DIARIO DE UN VIAJERO

DIARIO DE UN VIAJERO

Guardo una relación muy estrecha con Brasil. Encuentro al país de la samba y el pandeiro; una tierra mística, un lugar que amé antes de conocer, donde me enamoré y perdí el corazón.

Vivo en un país que es frontera con Brasil, en una región que es frontera misma con el estado de Acre. Según Google Maps, mi ciudad se encuentra a 120 kilómetros de la ciudad más cercana, Cruzeiro do Sul.

Creo que la geografía siempre me lo dijo, estamos en el mismo barco.

Encuentro al país tropical como una extensión más de la amazonía, siempre he sentido a la amazonía como una sola, me cuesta hallar fronteras.

Sumado al factor geográfico, está mi padre. Él es un tipo bastante callado y no era tan frecuente escuchar de sus aventuras de joven. Brasil fue una de las pocas que recuerdo de infancia.

En determinado punto de su andar en la vida, por casos y cosas, terminó viajando con una mochila por el amazonas brasilero y otros estados más.

Para mí, esa anécdota era una epopeya, una Ilíada, el viaje del héroe que parte a crecer y vuelve a mejorar su espacio con los desafíos superados.

Los años pasaron y muy cerca de mi aproximamiento a mis primeros recuerdos de esa historia, mi hermano mayor se mudó a Brasil, específicamente a Curitiba.

Los viajes de mi hermano no eran novedad. Félix fue el primero de los nietos en cruzar el charco, esa hazaña sólo la había concretado mi abuelo 40 años atrás.

Había vivido en Malasia, conocía toda América (sin exagerar), pero haberse mudado a Brasil era un hito en mi historia personal de logros ajenos por los que me sentía orgulloso en mi infancia y adolescencia.

Brasil era un lugar que debía conocer, conocía su música, masticaba y entendía un poco del idioma con mi clásico optimismo inter lingual.

Mis viajes no empezarían, irónicamente, con Brasil. Cuando acabé el colegio me negué a tomar un año sabático y me obsesioné con estudiar en la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENSAD).

Sucedía que el año que ingresé, Perú fue la sede del Festival Mundial de Escuelas de Teatro. En la perspectiva de los años, no me arrepiento de la decisión tomada.

Estudié y sobreviví, como pude, aquellos dos años en la ENSAD con más fracasos que éxitos académicos; pero, con un sublime desarrollo emocional y artístico.

Todos somos quienes somos por lo que vivimos. Estoy seguro que en esos dos años y poco en Lima viví más que el 90% de las personas que conozco en una vida o quizá en dos.

Mis viajes empezarían recién en 2013 cuando recibí el 2014 en Piura y por esas cosas del destino terminé cruzando la frontera con Ecuador junto a mi mejor amigo.

Ese viaje lo conté en mi columna Cabo Blanco.

La siguiente frontera que crucé fue junto a mi familia cuando en 2015, viajamos en nuestros tradicionales roadtrips por Cusco, Puno y Arequipa.

En aquella ocasión nos animamos a cruzar la frontera hasta la ciudad de Copacabana en Bolivia. Es curioso que aquella ciudad boliviana comparta nombre con una de las playas más famosas de Río de Janeiro.

El 2016 fue el año. Me preparé tres años para finalmente en julio de ese año cruzar el charco al viejo continente.

El viaje me llevó a Francia, Polonia, República Checa, Países Bajos, Suiza, Italia (con Ciudad Vaticano incluida) y España.

Fue una experiencia celestial, viví intensamente aquel eurotrip, recibí mi cumpleaños 25 en el Camp Nou viendo al Barça de Messi, Mascherano y Umtiti ganar la supercopa de España al Sevilla por tres tantos a cero.

Pude ver a Messi hacer un gol de cabeza y al Camp Nou rendirse a los pies de su ídolo. Me llevaré eso a la tumba.

En 2017 decidí hacer un tour sudaca, Chile, Argentina y Uruguay. Fue un viaje lindo, conocí el Huáscar en Talcahuano, La Sebastiana en Valparaíso, recorrí Buenos Aires durante una semana y conocí la paz en Montevideo y Punta Del Este (sí, fui en invierno).

