Dice un viejo refrán que quien mucho se despide, poco se quiere ir. No es inusual que en una gran variedad de aspectos de la vida estemos regularmente despidiéndonos de lo que ya se fue o de lo que se debería ir.
Alguna vez tuve la oportunidad de trabajar junto a un metódico varón que guardaba una celosa relación de amor-odio con su jefe. Lo admiraba, admiraba su trayectoria, su disciplina y su estilo.
Este jefe era un hombre mayor, entrado en su último tercio y con un carácter nada fácil de comprender. Recuerdo que muchas veces, mi colega, tenía arranques de furia frente a una que otra solicitud del jefe.
– Esta vez sí renuncio ¡Me voy! -decía a viva voz en la oficina mi colega, cuando el jefe no estaba.
– Ya cállate oe’ -se escuchaba al fondo- tienes como ocho cartas de renuncia en tu escritorio -finalizaba.
La voz aguardientosa e hilarante era la de Carlitos, el alma de la oficina, el asistente personal del jefe, un hombre cuyo talento era conocer y entender a las personas para resolver cualquier necesidad del jefe.
Carlitos era de esas personas que parecía que no estaban haciendo nada más que cantar boleros o molestar a mi colega cada que pudiera, pero, jamás faltaba cuando se le necesitaba y nunca fallaba en la misión encomendada.
Y bueno, en efecto, mi colega había trabajado los últimos treinta o cuarenta años de su vida junto al jefe y desde que Carlitos lo conocía, ya había escrito al menos ocho veces su carta de renuncia.
¿Cuántas veces tienes que escribir la carta con la que renunciarás a un trabajo, a un equipo?
Obviamente desde la comodidad de tu cama, sillón o retrete donde estás leyendo esto, es muy fácil decir: “¡bah! ¡Qué sonso! ¡En una no más me voy!”, y claro, siempre es más fácil hablar desde afuera que dentro de la situación.
Mi colega era un hombre también entrado en sus años, esposo y sostén del hogar, padre y abuelo de una nieta que lo traía loco ¿Cómo financiaría todas las gollerías que tenía pensadas para ella?
Yo creo que la idea de renunciar le brindaba a mi colega perspectiva. Le brindaba la oportunidad de mirar cómo sería la vida sin esa presión o sin esos pedidos locos por parte del jefe.
La sola idea de no tener que trabajar más, de finalmente jubilarse, de vivir sin el jefe y sin el sueldo y sin la acción y sin los desafíos… la sola idea de verse en casa quieto, empezando el tramo final, lo hacía imprimir su carta de amor y archivarla junto a las previas.
Tantas veces le dijo adiós al jefe, al trabajo y hoy, muchos años después de que tuvimos que dejar ese lugar, aun conservamos el grupo de WhatsApp de la oficina donde aún nos comparte sus actividades el jefe.
Es una condición humana la indecisión y más aún cuando el objetivo no está claro o cuando la decisión a tomar simplemente no quieres tomarla.
Empieza entonces un nefasto vaivén, un camino sin progreso en el que se evita dar pasos en la dirección que la razón, la moral o el instinto piden por miedo a romper el status quo, a descubrir un mundo nuevo.
Hay exploradores emocionales que realmente llevan una valentía que no comprendo. Son unos kamikazes de lo desconocido. Se lanzan a descubrir mundos nuevos repletos de posibilidades y de riesgos.
¡Cómo se atreven! Simplemente es una ciencia oculta y peligrosa para mí.
Soy un especialista en decir mil veces adiós. Eso de dejar atrás las cosas, pasar la página, seguir adelante y no mirar para atrás es una materia que no me impartieron en la universidad de la vida.
Una gran amalgama, eso es lo que soy.
Llevo una temporada recibiendo consejos a diestra y siniestra que debo dejar algunos asuntos con nombre y apellido atrás, pero, no termino de entender ni el cómo ni el porqué.
