EL DÍA EN QUE LA PROVIDENCIA RESPONDIÓ

EL DÍA EN QUE LA PROVIDENCIA RESPONDIÓ

Ver a Ana dormir era un sueño para Joaquín. Sentirse custodio de sus noches era la misión de su vida.

Al contemplar sus cabellos alborotados y su blanca piel a su diestra, Joaquín recordó la primera vez que vio a Ana en aquella capilla.

Habían pasado tres años desde aquella tarde en que, movido por un vacío existencial, Joaquín decidió buscar la única capilla de adoración permanente de Pucallpa.

Sabía de ella por sus contactos eclesiásticos, pero no sabía nada de su casi capellana.

Ana era la secretaria de la única parroquia que contaba con una capilla de adoración permanente al Santísimo, y Joaquín apareció una tarde.

Antes de ir, Joaquín llamó a la secretaría de la parroquia con un altanero timbre de voz, y encontró al otro lado de la línea un tono todavía más apático.

– Puede venir de tres a seis —respondió Ana por teléfono.

– Voy —contestó Joaquín.

La parroquia no quedaba cerca, pero tampoco era un viaje eterno.

Todo quedaba cerca en aquella ciudad del oriente del Perú, a orillas del río Ucayali.

En la zona del puerto Callao se encontraba la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes y su capilla.

Como a las cuatro de la tarde, Joaquín se apersonó y vio por vez primera a la mujer que hoy dormía a su costado, mientras formaba en su vientre el fruto de su amor.

Al entrar Joaquín, Ana ni se inmutó.

Joaquín, en cambio, al verla ahí sentada detrás del escritorio, solemne, hermosa y callada, esbozó una sonrisa de oreja a oreja y saludó.

– Hola, hablamos por teléfono hace una hora. Te pregunté por la capilla —dijo Joaquín.

Sin alzar más que un cuarto la mirada, Ana estiró el índice izquierdo y señaló la capilla.

– Ahí es —dijo con absoluta indiferencia.

De ahí a las noches de pasión, los besos desenfrenados y las confesiones de madrugada pasarían un par de años; pero aquel fue el primero de muchos encuentros.

Ana no lo recordaba.

Para ella, Joaquín era un tipo que vio alguna vez en una procesión o en una reunión vicarial; en resumen, un perfecto desconocido.

En los recuerdos de Ana, el primer encuentro real con Joaquín se dio un año y medio después, en la casa de Lucía.

Ana viajaba recurrentemente a Lima por chequeos médicos, y Lucía, excuñada de la infancia que vivía ahí, siempre le brindaba un espacio.

Curiosamente, Lucía era la mejor amiga de Joaquín desde hacía más de veinte años.

En realidad, Lucía había sido la primera obsesión de Joaquín: uno de aquellos primeros amores de los que se sale al borde de la muerte por la intensidad hormonal de la edad.

De aquella época, Lucía y Joaquín habían salido diez años atrás y habían logrado construir una amistad.

Por azares de fortuna, Joaquín se encontraba en Lima en aquella temporada y coordinó con Lucía ir a visitarla para charlar.

– Joaco, baja pues; pero estoy con invitadas en casa, ¿normal? —preguntó Lucía.

– Si a tus invitadas no les incomoda, a mí tampoco —respondió Joaquín.

Así, el encuentro se programó para aquella misma tarde.

“¡Bendita la llamada y la tarde en que fui a la casa de Lucía!”, pensaba Joaquín mientras veía a Ana hacer pequeñas muecas dormida.

Al subir los tres pisos de escaleras con paredes blancas empolvadas y cruzar el umbral de aquella puerta metálica negra con vidrios catedral, Joaquín se encontró con Ana, Luz —mamá de Ana— y Lucía.

– Yo a ti te conozco —se dijo Joaquín para sus adentros.

Con una sonrisa, Joaquín saludó a todas las presentes y tomó asiento en un peldaño de cemento que había al ingreso de la cocina.

– Yo te conozco —dijo Luz, extrañando a Joaquín— tú eres el que riñó a los padres en la última asamblea vicarial.

Joaquín no sabía dónde, ni de qué color, poner la cara ante semejante acusación.

¿Estaba entrando con una jugada de expulsión? Había que esperar a que el VAR se pronunciara y determinara si iba a ser expulsado en el mismo minuto en que ingresó al partido.

Dibujó una sonrisa nerviosa para Luz y afirmó con la cabeza que sí: se trataba del mismo tipo que, unos meses antes, había hablado duro a los sacerdotes de todo el vicariato.

– Me parece bien, hijo. A veces alguien tiene que decir las cosas —sentenció Luz.

Las palabras de aquella mujer de mediana estatura, piel bronceada, cabellos oscuros y ondulados, mirada determinada y sonrisa natural se sintieron como agua en el desierto.

– ¡Gol, carajo, gol! —volvió a decirse Joaquín.

La conversación avanzó desde ese momento por un tobogán sin mayores obstáculos.

Luz habló de todo. Joaquín estaba sorprendido. Ana sonreía y completaba de vez en cuando las anécdotas de su mamá.

Lucía contemplaba de lejos cómo fluía ese momento.

La verdad es que no le sorprendía: ella sabía del verbo florido de su invitada y de la capacidad de Joaquín para hacer entrar en confianza a las personas hasta que hablaran, a veces, más de lo que esperaban.

En una hora, Luz y Ana habían compartido una biografía completa de ambas.

Aquella tampoco fue la vez en que todo empezó para Joaquín y Ana como pareja; aquel momento no fue el inicio de las interminables charlas telefónicas ni de los mimos y afectos.

No lo fue… no del todo. Pero, de alguna forma, sí lo fue.

Desde aquel encuentro en casa de Lucía, Joaquín se sumó a la fila de chicos que le escribían a Ana y que ella, con un arte propio de las guapas, bateaba sin despeinarse, sin sudar.

La unión de ellos no se dio sino hasta poco más de un año después, cuando, tras una epifanía que le reveló el orden de las cosas, Joaquín abordó a Ana como un corsario.

Con un murmullo sutil, Ana abrió los ojos y encontró a Joaquín contemplándola.

Aquella tibia hoguera, aquel guardián y aquellos brazos eran todo lo que Ana deseaba y todo lo que Joaquín quería.

Dos personas, dos historias que se cruzan en el guion de la vida y permanecen juntas por amor. Puedes llamarlo coincidencia, fantasía, destino.

Puedes llamarlo coincidencia, fantasía o destino; pero cuando uno llega a una capilla lleno de preguntas, conviene escuchar con atención: la Providencia también responde.

8 respuestas

  1. Que linda historia de Joaquín y Ana, recordar como es que se conocieron y ahora están formando su propia familia 🙂‍↔️
    Pdt: recién me entero que hay capilla en la iglesia de mi barrio

  2. Me sucedió y casi igual… Creo que la juventud en la iglesia a mí me marcó muchísimo. Encontrar después de muchos años, a esa personita especial.
    Pero déjame preguntar…. Xq Ana y Juaquin, porque justo los nombre de los abuelos de jeshuco?
    Que bonito volver a leer de tiempos tus relatos. XD

  3. Linda manera de escribir un libro que tendra muchas páginas. Sera siempre delicioso disfrutsr esta historia de la vida real; mirarla desde afuera y entender como es por dentro.

  4. A veces Dios te envía a lugares que uno no imagina y conoce gente clave en su vida. Imagina viajar a una ciudad que nunca supiste y conocer a alguien con el que ahora compartes tu vida! Son historias dignas de contar 🤗

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