con Morfeo así que, les toca ser además de noctámbulos, seres totalmente independientes 😃
«creo que tengo mucha suerte de no llamarme Hijo». Amé 🤣
Excelente reflexion final mon ami.
Excelente reflexion final mon ami.
Algún día iremos a conocer ese profundo
Cuántos no fuimos victimas del horario invertido🥹
Este relato se sintió diferente a lo que nos tiendes acostumbrados, algo más sencillo y honesto. Gran trabajo como siempre, Fer🩷
Soy de las personas que no suelen aceptar esas derrotas y que como sea intentan llegar a su destino y mi esposo tan lindo dice que por algo pasan las cosas y si no sale es por algo. Y en efecto pasan esas cosas que se cancela algo y terminas teniendo un tiempo mucho más especial que el planeado.