Esta historia tuvo lugar el 6 de agosto de 2016 cerca del mediodía en algún punto de Bélgica.
El conductor del bus que me transportaba de Ámsterdam a París, donde tomaría mi conexión hasta Ginebra, finalmente se dignó a hacer una parada.
Era el momento de comer un poco, llenar las botellas de agua y fumarme un par de cigarrillos. Luego de más de cuatro horas confinado a mi asiento de clase súper económica, era el paraíso.
El lugar era un grifo carretero muy grande. Pedí un sánguche, una gaseosa y me fui a la parte posterior donde había unas bancas.
Me senté a comer y fumar mi ansiado cigarrillo.
Estaba dando mi tercer bocado cuando se acercó Antoine, que se pronuncia antuan; pero para los amigos simplemente Tony.
Él me saludó e hizo un gesto preguntando si se podía sentar ahí en la banca donde yo comía y fumaba, le dije que sí.
Llevo con hoy 17 días viajando en solitario y cualquier compañía siempre es bienvenida.
Tony tomó asiento en silencio y se puso a comer y a revisar su celular, yo lo observaba con rareza, no era el típico europeo.
Haciendo un paréntesis, debo confesar algo, tengo la nada sutil costumbre de formularle un interrogatorio a toda persona que conozca. Es casi innato.
Me resulta más que emocionante escarbar poquito a poquito en las personas para descubrir que hay detrás de la sonrisa. Algo así como una arqueología humana.
Yo aún seguía observado en silencio, preparando mi interrogatorio cuando fui abordado por Tony:
- ¿Cómo te fue en Cracovia? -me preguntó.
Debo aceptar que me dejó frío.
Veníamos de Ámsterdam, una de las ciudades menos católicas que he visto en mi vida. Encontrarme con alguien que infiera por la pulsera que llevo que estuve en la JMJ de Cracovia (Polonia) era algo sorprendente.
JMJ son las iniciales de Jornada Mundial de la Juventud, es un evento de la juventud católica que se realiza cada tres o cuatro años en distintas ciudades del mundo.
Es un espacio para demostrarle a los jóvenes que no están solos, que hay miles, millones como ellos compartiendo su Fe. Es un espacio precioso de espiritualidad, diversión e interculturalidad.
- Fue impresionante -respondí.
Empecé a contarle lo increíble que fue, sobre la ciudad, las actividades y los más de tres millones de jóvenes de todo el mundo que nos congregamos en aquel rincón de Europa del este.
Me tocaba preguntar a mí. El tema de religión ya era bastante picoso; así que decidí continuarlo.
- ¿Es difícil ser un católico practicante en una ciudad tan libertina como Ámsterdam? -pregunté.
- Sí -respondió; pero había algo en ese sí que no me convencía.
Sucede que antes de responder Tony hizo una pausa sentida, un silencio cargado de palabras. Un silencio que lo delató.
Iba a empezar a presionar en el interrogatorio, cuando él empezó a hablar:
- Hace dos años vivo en Ámsterdam y en fechas como estas (las celebraciones europeas del orgullo gay) siempre busco alejarme de la ciudad.
La puerta se había abierto dándome ese centímetro que necesitaba para realizar la pregunta crucial:
- ¿Dónde vivías antes?
Juro por Dios que esperaba cualquier respuesta, ¡La que sea!, menos que me responda:
- Yo vengo de Siria.
Me quedé helado una vez más.
Antoine provenía de Siria. Sí, el país que viene desangrando el grupo terrorista ISIS y del resto del mundo nos enteramos cada vez que destrozan alguna ciudad.
Un manantial de preguntas brotó dentro mío, éramos un peruano y un balsero sirio residente en Ámsterdam, hablando en una parada de bus en algún lugar de Bélgica rumbo a París.
Una vez tuve la oportunidad de hablar con la familia de una mujer asesinada por el terrorismo y sabía que lo último que debía faltarme en ese momento era tino para poder conocer su historia.
Me serené, le comenté que en la Jornada Mundial de la Juventud uno de los testimonios presentados fue el de una joven Siria que contaba cómo cientos de miles de personas simplemente desaparecían o eran asesinadas por causa de su Fe.