Para 2018 tuve que hacer una pausa de ahorros, básicamente, y para 2019 viajé a Panamá en lo que esperaba sea mi tour central.

Estuve en Panamá durante ocho días y salí con destino a Belice, ¿por qué?: Por la anécdota, no tengo mayor argumento.

Ese viaje por Centroamérica fue accidentado porque me confié, no lo planifiqué adecuadamente. En resumen: fracasé por confiado.

Saliendo de Panamá hice una escala de más de ocho horas en El Salvador; pero, no pude salir del aeropuerto debido a que no había tramitado la visa oportunamente.

Me vi en la necesidad de probar las pupusas en el aeropuerto y dedicarme a ordenar un poco la vida, no sabía que tras aterrizar en Ciudad de Belice me vendría el peor golpe que recibí en un viaje.

Salvo un episodio en Madrid y otro en Santiago, nunca tuve mayores inconvenientes en mis viajes. Belice fue otro lote.

Al aterrizar bajé del avión muy canchero, llegué a migraciones desaliñado, malatraza, absolutamente impasable. La señorita en la ventanilla me pidió mis documentos y mi pasaje de salida del país.

No tenía pasaje de salida.

Sucede que mi plan era llegar a Belice, estar un par de días, conocer, ir a alguna playa y luego tomar un bus para Cancún, ese era el destino fuerte donde me alcanzaría mi mejor amigo desde Lima.

Lamentablemente, por la pésima información que recabé, no pude comprar el pasaje en línea. Contaba con un alojamiento en Ciudad de Belice; pero con lo que no contaba era con el contexto político-social de la región.

Centroamérica es el paso que los migrantes tienen para llegar a Estados Unidos, así, las fronteras están fuertemente custodiadas para ayudar al Tío Sam a que se metan la menor cantidad posible de inmigrantes ilegales.

Era un peruano con una pinta desastrosa, sin pasaje de retorno, que afirmaba ser periodista sin contar con una colegiatura o el respaldo de algún gremio o federación.

La página web del medio para el que trabajaba no mostraba nada que confirmase que yo era periodista de su staff, y mi credencial sólo era un pedazo de papel plastificado.

La oficial de migraciones me derivó con su supervisor. Un tipo que se dedicó a insultarme, ofenderme y menospreciarme lo más que pudo, o al menos lo intentó.

Lo que sí logró fue decomisar mi pasaporte 24 horas y poner el sello de Belice, tacharlo con un lapicero rojo escribiendo las iniciales RLL.

No conocía esas letras hasta aquel día. En inglés, RLL significa Refused Leave to Land. En español: denegada la autorización para desembarcar o rechazada la entrada al país.

Tuve que llamar al flaco para que no bajase en Belice y siguiera directo de Ciudad de Panamá a México donde ya teníamos pagados el hotel all included en Cancún y el hotel en Ciudad de México.

Belice reportó a Avianca mi situación y ellos fueron los encargados de llevarme en 19 horas desde Ciudad de Belice hasta Lima en una serie de vuelos donde caí en lo más hondo.

Creo que no es necesario detallar lo mucho que lloré y maldije toda esa situación, fue peor de lo que se pueden imaginar.

El viajero había caído de la manera más cojuda, volvía con el pasaporte arruinado, con la dignidad por los suelos y el bolsillo escaldado.

Estaba en un pantano; pero, incluso en aquel infame pantano, pudo surgir con paciencia un hermoso loto.

Fue al retorno de ese viaje que retomé contacto con una persona que, meses más tarde, se uniría a mí y cambiaría mi vida para siempre.

Precisamente fue con esa persona con quien finalmente conocí Brasil en 2020. Un viaje desastroso en muchos aspectos, lleno de berrinches, crisis y problemas económicos.

Un viaje que, a la luz de lo narrado, claramente lucharía como el peor de todos mis viajes.

Bastaría decir que perdimos el vuelo Sao Paulo-Lima-Pucallpa y tuvimos que comprar para ella y para mí nuevos tiquetes en el siguiente vuelo.

Brasil estaba ahí y estaba con ella. Era un sueño y ni siquiera algunas pesadillas pudieron arruinar el sueño.

Recuerdo saliendo a caminar con ella por la ciudad vieja en Curitiba, coagulándonos de frío, compartiendo un cigarro abrazados.