La vida es una gran suma de experiencias, somos la suma de nuestro pasado ejerciendo nuestro libre albedrío en el presente para construir recuerdos y vivencias que apuntalen el misterioso futuro.
¿Cómo hacer para dejar atrás algo que pensaste estaría contigo para siempre? Reformulo ¿Cómo hacer para dejar atrás algo que definitivamente sabes que estará contigo por siempre, que hasta el último suspiro estará en ti?
Definitivamente es complicado, es un desafío porque, si bien es cierto que el pasado compone los muros del presente, el pasado no debería condicionarte a ver hacia adelante, que es por donde viene el presente.
Un carro tiene tres espejos para ver hacia atrás, pero, tiene todo el parabrisas para ver adelante. Manejar viendo los retrovisores más que el parabrisas no sólo es peligroso, es estúpido.
Avanzar en el tiempo mirando hacia atrás es más complicado, es más agotador, en resumen, es más inútil. Lamentablemente ni todo lo estúpido que suena y es vivir mirando atrás nos libra de esta situación.
Personas, amores y experiencias del pasado muchas veces las traemos al presente con una infinita serie de adioses.
“Es que tengo una última cosa que decirle” o sino “Es que quiero que sepa que ya le disculpé”. Sé que no soy el único, sé que somos muchos los que andamos ampliando el adiós con capítulos y versículos que nos sacamos de la manga.
Desafortunadamente tengo el don de redundar emocionalmente y andar dando botes, dando tantos argumentos para decir tantas veces adiós que no sé bien cómo vivir el famoso aquí y ahora.
Últimamente la frase más común que escucho con respecto a mi situación es: “Fluye”.
Si bien es cierto que soy un hombre de fe, soy también un hombre de ciencia y la física señala con claridad que la fluidez es una característica de los líquidos, no de los sólidos.
Fluir, fluir ¿Qué carajos es fluir? ¿Dejar que las cosas pasen a nuestro alrededor influyendo lo menos que se pueda como una roca en un río? ¿Eso es fluir?
¿Será que acaso en este mundo narcisista y alérgico al dolor, el fluir es una palabra para denominar las tres palabras que describen el amor moderno: Fugaz, Libre y con un plan para hUIR (FLUIR)?
Sé que soy bueno, sé que tengo dignidad y sé que soy un cuerpo sólido, compuesto por materia en estado sólido y los sólidos ¡No fluimos! Yo no sé qué les enseñan en los colegios, pero esta es la verdad.
En el mundo nos tenemos que bancar las cosas, como dicen en Argentina. Hay que bancarse las emociones, las respuestas, las preguntas ¡La viada!
Yo no sé fluir y no sé decir adiós.
Con 32 años, me siento un anciano en el alma. Seguramente cuando lea esto en unos diez o veinte años me reiré de mí mismo, pero hoy me siento así, me auto percibo así, soy trans-edad.
Mi corazón de anciano vive pensando en Dios y en qué tiene preparado para mi último aliento. Vivo preguntándole qué mano será la que sostendré en mi apocalipsis.
¿Será la mano de mi esposa, de un hijo, de un nieto, de una enfermera, un amigo o un compañero de celda? ¿Quién me acompañará o a quién acompañaré en esos momentos?
Definitivamente no sé ser un buen viejo. Buenos viejos… bueno, buenas viejas mis abuelitas. Ellas sí que saben ser viejas. Ambas son radicalmente opuestas, ambas viudas y ambas viven como están, donde están y sin pretender más que estar lo más felices que puedan.
No les afecta nada. Ojo, no soy ni ciego ni tonto, claro que hay cosas que les apenan y cosas que incluso la hacen llorar, pero no vuelven esas emociones (que son temporales) en sentimientos (que son permanentes).
Debería aprender de ellas a decir adiós. Ellas tuvieron que decirles adiós a sus esposos, a sus padres, hermanos, amigos, otros familiares.
Tuvieron que despedirse de sus ciudades, de su juventud y tienen que despedirse cada día de lo que fueron sus vidas y abrazar poco a poco la idea de que el final es inminente.