- Sí, es bastante duro, Yo vivía en un pueblo que es la frontera con los territorios controlados por ISIS -me dijo.
Me quedé helado por tercera vez. Mi corazón latía a mil por hora.
- ¿Cómo lograste llegar hasta aquí? -le pregunté.
- En una balsa -respondió.
La emoción fue enorme de tener una fuente como la que tenía en frente. Un hombre joven y testigo fidedigno de verdades que solo son 20 segundos de noticiero en las noches.
- Tony, te quiero pedir dos cosas. Primero, me gustaría tomarme una foto contigo y segundo me gustaría poder escribir sobre ti -le dije. Era todo o nada.
Tony sonrió y me dijo:
- Está bien; pero, voy a querer leer lo que escribas.
Así estoy sentado en estos momentos en un bus. Una fila por detrás de Tony escribiendo estas líneas para presentarles a ustedes algo que sí está ocurriendo en el mundo.
Esta es la historia de Tony, el balsero sirio.
En la que alguna vez fue la tranquila ciudad de Aleppo, en Siria, vivió hasta el 2014 la familia de Tony.
Eran Tony, en ese entonces de 20 años, su hermana Christa y sus padres Nayla y Aftikhos dentro de una casa.
Ambos hermanos eran estudiantes y el padre trabajaba, hasta que ISIS empezó a amenazar la comunidad.
Sólo tres posibilidades para continuar con vida: unirse a ISIS , pagar un cupo o abandonar la ciudad.
Cualquier otra posibilidad implicaba la muerte, como el obispo de Siria desaparecido hace más de dos años sin dejar rastro alguno.
El tiempo y las posibilidades se fueron reduciendo hasta que finalmente el 21 de agosto de 2014 Tony y su familia huyeron de Aleppo hacia Turquía.
El destino era incierto, las posibilidades jugaban en su contra. Dios y sus dados serían los encargados de velar por la familia de Tony.
Luego de contactar con amigos de amigos de amigos finalmente consiguieron que un sujeto los haga cruzar desde Turquía hasta Grecia y de ahí los lleve a Holanda.
Vendieron todo lo que tenían y cada uno pagó seis mil quinientos euros en efectivo para realizar la travesía con ninguna garantía de si quiera lograrla con vida.
La noche del 7 de setiembre de 2014, la familia de Tony se reunió en la tienda de un grifo en donde tuvieron un cuadro de La Pasión.
Una última cena familiar donde comieron mucho chocolate y grasas. No sabían cuando volverían a comer.
Salieron de la gasolinera y se metieron en medio de un bosque en donde se encontraron con el sujeto y con otras personas que también cruzarían a Grecia.
Un total de 42 personas entre hombres, mujeres y niños que sólo traían dentro del pecho la esperanza de lograr un mejor futuro, lejos del terror y de la miseria que arrasaba su tierra.
Es así que la madrugada del 8 de setiembre los 42 a bordo de la embarcación iniciaron el viaje de 14 horas. A bordo sólo podían beber, de manera racionada, un poco de agua.
De sol a sol fue el recorrido que ejecutaron; hasta que, al ocaso, lograron divisar la costa griega.
Cada uno debía emprender en ese momento un viaje de 15 minutos en un bote pequeño hasta la costa; en donde, luego que pasó el último de los 42, la noche ya era plena.
No fue hasta la mañana siguiente que Tony y su familia llamaron a la policía para que los rescaten.
La primera etapa de la travesía había sido superada con éxito. Ahora venía lo más riesgoso.
Ya no quizá por una exposición o un peligro de muerte; sino, por la posibilidad de terminar en la cárcel o, peor aún, terminar deportados a Siria.
El contrabandista que los ayudó con la balsa había arreglado cuatro pasaportes para Tony y su familia. Debían presentarse en el aeropuerto y tomar un vuelo que los lleve hasta Ámsterdam, capital de los Países Bajos.
Ya no dependía del traficante, ni de los documentos ni de nadie. Dependía de cuán calmados y convincentes resultasen todos viajando con identidades nuevas a un país del cual no conocían ni el idioma.
Aquel día los dados marcaron un doble 6 para Tony y su familia.
Luego de pasar migraciones, Tony y los suyos aterrizaron en Ámsterdam.