Recuerdo nuestra aventura en Sao Paulo para encontrar una Misa y terminamos en una iglesia del siglo XVIII escuchando Misa en Latín.

Brasil fue el más real de mis viajes y, en efecto, confirmó lo que defino como los principios básicos del viajero.

Estoy convencido que los viajes se viven tres veces: cuando los planificas, cuando los ejecutas y cuando los recuerdas.

Por ejemplo, al escribir estas líneas, he vuelto a recorrer todos los países y ciudades que he visitado en mi vida.

Estoy convencido que existen tres principios sobre los viajes y los viajeros:

El primero es que los demonios viajan con uno. Es imposible viajar para ‘olvidar’. Los problemas son los primeros apuntados a la aventura.

El segundo es que no es el lugar, sino, la compañía.

He estado en la cima de la Torre Eiffel, en los pasillos vaticanos, en el Museo Del Prado y absolutamente nada se compara con el atardecer del sábado 12 de diciembre de 2020 en la Praia de Flamingo junto a ella.

El tercer principio que los viajes me han dejado, es que no hay mejor inversión personal que viajar. No soy el mismo desde que viajo, simplemente soy otro.

Cada destino que he conocido ha dejado en mí una huella, cada frontera cruzada ha sido una invitación a mirar más allá de lo evidente.

Brasil, con toda su mística, me recuerda que algunos lugares no solo se visitan, sino que se viven.

Quizás mi próximo viaje no esté en un mapa, tal vez sea hacia adentro, buscando nuevos paisajes en mi corazón.

Tanto dentro como fuera tengo mundos por explorar, y yo apenas he comenzado a recorrerlo.

 

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14 respuestas

  1. Cada lugar efectivamente te deja algún nuevo aprendizaje, una nueva cultura que apreciar. Ver la realidad en otros lugares te hace crecer.

  2. Es cierto lo de que no es el lugar es la compañía. Recuerdo los viajes de la universidad con las que son mis mejores amigas actualmente ni siquiera se me viene a la mente el atardecer de la huacachina sino las noches de largas conversaciones en nuestro cuarto de hotel, las noches de billar y las increíbles sensaciones que teníamos de estar en un lugar por primera vez. Ame el relato motiva a ahorrar para poder viajar jajaja

  3. Vaya Fer, qué increíble es tu mundo interior!!!
    He disfrutado muchísimo de este relato y qué divertido me has hecho recordar la Misa de rito Tridentina que viviste en Brasil!!! 🤣🤣🤣🤣🤣
    Es verdad que no es el viaje sino la compañía y qué buen sabor de boca me ha dejado tu relato.
    Muy bien escrito y 10/10

  4. Buena historia Fernando, sin duda en los viajes hay personas de todo tipo que uno se puede encontrar o aveces escasa información para seguir tu camino, y eres tú perdido fuera de tu país, me gustó la historia y cuantas emociones una consigue en un viaje 🫶

  5. Me alienta a viajar, aunque no todos los viajes salieron como se esperaba, pero cada uno hizo huella en nuestro protagonista y pudo conocer algo nuevo de sí. Viajar, en definitiva, es una buena meta

  6. Siempre es un placer leer relatos que nos inviten a explorar los detalles de la vida. En los viajes uno se reestructura, reencuentra, reaviva y las páginas del diario de la vida vuelven a reinventarse. Muy buen relato 10/10

  7. Leyendo este bello relato caigo en cuenta de que espero con ansias viajar y reencontrarme con un entrañable amigo, un gran y admirable escritor.
    Tu lectura me invita a vivir nuevas aventuras, experiencias y a guardar cada detalle en mi mente y en mi corazón.

  8. En la vida hay que aprovechar cada oportunidad que se tiene y con ello escribir tus aventura, los viajes son hermosos y te llenan el corazón! De una viajera a otro, sigamos recolectando recuerdos!

  9. Que bien, Fernando, tengo bastante escrito, pero no publicado, eso es lo que le da valor a tu recorrido, son vivencias y caminos diferentes, pero muy seguro son los mismos sentimientos. Escogí una de tus publicaciones al azar, muy bien escrito. Feliicitaciones, sigue adelante.

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