Yo sé que lo saben y ni si quiera eso las desalienta, ni siquiera eso les quita la alegría de vivir. No entiendo bien cómo lo hacen, pero, sé que debo aprenderlo cuanto antes.
He dicho tantas veces adiós y no he aprendido a despedirme bien, a agradecer, dejar atrás lo que pasa o está pasando y vivir con alegría el presente.
Esta inestabilidad del adiós ni si quiera me da la perspectiva que sus cartas de renuncia le daban a mi colega. Tengo tantas cartas de ‘renuncia’ a ella que simplemente no he aprendido a respetar y valorar el adiós.
Creo que aquí radican algunos puntos que debo reflexionar y empezar a aplicar esto que he descubierto casi con fe.
No tengo una razón o un sentido para hacerlo, pero si quiero llegar a tener la felicidad de mis abuelitas, sabias y santas mujeres a las que admiro.
Debo empezar a despedirme bien y dejar ya de decir tantas veces adiós.
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17 respuestas
😢😢😢😢
Un excelente ente relato amigo!!
Muy conmovedor
«He dicho tantas veces adiós y no he aprendido a despedirme bien…» 🥺
Existe una realidad detrás de estas palabras, a veces somos egoístas consigo mismos en aprender a soltar y no cargar con el pasado.
Muy emotivo tu relato Fer.
El término “flow” engloba una cascada de sensaciones que sentimos cuando nuestras capacidades y fortalezas fluyen de la mejor manera al realizar una actividad, llevándonos a un estado mental de máxima motivación. 🫶🏻
🥹 suele pasar, la palabra adiós es una palabra llena de muchas emociones y sentimientos, la. Cual aún nos cuesta trabajo escucharla 😞
Buen relato Fer!!
Y como cuesta y duele decir adiós
Fer, no hay poder entre el Cielo y la Tierra que se atreva a decir que no le pones emociones increíbles a los relatos que escribes, aunque esto se sintió más como una exhortación para nosotros y para ti mismo.
Excelente, A+, 5 estrellas en el taxi de las emociones. En resumen, la rompiste
Qué increíble escribes y qué sensibilidad, Polarcito, gracias a Dios soy de las primeras personas en saber de la magia de tu pluma.
Mi relato más personal, sin duda; me hizo llorar pensando en ti y en mí.
Lo chistoso es que adivinó en donde lo estaba leyendo xd
Maravilloso relato de lo que en algún momento nos pasó, despedirse de alguien o cerrar una etapa que fue muy linda y hace daño, es muy complicado, más identificada que nunca👏👏👏
Muy buena reflexión!
Yo vine a leer para el entretenimiento y el placer, y terminé deprimido, jajaja.
Me acordé un poco de los cuestionamientos internos de un Hemingway romántico en Adiós a las Armas.
Pienso que las personas que llegamos a conocer tienen un propósito, que luego tras haberse cumplido, tienden a retirarse de nuestras vidas. Es lo que intento recordar cuando siento que aquella persona sea hace más y más distante para mi; aunque en realidad, eso no evita que el adiós pese y cueste aceptar.
Me gustó el relato, muy reflexivo y retrospectivo
Me encantó!
Fernandito querido, siento tan real y cercana tu refleccion. Me parece estar mirando una pintura, una realidad que existe. Lo mejor para ti siempre.
Pues aveces es una decisión difícil de tomar pero necesaria.
Esta lectura en especial me causó mucha emoción leerla, siento que incluso para la mayoría se volvió algo personal. Sin duda alguna decir “Adiós” nos resulta algo muy doloroso y difícil de concretar. Gran relato Fer🫶🏼
Antes de despedirse, lo importante es haber disfrutado de ello y aceptar que solo uno decide si será eterno o no, el recuerdo o la persona en nuestras vidas, para no tener que volver a decir Adiós tantas veces o pensar en decirlo
Siempre dando en el clavo o mejor dicho, en la herida :”)