La felicidad era inconmensurable; pero, era imposible borrar ese tinte de nostalgia que tenía haberlo dejado todo atrás.
Empezaron a trabajar y a juntar desde cero para tener un departamento y recobrar la estabilidad que alguna vez tuvieron.
Tony es ingeniero mecánico; pero, trabaja hace dos años en un restaurante. Ha logrado, junto a su familia, regularizar su situación migratoria; y, hoy por hoy, concentra sus fuerzas en surgir junto a su familia.
No tengo la menor idea cuántas historias más viajan a bordo de este bus. Es imposible saberlo.
Este es el testimonio de Antonie, un chico de 22 años viviendo un infierno al otro lado de lo que, para nosotros, es el mundo.
Mientras escribo estas líneas me doy cuenta de que esta historia no es sólo la de un joven sirio que enfrentó lo impensable.
Este es también un recordatorio de la fragilidad de nuestras certezas, de cómo el azar y la valentía definen destinos.
Tony me mostró que el ser humano es capaz de reinventarse incluso en las circunstancias más adversas y, su travesía, lejos de ser un episodio aislado, es un espejo que refleja las historias que no siempre nos atrevemos a mirar de cerca.
Conocer a Tony me cambió. Sé que, al leer esto, su historia también te cambiará; porque, al final, tú y yo estamos en una balsa, remando hacia un mejor destino.
Tú y yo, como Tony, también somos balseros.
__________________________________________________________________________________________________________
Adquiere mi novela Historias de Cuarentena AQUI
17 respuestas
Linda historia viajera
Fer me da mucho que pensar en que tanta gente de Siria o de esos lugares ha vivido o vive ( creo que no es vida )sufre por buscar un mejor mañana . Me gustó esta historia. Un fuerte abrazo.
Ahora me sie to motivada para seguir estudiando jajaj 💗✨
A veces pensamos que la pasamos mal, luego vemos este tipo de historias que nos inspiran a seguir adelante💪🏻. Bonito relato.
Una muy buena,, historia tienes una fuerza para trasmitir el sentir de los demás.
Ufff! Que fuerte. Ni pensar que existen miles de personas que han tenido que enfrentar circunstancias similares. La mayoría con menos éxito. Para reflexionar sobre todas las bendiciones que tenemos.
Un hermoso relato hijito
Cada uno tiene historias que quieren ser contadas… Y que interesante que Antoine haya podido contar la suya y a quien mejor que alguien que pueda plasmarlo bien.
En el trajín de esta vida, en algún momento, o quizá mucho más, nos tocará ir en esa balsa, ojalá nos toque un doble 6. Después de todo, siempre armamos, aunque vayamos a pie.
¡Me encantó!
Otro relato enganchador de nuestro querido Polar.
Me dejas conmovida y en una profunda reflexión.
¡Que sigan los éxitos!
Me encantó… me emocioné hasta el final 🥰
Sé que lo que me imagino ahora no es ni la mitad de lo que Antoine y su familia pasaron y sintieron. Realmente espero que les vaya bien.
Que buen relato para reflexionar y empatizar. Todavía sigo procesando lo leído.
«No tengo la menor idea cuántas historias más viajan a bordo de este bus». Comparto el sentir.
Cada ser contiene una gran historia, conjunto de pequeñas anécdotas, momentos, recuerdos, sentimientos y más. Que bueno conocer la de Tony y aprender una lección más.
La historia de Tony me hace reflexionar de cuan afortunada soy. A veces nos quejamos y nos ahogamos en vaso de agua por cosas tan banales cuando al otro lado del mundo hay personas sufriendo cosas realmente difíciles y dolorosas. Excelente relato.
Excelente relato fer, con un gran mensaje.
Gran historia y mensaje Fer.
Fernando, la historia de Tony es simplemente hermosa.
Sin entrar en detalles escabrosos, fuiste capaz de relatar las emociones de un hombre que bien pudo llegar a ser un martir en los altares.
Se puede imaginar la clase de rostro que tenía cuando te contó aquella historia tan dolorosa y ha nosotros nos has dejado con ganas de rezar por su bien y el de su familia.
Excepcionalmente bien escrito, de más está calificar!!!
Bonita e inspiradora historia, y contada por el mejor!